Retina | Las vacas no pueden equivocarse
Por Freddy Fernández
@filoyborde
13/07/2026.- La Tierra es plana, pero existe una alianza secreta y malvada de cientos de millones de personas, entre ellos todos los gobiernos, científicos, profesores, maestros, sacerdotes, pilotos aéreos y capitanes de barco, que nos han hecho creer que es una esfera que orbita una estrella.
Por disparatada que pueda parecer la idea de un secreto compartido por millones de seres, hoy podemos constatar que hay personas que creen que este disparate es verdad y lo promocionan, como también lo hacen con el tema de las vacunas, donde existe una perversa alianza secreta de millones de personas que inoculan mecanismos de control usando como excusa la inyección de una vacuna.
El efecto que producen estas teorías, que no solamente operan a escala global, sino que tienen sus usos nacionales y locales, es la ruptura del tejido común, de las nociones compartidas que permiten la convivencia entre seres humanos y entorpecen las posibilidades de diálogo porque no se habla desde un suelo común.
Las palabras enuncian sentidos diferentes para distintas personas y las premisas no coinciden. Las personas con formación pasan a ser cómplices de conspiraciones mundiales, parte de una élite que miente. Así, un defensor de la Tierra plana debate, en igualdad de condiciones, con un astrofísico que ha dedicado su vida al estudio del sistema solar. Es probable que se diga que el terraplanista ganó el debate porque tiene más “likes”.
A la ruptura del tejido conceptual aportado por la ciencia, la tecnología y la cultura, debemos sumar una peligrosa segmentación en el consumo de contenidos que hace, por el trabajo de los algoritmos, que las personas consoliden lo que piensan, independientemente de si es una idea falsa o errada, porque son permanentemente alimentados por esas mismas definiciones sin que tengan la posibilidad de contrastarlas con ideas que las contradigan.
Me recuerda un tramo de la Edad Media, cuando muy pocas personas sabían leer, y la Iglesia, mediante un lenguaje muy audiovisual, imponía su poder a través del miedo a perder la vida, perder la descendencia o perder las propiedades. La consecuencia directa fue la hoguera para millones de personas acusadas de herejía o brujería, cuyas propiedades pasaron a manos de dicha institución religiosa.
Dada la repetición fascista que ejerce el algoritmo, hoy puede ser más contundente aquella frase de una canción de Facundo Cabral: “Come yerba; millones de vacas no pueden equivocarse”.
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