Caracas, 24 de junio 2026
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Al derecho y al revés | El Mundial de internet

Por Domingo Alberto Rangel

24/06/2026.- Los ingenuos, que siempre abundan y con quienes muchas veces coincidimos, creen que el deporte y la política son como el agua y el aceite. No siempre es así y a los hechos me remito.

A este Mundial tan extraño —al punto de que tiene tres países sede— se han sumado tras bambalinas los grandes adversarios de estos tiempos, es decir, globalistas contra nacionalistas. El escenario es el torneo deportivo más lucrativo del planeta, aunque la entidad que lo organiza, la FIFA, está registrada en Suiza como "organización sin fines de lucro". Qué buena máscara para esconder una organización que tiene como miembros más de ciento cincuenta national chapters o federaciones nacionales y que al año gana más dinero que la Coca-Cola.

Ciertamente, el fútbol soccer —como lo llaman los estadounidenses— tiene más adeptos que cualquier religión y los hay para todos los gustos.

Desde los socios de un club de primera división que hinchan por el equipo de la ciudad donde nacieron y viven hasta los fondos de inversión de hoy, legítimos herederos de la rapacidad de los llamados "fondos buitre".

Desde fanáticos que se reúnen frente a la pantalla del televisor hasta malandros que, bajo el pretexto de acompañar a sus oncenas, van cometiendo desmanes por el camino.

Curiosamente, el que se enfrenta por primera vez a la FIFA es el presidente yanqui —quien no hace causa común con las hermanitas de la caridad—, por lo que busca cómo sacar "algo" de cada confrontación.

La FIFA tiene el mejor negocio del planeta al poner a países y ciudades a pelearse por ser sede del Mundial. En dichas peleas se gastan millones en promoción y sobornos, tal como se vio en la anterior administración del mal recordado Blatter.

También obliga a las ciudades a gastar en los estadios, mejorar aeropuertos, hoteles y carreteras, todo bajo la justificación de que "entrará mucho más dinero que el invertido"... lo cual en estos tiempos tampoco es tanto.

Sin embargo, en estas reflexiones se me olvidaba que el dineral que generan los juegos no está en la costosa boletería que permite el acceso a los juegos. Está en la lucha que han llevado los medios tradicionales: radio, televisión abierta y de cable —perdedores según las evidencias—, contra el streaming. En tiempo real, este último es el que permite que se ensanchen los estadios —que a lo sumo pueden albergar a cien mil seres humanos— hasta llegar a audiencias certificadas de más de 1 mil 400 millones, como sucedió en el campeonato pasado de Catar.

Esos son los verdaderos espectadores. Los que ingresan a los estadios son solo parte del decorado.

Este Mundial, según el presupuesto de la FIFA, generará cerca de los nueve mil millones de dólares, de los cuales solo en derechos de trasmisión salen 3 mil 900 millones de la misma moneda.

¿Y los países?

México a lo sumo se embolsillará tres mil millones de dólares, pero en el caso de los países sede, a esta suma hay que rebajarle lo gastado en remodelaciones y mejoras, y también en los sobornos que, como es de entender, no aparecen en los libros de contabilidad.

Donald Trump, a quien ya mencioné, le puso tantas objeciones a la FIFA que tuvieron que otorgarle un "premio a la paz" como compensación al increíble galardón con que el Comité Nobel premió a MCM por ser la "reina del bochinche y las guarimbas en Venezuela" y haber pedido que las tropas gringas invadieran su país.

La puja entre Donald e Infantino explica que los mejores estadios de Estados Unidos no se hayan utilizado para el fútbol soccer.

Esos estadios, que son para el fútbol americano o el beisbol —los deportes más populares en Estados Unidos—, tienen a su alrededor una pista para atletismo que sirve hasta para carreras de motos, pero entre Trump y los dueños de esos recintos erigieron un muro que ni la FIFA pudo saltar.

Así, el Mundial sigue y será fuente de esperanzas hasta el último ganador, de alegrías por cada gol y de negocios para la FIFA, que sabe repartir entre políticos y comunicadores.

Una vez concluido el Mundial, podremos asistir a una nueva comedia, a raíz de la demanda por daños y perjuicios de parte del exfutbolista y excandidato a presidente Michel Platini contra Infantino y la FIFA. ¡Dos captadores de sobornos peleándose entre sí!