ESPECIAL| Con la guerra ¿en pausa?, Irán resiste e impone condiciones

En un conflicto que no se parece a ninguno anterior, EEUU sufre una impotencia histórica

Siempre tuvo las de perder, y puede ser derrotada, aun así de facto Irán ganó la primera fase de la guerra.

 

14/04/26.- La banda criminal de Mar-a-Lago, sus think tanks y toda la capilaridad institucional de EEUU al servicio del sionismo, termina de enterarse que erraron el cálculo.

En una nueva aventura genocida que vendieron al mandamás de la Casa Blanca como un paseo de fin semana, se consiguieron con la resistencia indomable de la República Islámica de Irán, sus fuerzas armadas y pueblo, resueltos a prevalecer.

La doctrina de Conmoción y Pavor (Shock and Awe) para alcanzar Dominio Rápido (Rapid Dominance) mediante un azote aéreo abrumador, efectiva en anteriores incursiones estadounidenses en la región, no logró el resultado esperado ante una nación persa preparada y decidida.

Con una masacre de niñas escolares comenzó la cruzada anglosionista, presentada bajo preceptos bíblicos y proféticos.

 

La Furia Épica (Epic Fury) se ensañó contra una escuela primaria de niñas en los primeros instantes de la guerra, un ataque incalificable perpetrado con misiles de crucero Tomahawk que ocurrió en simultáneo al martirio del líder Alí Jamenei la mañana del 28 de febrero.

El primero, en horario de clases y en dos oleadas, cobró la vida, según cifras de UNICEF, de al menos 168 personas, la mayoría infantes de entre 7 y 12 años; el magnicidio del ayatolá, líder supremo de Irán durante casi 37 años, también conmocionó al país, mas no logró paralizar su voluntad de lucha.

La agresión unilateral —no provocada— desató una contraofensiva iraní que ningún estratega en Washington ni sus despachos de Inteligencia fueron capaces de prever en su alcance, potencia y características.

Retaliación asimétrica a escala regional

El mundo observó asombrado como en cuestión de minutos inició la represalia persa dirigiendo sincronizadamente cientos de misiles y drones hacia una combinación de centros urbanos en Israel y bases militares estadounidenses en el Golfo Pérsico.

En horas de la mañana del 28 de febrero, los sistemas de armas de Irán evadieron la Cúpula de Hierro y lograron impactos certeros en el corazón del ente sionista: Jerusalén, Tel Aviv, Haifa y Beit Shemesh estuvieron bajo fuego.

Primera oleada iraní alcanzó la refinería de Haifa, el Instituto Weizmann de Ciencias y sedes de los servicios de inteligencia israelíes.

 

En otras siete direcciones —al mismo tiempo— ataques relámpago sistemáticos y escalonados con uso de enjambres y misilística compuesta, llegaron hasta Arabia Saudita, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Kuwait y Jordania.

Desde las salas situacionales del Pentágono —donde montan los war games con simulaciones de IA, proyecciones y escenarios— expertos y asesores debieron observar aturdidos como eran destrozadas sus bases aéreas, centros de operaciones y costosísimos radares, entre otros objetivos que incluyeron hasta tres embajadas gringas.

El bombardeo iraní contra el cuartel general de la Quinta Flota de la Marina de EEUU en Baréin fue el más emblemático de estos ataques. Misiles balísticos de precisión Qadr y Emad, junto con drones suicidas, destruyeron infraestructura clave de comunicaciones e inteligencia de señales, incluyendo dos terminales satelitales AN/GSC-52B y domos de radar.

“Es la primera vez que un pueblo agredido por la fuerza militar más importante de la historia se defiende atacando las bases militares y las inversiones de su adversario en el extranjero. Esta es una manera de hacer la guerra adaptada a la era de la globalización”, analiza el reconocido periodista e intelectual francés, Thierry Meyssan, que además sostiene este es un conflicto que no se parece a ninguno anterior, donde un país “considerado de mediana importancia podría imponerse frente a una fuerza monstruosa”.

39 días de atrición

La guerra sionista-estadounidense impuesta al pueblo iraní, se estrelló con un modelo de defensa planificado, aprestado y perfeccionado a lo largo de más de dos décadas.

En 2003, cuando un ataque aéreo masivo de tres semanas sobre Bagdad acabó con el mando militar centralizado de Irak, los estados mayores del país persa tomaron nota y se volcaron al estudio, diseño e implementación de un concepto asimétrico de la guerra adaptado a sus particularidades geográficas y de desarrollo científico-tecnológico.

El desafío para Irán fue construir una estructura militar disuasoria cuando carecía —y carece— de las capacidades aéreas del eje anglosionista. Además, en la medida de lo posible, debió ocultar el esfuerzo al ojo vigilante de los satélites estadounidenses de alta resolución.

Los acontecimientos —en pleno desarrollo— van demostrando que el cambio de paradigma en la forma de hacer la guerra funcionó efectivamente en la defensa de su país. En 39 días de combate de alta intensidad, puso en duda el poder de la superioridad militar convencional y arrinconó a los decisores de Washington que parecen no terminar de asimilar la naturaleza de la guerra asimétrica iraní y sus dimensiones económicas, políticas y sociales.

