Caracas, 11 de julio 2026
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La locura y las letras | La triplete tragedia de Venezuela en el 2026

Por Humberto Castillo Gallegos

11/07/2026.- El 3 de enero de 2026, no obstante las continuas y crecientes amenazas de Donald Trump contra Venezuela, el país fue sorprendido por un brutal ataque militar en la madrugada. Este hecho dejó un saldo de más de cien muertos y numerosos heridos, además de daños estructurales en distintas instalaciones de la ciudad de Caracas y del estado La Guaira. Ese día se ejecutó el secuestro y sometimiento a prisión del presidente constitucional de Venezuela en ejercicio pleno de sus funciones, Nicolás Maduro Moros, y de su esposa, la diputada Cilia Flores. Ambos se encuentran actualmente prisioneros en Estados Unidos en condiciones judiciales y personales poco claras. Esto representa una flagrante violación del derecho internacional público, el cual regula las relaciones entre los Estados para solventar controversias dentro del marco de la convivencia pacífica.

Sumado a lo anterior, el 24 de junio del presente año, dos fuertes terremotos consecutivos sacudieron al país, ocasionando numerosos destrozos en distintos estados, sobre todo en La Guaira. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés), estos eventos constituyen un fenómeno poco común conocido como "doblete sísmico". Se caracteriza por dos sismos de magnitudes similares (7,2 y 7,5) con pocos segundos de diferencia, lo que a menudo genera más daños que uno solo de menor duración. El suceso provocó una serie de sacudidas continuas en la corteza terrestre que duró aproximadamente dos minutos, con consecuencias devastadoras: pérdidas de vidas humanas, destrucción de elementos y el derrumbe total de edificios, principalmente en el estado La Guaira.

A propósito de estos dos terribles seísmos, han surgido versiones creíbles de que fueron ocasionados por una potente arma tectónica diseñada en Estados Unidos. Sin embargo, aquí nos limitaremos a plantear la versión geotécnica: el desplazamiento de placas tectónicas en la corteza terrestre que liberó grandes cantidades de energía y desencadenó los sismos. Por otra parte, y no menos importante, se encuentran los efectos emocionales, psicológicos y fisiológicos derivados de los dos terremotos de similar magnitud, aun si no hubiesen provocado daños materiales relevantes o lesiones físicas en las personas.

Empezaré por el efecto psicológico más visible: el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Esta alteración pone en alerta los haces neuronales de "lucha-huida" en el sistema nervioso a fin de protegerse de un peligro que se vive en forma perturbadora e inminente. Para lograrlo, el organismo libera ciertas hormonas e incrementa el estado de vigilancia, aumentando la presión arterial, la frecuencia cardíaca y la respiración. Esto llega a traducirse en la aparición de ciertos trastornos ulteriores como las reviviscencias o sucesos que le recuerdan a la persona el trauma y le hacen sentir ese miedo de nuevo. Por ejemplo, un viento fuerte que ocasiona ciertos sonidos puede revivirse como un temblor. No obstante, la exposición a tales eventos, al no tener consecuencias reales, contribuye a que el individuo pierda el temor frente al trauma original.

También son comunes las pesadillas, pensamientos terroríficos o los conocidos flashbacks (sentir como si estuviera ocurriendo otra vez el evento traumático). Asimismo, aparece lo que se ha denominado sismofobia —muy relacionada con las manifestaciones descritas—, la cual se acompaña de hipervigilancia sistemática, hiperventilación e insomnio. Esto genera un estado de alerta recurrente frente a cualquier ruido o movimiento inusual. A esto se suma un término que no se encuentra reseñado en la psicología clínica, pero que yo denominaría "sismoadicción": la búsqueda constante de información sobre terremotos para calmar la ansiedad y la atención permanente ante las réplicas y ante lo que se conoce como "el fantasma de las réplicas".

Lo anterior tiene que ver con el papel que fisiológicamente juegan el cerebelo y el sistema vestibular para hacer que ciertos estímulos y sonidos generen respuestas de alarma inmediata. Estas activan el haz neuronal de la respuesta de lucha-huida en el sistema nervioso para emitir la conducta que se considere más apropiada según las circunstancias que la desencadenan. Este efecto puede durar varios días después de concluido el seísmo.

Cuando se perciben señales de alerta por temblor, se recomienda:

- Mantener la calma: Actuar con rapidez, pero con serenidad, para protegerse de forma efectiva.

- Identificar rutas de evacuación: Ubicar rápidamente las zonas de seguridad o lugares abiertos.

- Alejarse de peligros: Mantenerse a distancia de objetos o estructuras que puedan caer.

- Evitar el uso de ascensores.

- Seguir instrucciones: Una vez bajo resguardo, seguir las indicaciones de Protección Civil.

- En caso de quedar atrapado: Tratar de ubicarse debajo de una mesa u otro mobiliario resistente que sirva de protección contra desprendimientos de paredes o de la estructura del inmueble. Si se tiene un dispositivo tecnológico a la mano, activarlo para facilitar la localización por parte de los equipos de rescate.

- Gestionar la espera: Es necesario practicar ejercicios de respiración pausada, buscar dotación de agua y esperar ayuda emitiendo sonidos con objetos para que las brigadas de rescate puedan ubicar el sitio del siniestro.

En estas circunstancias, es vital poner la fe en la vida, tal como lo hizo la niña Fabiana, con su bella sonrisa al momento de ser rescatada de los escombros sana y salva. Este es el mejor aliciente que tenemos los venezolanos para recuperarnos de esta tragedia.