Caracas, 13 de julio 2026
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Letra desatada | La verdad de mi algoritmo

Por Mercedes Chacín Díaz 


Empezando el siglo XXI participé en la reingeniería del diario Ultimas Noticias, realizada con asesoría de un grupo de comunicadores españoles. Entre las decenas de asuntos editoriales me llamó la atención que afirmaran que la fuente más importante es la gubernamental. Decía el asesor algo que ya sabíamos. La conexión del interés humano con el periodismo. ¿Y quien toma más decisiones que tengan que ver con la gente? Pues los gobiernos. 

Luego participé en la fundación de Ciudad CCS, donde la conexión con los artífices de la revolución bolivariana era primordial, dándole sentido a la participación protagónica del pueblo. Antes, en 1999, el derecho a la información veraz fue letra constitucional.


Ya pasado el primer cuarto del Siglo XXI el periodismo digital vive el drama sin precedentes de las redes sociales. La verdad oficial no importa. Tenemos derecho es a la mentira. La verdad ya no se busca. O no se encuentra. Y mucho menos se difunde. Millones de megáfonos en las manos de las personas propagan mentiras, con tecnología usada para que los bulos lleguen rápido. Lo llaman algoritmo. 

En un grupo de wasap de cualquier urbanización de clase media caraqueña no tienen dudas de su verdad. No hay forma de que se enteren de otra versión porque no les interesa. “El gobierno chavista destruyó el país, son una banda de criminales, se robaron un trillón de dólares, la mayoría de los muertos son de los edificios de la Misión Vivienda” etc. El terremoto doble es un detalle donde el bloqueo económico no escucha ni como un rumor lejano. 

Paralelamente se divulga que las personas que están en los campamentos transitorios “son delincuentes y marginales”. Lo mismo de siempre. El razonamiento paga y se da el vuelto: como la mayoría de los edificios derrumbados son de los urbanismos de la Misión Vivienda, “donde metieron a los pobres”, pues esos son los que están pernoctando en los campamentos transitorios. La mentira se legitima, se refuerza. “Vienen a vivir aquí en mi linda urbanización, esa gente fea, esos mal vivientes ”. Todo es mentira.

Simultáneamente en un ejercicio de incoherencia involuntario hacen misas en los terrenos ahora vacíos e invocan a Dios para que los cuide. A ellos. 

Desde el golpe de tristeza del 5 de marzo de 2103 para acá las “pruebas” no han cesado. Pandemia, guarimbas, guerras económicas y cognitivas, intentos de magnicidio, bombardeo y dos terremotos. Esta ha sido la “prueba” más brutal porque bastaron 45 segundos para estremecernos de espanto. 

Los que viven en un paralelepípedo dicen que no nos levantaremos, que hace falta más que bloques, porque ellos son mejores y no están en el poder. ¿Mejores? ¿En qué? 

Veo y confío en quienes desde el 3 de enero nos acompañan y nos cuidan con alegría, inteligencia y confianza en el futuro. Veo a quienes pidieron la invasión desde hace años y son los mismos que en julio de 2026 solo ven destrucción y desesperanza. Yo tampoco dudo dónde está mi verdad. Lo que hace a nuestras verdades diferentes es que puedo sonreír con la mía. Ese es mi algoritmo. Sigamos.