Plaza Morelos | La solidaridad como vocación
Por Ismael Hernández
29/06/2026.- El terremoto del 24 de junio en Venezuela ha provocado una gran destrucción, cientos de víctimas mortales, miles de heridos y damnificados y pérdidas materiales incuantificables. La magnitud de la desgracia, la urgencia de salvar vidas y socorrer a quienes perdieron todo, han activado la solidaridad de varios países, más allá de tendencias o colores políticos. En un mundo convulsionado por conflictos atroces entre naciones y polarizaciones conflictivas dentro de muchos países, la tragedia de Venezuela ha despertado los sentimientos de solidaridad y humanidad tanto dentro como fuera del país.
Junto a El Salvador, Argentina, Colombia, Ecuador, España y muchos otros países, México ha extendido su mano y ofrecido su ayuda a Venezuela en esta hora crítica. Para México, la solidaridad internacional es una vocación que nace de nuestra propia historia. A lo largo de los siglos, México ha sufrido diversas catástrofes naturales, pero ninguna lo ha marcado tanto como el terremoto del 19 de septiembre de 1985. Ese día, a las 7:19 de la mañana, un sismo de 8.1 grados devastó la Ciudad de México. La población tomó en sus manos la mayor parte de la tarea de rescate de la gente atrapada en los escombros, lo cual se ha convertido en una tradición, en una memoria colectiva que se despierta ante cada nuevo sismo y asombra a los extranjeros, pues, ante un temblor, los mexicanos no se alejan de los edificios recién derrumbados, sino que se acercan para empezar a buscar a las víctimas y en pocos minutos se congrega una multitud que, como hormigas, remueve las piedras, tal como se manifestó de nuevo en el sismo del 19 de septiembre de 2017. La solidaridad de la población fue la clave para superar ese momento trágico.
Naturalmente, en cada desastre, pero particularmente en el sismo de 1985, México recibió auxilio de diversos países, hecho por el que guardarán siempre la mayor gratitud. Así, la propia experiencia del desastre y de la población que se salvó a sí misma ha llevado a ese país a desarrollar una vigorosa labor de ayuda humanitaria en el extranjero, no desde la conmiseración ni desde la caridad, sino desde la hermandad, la solidaridad y la empatía. No se trata de una relación vertical, sino horizontal, pues esto es evidente y tenemos plena conciencia de ello; nuestro país es tanto oferente como receptor de ayuda humanitaria. Ante los grandes problemas globales de nuestro tiempo, ningún país se basta a sí mismo; por eso es necesario que todas las naciones asumamos con humildad que dependemos unas de otras y que un día nos toca dar ayuda humanitaria y otro día nos toca recibirla.
En los días posteriores al terremoto de 1985, un grupo de voluntarios realizaba audaces rescates cavando túneles en las estructuras colapsadas, razón por la que la gente los apodó “los Topos”, nombre que ellos asumieron con orgullo. Pasada la emergencia, pensaron que no podía dejarse perder la experiencia ganada y que en el país y otras partes del mundo eran necesarios equipos especializados de rescate en estructuras colapsadas; así fue que decidieron profesionalizarse e institucionalizarse como asociación civil. Hoy, los Topos son una brigada altamente capacitada formada por voluntarios, cuentan con alto prestigio mundial y son un símbolo de solidaridad internacional que ha actuado en tragedias como el tsunami de Indonesia en 2004, en el terremoto de Haití de 2010 y el de Japón de 2011.
De manera oficial, el Gobierno de México ofrece ayuda humanitaria en casos de desastres desde diversas dependencias; entre ellas destaca la Secretaría de la Defensa Nacional, con el llamado Plan DN III, destinado al auxilio de la población civil en casos de desastre; su primera aplicación internacional fue en 1972 en Nicaragua luego del terremoto que afectó a Managua. Desde entonces, el Plan DN III ha sido aplicado por las Fuerzas Armadas mexicanas en múltiples ocasiones, como el huracán Katrina en Estados Unidos en 2005 o el gran sismo en Turquía en 2023. El plan incluye la acción de células de búsqueda y rescate urbano, células de sanidad compuestas por médicos y enfermeros, células de intendencia consistentes en la instalación de cocinas comunitarias, plantas potabilizadoras de agua y el establecimiento de puentes aéreos.
Las primeras horas del 26 de junio llegaron a la base aérea Libertador, en Maracay, dos aviones que transportaban un agrupamiento de 261 efectivos de las Fuerzas Armadas de México, que cuenta con médicos, camilleros, enfermeros, cocineros y personal especializado en búsqueda y rescate. Por la noche del mismo día 26 arribaron a Venezuela los Topos. Venezuela y todos los países del mundo contarán siempre con la solidaridad del pueblo y el Gobierno de México para afrontar todo tipo de desastres naturales.
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