Punto y seguimos | La lectura profunda: el nuevo lujo del siglo XXI
14/04/2026.- La tecnología se ha masificado. Lo que hace pocas décadas suponía una enorme diferencia entre las clases dominantes y el público masivo, hoy no es tal. Los dispositivos inundan el mercado y, aunque también hay desigualdad en el tipo de tecnología al que pueden acceder unas y otras, lo real es que cada vez más personas poseen, por ejemplo, un teléfono y conexión a internet. Las generaciones más jóvenes nacen y crecen rodeadas de herramientas que las conectan más rápido al mundo digital/virtual que a los relacionamientos humanos directos. Bebés menores de un año son expuestos al uso de pantallas y desde edades muy tempranas son "entretenidos" con este tipo de tecnologías.
En ese contexto de masificación, sostienen algunos académicos —como la investigadora en comunicación Brooke Auxier, quien se ha dedicado a estudiar cómo la tecnología afecta el comportamiento humano, la privacidad y las brechas sociales— que la educación y el entretenimiento atravesados por pantallas empiezan a ser la norma en las clases populares. Mientras que para los hijos de las clases dominantes —incluyendo destacadamente a los de ejecutivos de empresas tecnológicas como Google o Apple— se eligen escuelas donde no se utilizan pantallas hasta el secundario. También se privilegia la educación personalizada, el relacionamiento social humano, libros físicos y ejercicios de lectura profunda, es decir, una educación que mantenga las habilidades cognitivas que facilitan el pensamiento crítico.
Mientras las mayorías pasan cada vez más tiempo frente a pantallas, usando aplicaciones basadas en algoritmos que reconfiguran la manera en que se piensa y se retiene la información, dando preeminencia al escaneo rápido y superficial de palabras e ideas, los privilegiados se refugian en la enseñanza de la lectura tradicional. Esta es una habilidad cognitiva que la humanidad lleva siglos desarrollando, puesto que requiere el reciclaje de circuitos neuronales, algo que el cerebro aprende a hacer; no es innato. Justamente, es esta una habilidad que resulta crítica para generar y fortalecer el pensamiento, la deducción y la concentración.
En una etapa de capitalismo avanzado, resulta que algo que la humanidad logró democratizar —la alfabetización— parece reconfigurarse para pasar a ser de nuevo un lujo y privilegio de los que más tienen. Nada como una masa ignorante, incapaz de razonar problemas, disociada de la realidad y con dificultades para relacionarse con sus pares fuera de la esfera virtual, para que las élites puedan seguir profundizando su esquema de enriquecimiento y control. Defender la escuela, los libros, la lectura y el encuentro humano es hoy más que nunca un acto de resistencia y rebeldía.
Mariel Carrillo García
