Historia viva | Ahora viene la ataraxia
Por Aldemaro Barrios Romero
22/07/2026.- El médico psiquiatra venezolano Erick Rodríguez, autor de una serie de ensayos sobre el comportamiento humano, evocó en una conferencia en el diario Ciudad Caracas la necesidad de un estado de ataraxia: un término poco común que define la serenidad mental y la ecuanimidad para liberarse de las perturbaciones generadas por fenómenos naturales como los terremotos, los cuales, además, en nuestro caso, son seguidos por un alud de mensajes morbosos alineados con la vocación terrorista de sectores políticos que lanzan un montón de escombros desinformativos politiqueros sobre la gestión del Estado venezolano.
Esta ausencia de perturbación que viene después de la tragedia cataclísmica que sufrimos y soportamos como duelo general todos los venezolanos se corresponde con el sentimiento cristiano de la resignación ante la pérdida de seres queridos. También con los valores éticos de la solidaridad y la dignidad del pueblo. A pesar de la desventura, los venezolanos nos encontramos unidos en un común sentimiento de superación y resistencia, y exigimos el cese de sujeción a quienes en el mundo se han empeñado en doblar el sufrimiento con medidas coercitivas que intentan hacer caer de rodillas a la sociedad venezolana.
Se trata de hacer gestión de la racionalidad emocional e integrarnos, cada quien, desde cada una de nuestra trinchera a la recuperación del país dolido de tristeza y apoyar la propuesta del renacer venezolano, a la que así ha llamado la presidenta Delcy Rodríguez, para volver al camino de Bolívar, al camino del diálogo y de la paz constructiva.
Los patriotas, luego del terremoto de marzo de 1812, se encontraban en los preparativos para dar la batalla contra los invasores de Domingo Monteverde, quien acechaba Valencia. El general Francisco de Miranda, ante la calamidad del terremoto y luego de su designación como jefe militar en el rango de generalísimo por parte del Congreso Constituyente, decretó la ley marcial e intentó reagrupar las fuerzas independentistas para superar la tragedia que destruyó parte de Caracas, La Guaira y Mérida, y a su vez marchar contra el ataque que desarrollaban los realistas desde Coro.
No es casual que los enemigos monárquicos aprovecharan el caos y las divergencias en el bando patriota. Desde luego, en el clima de desconcierto general provocado por la catástrofe, la Iglesia, obediente al rey, actuaba en la retaguardia cultural, señalando que aquel terremoto era "un castigo divino". El coronel Bolívar, que comandaba las tropas patriotas en Puerto Cabello, le escribió a Miranda en mayo de 1812 las siguientes palabras: "Yo me voy al instante a animar las tropas que están en La Cabrera. Yo he sacado estos pueblos del abatimiento en que estaban. Espero lograr lo mismo con las tropas". Era Bolívar convertido en nuestra ave fénix.
Tantas dificultades no permitieron que los patriotas superaran la desunión y actuaran en consecuencia, fortificando sus posiciones independentistas. Se trata de una lección aprendida por el pueblo venezolano que, ante la avalancha de afrentas y agravios sostenidos durante 26 años por los enemigos internos y externos de la patria, y ahora con el terremoto del 24 de junio de 2026, ha confrontado todas las adversidades con una estructura social unida a prueba de sismos y de desmedidas mentiras y patrañas como escombros de morbo.
Es tiempo de ataraxia, de que devuelvan a Maduro y a Cilia y de que cese la coerción y sujeción de nuestros recursos retenidos por órdenes inhumanas e injustas a la luz de la verdad mundial.
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