Caracas, 29 de junio 2026
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San Juan vuelve a dar todo lo que tiene

El Centro Postal Caracas ahora es un espacio de acogida para cientos de familias

Personas de todas las edades conviven organizadamente en ese espacio de la avenida José Ángel Lamas.

29/06/26.- “Señora, señora, me puede regalar una leche”, me sorprenden una niña y sus hermanitas cuando me abordan en medio del estacionamiento del Centro Postal de Caracas, ubicado en la avenida José Ángel Lamas, de la parroquia San Juan, que cedió sus espacios para convertirse en un campamento transitorio para decenas de familias caraqueñas que perdieron sus viviendas tras el doblete sísmico que sorprendió al país el jueves 24 de junio, coincidiendo con la fecha cuando en las costas venezolanas se le hace honor al santo que todo lo tiene y todo lo da.

Me había acercado allí para llevar una contribución de comidas, medicinas, insumos médicos y de salud, ropa y zapatos, pensando que iba a hacer el aporte en un centro de acopio para las víctimas y me topé de golpe con las propias víctimas.

No me había dado cuenta de que entre las bolsas sobresalían los envases de la leche de larga duración que llevaba y las niñas me hicieron ver la importancia que tenía para ellas ese alimento.

En medio de las circunstancias hay lugar para la risa.

Antes de las niñas, y luego de entrar al recinto postal y no ubicar de primera mano el espacio destinado para hacer la entrega formal, le había preguntado a una señora que tenía a un bebé en sus brazos dónde podía hacer el aporte y la señora me respondió: “Déselos a las personas directamente”.

Hacer un poco más de lo que se puede

Desde la medianoche del 25 de junio, cuando a mi casa llegó la electricidad luego de los terremotos ocurridos cerca de las seis de la tarde, me puse en modo periodista y empecé a actualizar la página de Ciudad CCS con las informaciones más recientes, pues muchos compañeros también eran víctimas de los movimientos telúricos y no podían conectarse para hacer nuestra labor.

Desde ese momento no dejé de trabajar. Se siente como irresponsable y poco empático dormir, descansar, relajarse, mientras miles de personas están en la calle, sin nada, pues sus viviendas colapsaron en pocos segundos y tuvieron que correr para salvar su vida solo con lo que tenían puesto.

Pero, con la conciencia y la inquietud de que -más allá de cumplir mi función profesional- podía ayudar de otras formas a esos connacionales, me dispuse a buscar suéteres, cobijas, ropa y zapatos que pudieran ayudar a las víctimas.

A las familias las proveyeron con carpas para hacer más viable su estancia allí. 

Mis hijas, quienes están en el exterior y con el desespero y la impotencia que viven los migrantes ante estas circunstancias, asumieron que la única forma de ayudar era enviar algo de dinero y con eso me dispuse a adquir alimentos, sábanas, medicinas y otros productos que pudieran requerir las familias afectadas.

Cuando me despegué de la computadora, para hacer las compras, salí a la calle hacia la farmacia y mi primera sorpresa fue ver caravanas de carros, camionetas y motos cargados de cajas con alimentos, agua y otros productos para llevar a los centros de acopio. La segunda sorpresa fue conseguir la farmacia con las puertas cerradas y una cola para organizar el ingreso de las personas interesadas en adquirir insumos para donar a los damnificados y las damnificadas.

Luego fui a comprar unas sábanas, alimentos y otros insumos que pudieran necesitarse en esas circunstancias. Aunque no estaban entre los productos prioritarios, me dije que debía comprar también toallas sanitarias y húmedas para las mujeres y adolescentes.

Diversos organismos del Estado atienden a las familias.

Un espacio resiliente

Con las compras hechas y organizadas en bolsas me dirigí junto con mi mamá hasta el Centro Postal de Caracas, espacio que ya había visitado antes para hacer algunos trámites personales y siempre me habían recibido con mucha amabilidad y diligencia.

Pues, con esa misma actitud y resiliencia, ese lugar puso a disposición sus amplias intalaciones para recibir a decenas de familias de distintas partes de Caracas, no solo de zonas populares sino también de urbanizaciones de clase media, víctimas de los terremotos.

Las familias reciben permanente atención a su salud.

En este campamento transitorio del oeste de la ciudad personas de todas las edades son atendidas por distintos entes: Protección Civil, policías, Milicia, personal del Ministerio de la Salud y del poder popular. Allí tienen organizados unos espacios para descansar, otros para el aseo y satisfacer demás necesidades personales, otros donde hay carpas para la atención de la salud, llevar la información y actualizar el censo de quienes alllí permanecen. También hay lugares despejados donde los niños juegan y reciben la atención de recreadores y recreadoras.

Los infantes tiene garantizados los juegos y la recreación.

"Entréguelo usted misma"

Como dije, no me había dado cuenta de que entre las bolsas que llevaba sobresalían las leches de larga duración y me abordaron las hermanitas para preguntarme si les podía dar una. Tras saber que podía hacer la entrega directa, se la di y me dispuse a ubicar familias con bebés para darles los pañales desechables y las compotas. Una miliciana me ayudó a encontrar a un abuelito en silla de ruedas y con cara triste que necesitaba pañales de adultos. Además de la comida, también fueron muy bien recibidas las sábanas, los paños, las medias y otros productos.

Mientras entregaba las cosas y compartía con las personas, permanentemente iban llegando otras con comida caliente preparada, diversas bebidas y hasta postres; Pero, lo que más me sorprendió, es que, en medio de la adversidad, la sorpresa y la incertidumbre del momento y de no saber hasta cuándo van a estar allí, las personas manifiestan en su rostro y en sus palabras tranquilidad por la atención que allí reciben y por la certeza de que las autoridades les van a dar respuesta.

Luego del contacto directo con las familias, ahora sí, me dirigí al centro de acopio a entregar el resto de los insumos…

FRANCIS ZAMBRANO ESPINOZA / FOTOGRAFÍA: JACOBO MÉNDEZ / CIUDAD CCS