Desde rieles que apenas asoman a la boca de túneles enclavados en la profundidad montañosa, camiones y lanzaderas móviles, parten los letales drones kamikaze Shahed a lo ancho y largo del territorio. Con un coste de fabricación aproximado de 20 mil dólares son enfrentados por cuatro, cinco, ¡hasta ocho! misiles antiaéreos Patriot de 1,3 millones de dólares cada uno, con resultados diversos. La calculadora en el Pentágono revienta con más figuras cuando los baratos Shahed impactan sofisticados radares como el AN/FPS-132 destruido en la base gringa de Al Udeid, en Catar, cuyo costo de producción ronda los mil millones de dólares.

Los túneles iraníes a gran profundidad, fuera del alcance de la mayoría de sistemas de armas, se convirtieron en sus bases de despegue; y sus drones, misiles balísticos, de crucero e hipersónicos, en su fuerza aérea.

Dosificando la cadencia de fuego, machacando todos los días las competencias antiaéreas del enemigo en la región, Irán llevó el conflicto a un escenario de guerra de desgaste donde se mueve con soltura y descoloca e incomoda a sus contendientes.

Asentada sobre un acumulado misilístico de más de veinte años en permanente reproducción, con un centro de mando descentralizado en comandos provinciales autónomos (defensa mosaica/en profundidad) y un pueblo resiliente y cohesionado en resguardo de su soberanía, la maquinaria militar iraní logró la disuasión buscada sin necesidad de hacerse de armamento nuclear.

Almacenados en túneles secretos, los Shahed han sido herramienta clave en la estrategia de defensa de mosaico.

 

Administración de recursos

Entendiendo que el plano estratégico de la guerra pasa en buena parte por la gestión eficiente de los recursos logísticos, la ecuación de desgaste arroja saldo favorable a la nación islámica. Queda expuesto que la inmensa capacidad destructiva de EEUU e Israel no es sostenible en el tiempo. La inviabilidad de disparar infinitamente misiles Patriot para tumbar drones Shahed o lanzar interceptores THAAD de más de una decena de millones de dólares por unidad contra balísticos iraníes que cuestan una fracción, ha decidido la primera fase de la guerra.

Las señales de agotamiento en los almacenes gringos estuvieron desde la segunda semana del conflicto. Bajo la premisa de una incursión rápida, el Pentágono no escatimó al lanzar 5 mil 197 misiles de alta tecnología en las primeras 96 horas. Esto, según datos de Misión Verdad, representa un costo de reposición de entre 10 y 16 mil millones de dólares que la industria occidental ya no tiene capacidad física de fabricar.

Pasada la oleada masiva inicial, en lo sucesivo Teherán mantuvo un ritmo parejo y no mostró una ralentización significativa en su contraofensiva, cuando todo indica que la producción bélica sigue marchando a buen ritmo, al menos en lo que a drones respecta. Es innegable que buena parte de su complejo militar-industrial ha sido degradado en la agresión anglosionista, sin embargo, todos los reportes de inteligencia conocidos también dan cuenta de grandes volúmenes de misiles almacenados. En silos subterráneos repartidos por toda su geografía, los persas gradúan y diversifican los disparos, barajando entre antiguos lotes y armas hipersónicas de última generación.

Cuando al cálculo de la propia suficiencia iraní se sumó el estrangulamiento estratégico, sostenido e infranqueable del estrecho de Ormuz, se empezó a evidenciar en las últimas semanas de la guerra cómo el control de la escalada pasaba de manos. La República Islámica de Irán administró recursos eficientemente, resistió y, contra todo pronóstico, maneja ahora la iniciativa estratégica. Siempre tuvo las de perder, y puede ser derrotada, pero de facto está ganando la guerra.

Fracaso estratégico y negociaciones

Tras 39 días de enfrentamientos se consumó el fracaso estratégico de EEUU: no logró el derrocamiento de la Revolución Islámica ni la neutralización de su programa nuclear, tampoco el control efectivo del estrecho de Ormuz.

La soberanía iraní sobre la vía navegable es en esta coyuntura el punto más álgido para la Casa Blanca, que sufre una impotencia histórica. La desesperación de Donald Trump y su catarata de mensajes incendiarios así lo develan. Washington no puede permitir que Teherán convierta la ruta marítima en un cajero automático que ponga en jaque al petrodólar.

Se trata del control de un punto vital para la economía global que no tiene sustitución. En condiciones normales por allí transitaba alrededor del 20 % al 25 % del consumo mundial de líquidos derivados del petróleo y cerca del 34 % del comercio marítimo de crudo y fertilizantes; 40 % del suministro global de helio esencial para semiconductores; entre 50 y 70 % del azufre industrial; además de un volumen considerable de gas natural licuado.

Disparados los precios del petróleo, particularmente la gasolina en el país norteamericano (+21 % promedio en un solo mes), Trump buscó las negociaciones en la medida que su frente interno comenzó a darle indicios de alarma. Luces rojas desde el Pentágono con la destitución de 12 altos mandos, advertencias de las transnacionales petroleras, presiones del Congreso, el desplome de sus niveles de popularidad e incluso fracturas en el movimiento MAGA.

