Psicosoma | La vida es un fluir continuo
Por Rosa Anca
Si me domesticas, nos necesitaremos el uno al otro. Serás para mí único en el mundo (…) mi vida se llenará de sol; conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconderme bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música.
Antoine de Saint-Exupéry
El principito
La literatura es el lugar sagrado donde la palabra conserva todo su esplendor y fuerza vital.
Rafael Cadenas
02/06/2026.- La vida es un fluir continuo de saltos, cambios, disturbios y ritos que nunca cesan, ni siquiera con la desaparición física de maestros, culturas, amantes o libros. Todo se guarda en la memoria; así honramos a seres, objetos y momentos del pasado cuyas huellas, conscientes e inconscientes, se van hilando hasta salir a flote.
No podemos olvidar, a pesar de nosotros mismos, ya que el amor nos deja su impronta. ¡Qué delicado y responsable es compartir lecturas con bebés y pequeñines de maternal o preescolar, y, del mismo modo, con ancianos o enfermos terminales! Ellos escuchan y reflejan en sus rostros y miradas los pasajes que se van a eternizar. Esos instantes se quedan en las conversaciones cortas al terminar un mate o un té, en las largas citas en cafés, donde descubren nuevas palabras, o en las sesiones de cuentacuentos en cualquier sitio. Cómo recuerdo los "espacios no convencionales" en mi amada Venezuela, donde llevaba lecturas teatralizadas, poesía y danza a cárceles, hospitales psiquiátricos, maternidades, mercados, bancos, paradas de autobús y estaciones de metro. La literatura y la cocina eran pretextos creativos para compartir libros, como en Como agua para chocolate. Esas experiencias, junto a las veladas y amaneceres al lado de los diferentes seres con quienes interactuamos, son las que hacen posible la vida.
En momentos de vulnerabilidad o de apertura psíquica, ante pérdidas o acontecimientos agradables que nos desbordan, el contacto humano, una voz o una lectura puede transformar la experiencia. Un libro como El principito, de Antoine de Saint-Exupéry (1943), puede hacer del niño, del adulto, del solitario o del desesperado un ser más comprensivo y amante de la escucha vital. Nos brinda la posibilidad de vernos a nosotros mismos en cualquiera de los capítulos que recrea el autor francés, quien fue también piloto de correos durante la Segunda Guerra Mundial.
Nosotros, en los albores de lo que algunos ya vislumbran como una tercera guerra mundial, nos empeñamos en abrazar y abrir potencialidades a través del arte y, en especial, de la literatura. Gracias a los festivales de libros que el Sistema Moderno de Enseñanza (SME) promueve en Costa Rica, llevamos literatura infantil a las escuelas públicas. Esto se logra gracias a personajes quijotescos como don Willy y Renato Azofeifa, quienes impulsan la lectura y el amor a los libros entre docentes, representantes y padres de familia.
En abril, mes del libro y la lectura, visitamos las escuelas Bajos de Praga y Finca Capri; en mayo, estuvimos en la Ciudadela de Pavas. Allí, las niñas y los niños se atreven a preguntar con curiosidad todo lo que se les ocurre. Gozamos con la energía de esa infancia en plena ebullición, una vitalidad similar a la del niño de cabellos amarillos, el viajero de las estrellas que nunca se cansaba de interrogar al piloto y no cesaba hasta obtener una respuesta. Lo mismo ocurre en cada lectura, teatralización o cuentacuentos masivo en bibliotecas, patios, salones y comedores: el principal detonante es explorar la valiosa esencia de una niñez sana. Esto se manifiesta en su curiosidad y en preguntas que parten de palabras como "hibernar", "boas constrictoras", "amistad" o "amar", y de frases que maravillan: "Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer"; "Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante"; "Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos"; o "No era más que un zorro semejante a cien mil otros, pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo". Y, por supuesto, su secreto, que no puede ser más simple: "Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos". ¡Qué fortuna estar vivos y poder relatar el milagro de esa niñez ávida de lecturas, entregada a la escucha y al poder sanador de narrar entre alegrías y sueños!
Es inevitable crear lazos afectivos con los infantes, y resulta terrible cuando la rutina docente o familiar descuida la aventura de jugar leyendo o el misterio de dar vida a los libros, porque una vez que estos despiertan, jamás nos abandonan. El autor invoca y simboliza en el niño interior a ese ser humano que nunca debe olvidar que fue niño o niña, dueño de una curiosidad inherente que luego se condiciona al convertirse en un adulto meramente funcional y orientado al consumo. Así nos perdemos y olvidamos, cuando dejamos de reinventar la curiosidad para ser solo el adulto aburrido que nos recalca el autor de El principito. No nos debemos dar por vencidos mientras las palabras existan. Vayamos con la niñez a "asaltar el cielo".
Los espacios escolares poseen una fuerza vital que nos predispone a seguir amando con esperanza y a cultivar el lado espiritual mediante acciones prácticas orientadas al bien común. Contamos con grandes adelantos tecnológicos, pero si los teléfonos celulares y la inteligencia artificial (IA) no se guían o regulan, se convierten en armas que transforman al ser humano en un simple consumidor adaptado, sin la posibilidad de recrearse controlando esos medios. Las lecturas grupales e individuales posibilitan el encuentro, la solidaridad, la compañía y el intercambio de angustias y sueños. También permiten crear con palabras nuevas que los niños escuchan por primera vez, lo que genera curiosidad por su origen, su etimología y sus familias léxicas. Nos invitan a jugar con el lenguaje al notar sus matices, ritmos y cadencias, y a comprender por qué algunos textos suenan distintos en la voz del autor o en la de los lectores. Construir cuentos, poemas, ensayos o artículos es todo un proceso que requiere amor por la palabra. Como bien dice mi profesor, el gran poeta Rafael Cadenas:
Cada palabra es una responsabilidad física y moral; cada palabra debe llevar lo que dice. El lenguaje es inseparable del espíritu humano, de la democracia y del pensamiento crítico. Quien no domina su lengua se vuelve presa de embaucadores, quedando indefenso ante la mentira política y los discursos manipuladores.
Así pues, celebremos el día a día con sus noches leyendo todo: desde el rostro humano y las páginas del cuerpo de un árbol hasta las líneas de un libro y las estrellas. Que ese cielo de mayo nos cobije con sus aguas mientras intentamos percibir el saludo de esa estrella amada: "Hola, estoy aquí".
Etiquetas
Compartir















