Caracas, 15 de julio 2026
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Historia viva | Terremotos mentales

Por Aldemaro Barrios Romero

15/07/2026.- El periodista venezolano Clodovaldo Hernández, en un análisis sobre las acciones de las redes mediáticas ante la tragedia del terremoto en Venezuela del 24 de junio de 2026, planteó una reflexión clave para entender por qué, de manera intencionada, se engaña, se oculta información y se privilegian otras matrices que apuntan a sostener la tesis del "Estado fallido". Al respecto, señaló:

... más de una década de asfixia económica; de medidas que redujeron de forma dramática los ingresos nacionales; más de diez años de parálisis obligada de las inversiones en infraestructura; un largo tiempo sin poder adquirir maquinarias y equipos que, en las actuales circunstancias, habrían ayudado de manera notable a las operaciones inmediatas de rescate.

Otros analistas, como Oscar Schemel, han abordado el tema desde la perspectiva de los efectos de la guerra cognitiva y sus impactos neutralizantes, los cuales se dispararon emocionalmente con una tragedia que, por su propia naturaleza, tiende a desajustar la vida cotidiana. Esto resulta un terreno fértil para intentar caotizar a la sociedad venezolana, con el fin último de derrumbar las estructuras políticas de la Revolución Bolivariana.

Esto quiere decir que contamos con suficiente información de carácter cualitativo que se contrapone a la avalancha desinformativa. También se han lanzado "salvavidas reflexivos" para explicar la realidad y, por lo tanto, poder actuar en consecuencia. Hoy en día, un objetivo táctico es retornar a la ruta planificada, sosegada y de estabilidad política a la que aspira la gran mayoría del pueblo venezolano. Además, contamos con una sociedad que en 27 años de Revolución ha logrado estructurarse orgánicamente —aun con sus debilidades—, demostrando una madurez capaz de dar respuesta a las emergencias humanas, tal como lo hemos visto.

Esa nueva forma de organización social —que corresponde evaluar desde las comunas, los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) y las redes orgánicas; es decir, un tejido social articulado con las instituciones del Estado— ¿ha sido y es el edificio nacional que ha soportado este otro "terremoto", una réplica cuya onda sísmica se extiende más allá de los sismos con 39 destructivos segundos de diferencia del trágico 24 de junio, y que ya venía arrastrando un proceso de desgaste desde hace más de una década?

Las pérdidas humanas producto de la catástrofe superan las 4 mil 500 personas a la fecha de esta publicación. Los daños materiales estimados por la ONU alcanzan los 6 mil 700 millones de dólares, con una proyección de reconstrucción en infraestructura que podría llegar a los 37 mil millones de dólares. Como dato comparativo, el presupuesto nacional estimado por el Gobierno Bolivariano y sancionado por la Asamblea Nacional para el ejercicio fiscal de 2026 fue de 19 mil 948 millones de dólares, con un 77,8% destinado a la inversión social.

Ese continuado terremoto económico y financiero desde 2013 ha intentado derrumbar las estructuras del proceso bolivariano a través de las medidas coercitivas unilaterales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea. Solo entre 2017 y 2024, las pérdidas nacionales alcanzaron una cifra promedio de entre 226 mil y 230 mil millones de dólares, según datos de la organización Global South Insights. A esto se suman las 31 toneladas de oro venezolano retenidas sin justificación legal en Gran Bretaña.

Al anterior panorama hay que añadir la cantidad inconmensurable de mensajes y acciones siniestras que han intentado sembrar en el imaginario del pueblo venezolano la matriz del "Estado fallido". A pesar de ello, el proceso bolivariano sigue su curso frente a las adversidades.

¿Cuál es el pronóstico favorable? Que, a pesar de la onda expansiva de este sismo financiero y económico de carácter cuantitativo, existe una placa tectónica humana, cualitativa y simbólica. Esta debe ser reforzada con información oportuna, real y contundente, además de acciones efectivas de gobierno, para seguir resistiendo el terremoto político al que nos enfrentamos. Y aunque en el bolivarianismo caigan "heridos de ego" valiosos camaradas en esta guerra irrestricta, los recordaremos cuando dentro de diez años hagamos un balance de lo ocurrido.