Trump tiene encima 3 momentos clave: reunión con Xi Jinping en Beijing (mayo); la Copa Mundial de Fútbol (junio) y las elecciones de mitad de mandato (noviembre).

 

Acordado un alto al fuego temporal el pasado martes 7 de abril luego de amenazas abiertas de crímenes de guerra e insultos sin precedentes por parte de un jefe de Estado, Irán se dispuso a participar en la mesa negociadora con “desconfianza total hacia la parte estadounidense”. Pocas horas después del anuncio, el estilo artero de los gringos salió a relucir otra vez cuando convalidaron la masacre israelí en el Líbano argumentando que la tregua no regía para el país árabe, dinamitando el acuerdo inicial.

Así y todo, las delegaciones se sentaron el sábado pasado en Islamabad, con Pakistán como principal mediador. A la par, la actividad de inteligencia estadounidense se intensificó con vuelos sobre el Golfo Pérsico, el Golfo de Omán y vigilancia satelital; se reforzó la agrupación naval y aumentó la presencia aérea. Durante el pleno de las conversaciones, los destructores USS Frank Peterson y USS Michael Murphy intentaron un desafiante acercamiento al estrecho de Ormuz. Irán notificó el incidente a su delegación que dio a EEUU 30 minutos para detener los buques, bajo amenaza de ataque. Tras la advertencia, los barcos dieron media vuelta y regresaron al Mar Arábigo. Todo indica se trató de Washington buscando un casus belli​.

Las deliberaciones se extendieron por casi 21 horas y se interrumpieron intempestivamente la tarde del domingo, sin alcanzar un acuerdo de paz. Según declaraciones de ambas partes, el punto de discordia fue la exigencia estadounidense de detener el enriquecimiento de uranio.

Lo que siguió fue una gira mediática de Donald Trump profiriendo más y más amenazas: volvió a asomar que las fuerzas armadas estadounidenses estaban listas para atacar infraestructura crítica en Irán, puentes y sistemas hídricos; y anunció el inicio de un cerco naval en el perímetro del estrecho de Ormuz para “bloquear cualquier buque que intente entrar o salir".

Ante amenaza a la infraestructura vital, el valiente pueblo iraní formó cadenas humanas y puso el cuerpo en su defensa.

 

La flota estadounidense interceptará los buques que se dirijan al estrecho o salgan de él, e inspeccionará aquellos que hayan pagado a Irán por el tránsito, explicó, en lo que supone un movimiento de pinza para evitar que Teherán cobre y Beijing reciba el suministro. Está por verse el alcance y la viabilidad de imponer este cerco al que, pese a lo informado por Trump, ningún país aliado sumó su apoyo militar.

El anuncio —cuando los mercados estaban cerrados— impactó nuevamente el precio global de los hidrocarburos que, según analistas, podría en los próximos días tocar el rango de 150 a 200 dólares por barril. Bastará un mensaje de desescalada por parte del presidente gringo para posicionar el petróleo nuevamente a la baja y, con un festival de posiciones de compra y venta en los mercados, Trump y sus amigos especialmente informados habrán amasado fortunas otra vez.

Tigre herido y peligro nuclear

Al ritmo de los acontecimientos, nada ni nadie señala que la tregua vaya a extenderse por dos semanas como fue planteada en un inicio. Por el contrario, la reanudación de la guerra parece inminente y el conflicto pudiera escalar a un momento más crítico.

"Cualquier error de cálculo o paso hostil en el estrecho arrastrará al enemigo a vórtices mortales", avisaron las fuerzas navales del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica.

Si Washington da el paso de bombardear infraestructura vital, Teherán está lista para asestar el mismo golpe en los 8 países que atacó el primer día de la guerra.

El esfuerzo de guerra persa es acompañado por la actuación de la cohetería de Hezbolá y los daños que infligen las milicias chiitas del Eje de la Resistencia.

 

Por los momentos, y pese a las bravuconadas del presidente de EEUU, la opción de una invasión territorial al país persa pareciera descartada. No puede permitirse una movilización forzosa de los jóvenes estadounidenses en un año electoral y mucho menos que estos regresen a casa en ataúdes.

Y es entonces cuando el peligro nuclear se vuelve a colar en el horizonte. El uso del arma atómica por la parte estadounidense o la israelí se convierte en una posibilidad real ante la incapacidad de cumplir sus objetivos con armas convencionales y en la medida en que Irán sigue resistiendo y golpeando con precisión.

El líder chino, Mao Zedong, describía al imperialismo estadounidense como un “tigre de papel”, argumentando que, aunque parecía poderoso y aterrador, era estratégicamente débil e incapaz de resistir la fuerza de las masas populares. La historia bélica le dio la razón en más de una oportunidad. Sin embargo, al cruce de la famosa expresión, le salió Nikita Jrushchov: “Demostró ser un tigre de papel, pero es uno con dientes nucleares”.

MATÍAS ABERG COBO / CIUDAD CCS


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