Caraqueñidad | Homenaje al cuatro

A ritmo de cuatro… y en cuatro

13/04/2026.- Sentirlo y tocarlo "es un acto de copulación del alma con el mundo".

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En estos turbulentos días iniciales de abril de 2026, ante tanta disonancia que desemboca en el eco de todos los sectores apuntando al sensible tema del aumento salarial, se nos antoja desafinada cualquier celebración, pero es imposible pasar por alto el Día Nacional del Cuatro. Este es un instrumento que ha resultado, desde su llegada al país en tiempos de la Colonia, el alma armoniosa de casi todos los ritmos que desnudan la identidad, la idiosincrasia, el folclore y las tradiciones venezolanas.

Basta de ruido entrópico: ¡que viva el cuatro y su significado! Charrasqueado, punteado o como sea su ejecución, es el átomo principal del joropo, el polo, el galerón, la gaita, el aguinaldo, el vals, el villancico, el merengue criollo, el calipso, la tonada y hasta la salsa. Si usted no lo cree, pregúntele a maestros músicos como don Gerardo Rosales (y su album Señor Tambó) o Joel "Pibo" Márquez, dos que tras bastidores lo ejecutan muy bien y usan ese "cajón" de madera con trastes, clavijas de afinación y cuatro cuerdas como base para muchas de sus composiciones y para completar arreglos que luego expresan a través de la percusión.

Para que algo suene a Venezuela puede tener arpa, maracas, tambores o cueros, pero si no tiene cuatro, le falta la esencia. No es de aquí. Punto.

Es inconmensurable precisar cuántas serenatas, compromisos amorosos o cumpleaños ha liderado con su sonido el cuatro. Desde el guataquero hasta el más sofisticado de sus ejecutantes nos han deleitado con esa mágica caja de sonido. Por eso, parece algo tardío —aunque sea bienvenida la designación— que el 9 de abril de 2013 haya sido declarado oficialmente como bien de interés cultural, después de cinco siglos alegrando tantas fiestas y almas nacionales. Sin embargo, como fiesta es fiesta, y aunque se oficializó desde 2024 que fuera el 4 de abril su día, lo celebramos ese y todos los días que se nos antoje. Así somos.

Entonces, aclarando: su día es cada 4 de abril, o sea, el cuarto día del cuarto mes calendario se celebra un instrumento de cuatro cuerdas. Todo en cuatro. El que, afinado, al repasar una a una sus cuerdas, suena "cambur pintón", pero que al revés dice "hipócrita". ¡Cuidado!

 

¿Autóctono?

El cuatro criollo es producto de una serie de mutaciones y evoluciones del instrumento original proveniente de Europa durante el proceso de colonización, donde el conquistador no solo introdujo e impuso sus modos, religión y costumbres, sino también sus celebraciones, música e instrumentos.

Es necesario un paréntesis para definir el vocablo "autóctono" para desmitificar el asunto y llamar a las cosas como son. Según los diccionarios, autóctono es aquel "originario del propio país en el que vive", término aplicado tanto a personas como a objetos. Complementando la definición, agregamos: "Los instrumentos musicales autóctonos son aquellos originarios de una región, que reflejan su identidad cultural y son construidos tradicionalmente con materiales naturales locales".

Aun así, la historia es clara al referirse al instrumento nacional venezolano: no es originario de acá. Viene de España, aunque, al parecer, tiene antecedentes asiáticos. Recientemente, en una tertulia etílica, el poeta, dramaturgo, profesor de artes y mi primo Rodolfo Porras hizo una magistral exposición sobre el tema, explicando que el cuatro venezolano tiene sus antecedentes en la guitarra renacentista española, también llamada vihuela. En esa amena conversación hablamos del laúd como uno de esos posibles parientes ancestrales del instrumento considerado la base de nuestra identidad musical.

A ello se une una investigación que indica que instrumentos similares aparecieron en antiguos grabados iraníes y en Egipto 3.000 años a. C. Se supone que existe un largo período de evolución cultural y específicamente musical hasta que aparecen indicios de una especie de guitarra, llamada renacentista, en la España del siglo XIV. Así llega a Venezuela un par de siglos más adelante en el complejo proceso de la Conquista. Unos dicen que entró por Coro y pronto se difundió por el occidente, con especial aceptación y desarrollo en zonas del actual estado Lara. Otros estudiosos aseveran que este mágico instrumento de cuatro cuerdas ingresó por oriente en forma de "guitarrita". Bendita y rítmica controversia.

Algunos especialistas indican que una referencia histórica clave en torno a la antigüedad y origen del cuatro es la acuarela Tocador de cuatro del pintor impresionista Camille Pissarro, obra supuestamente registrada entre 1852 y 1854.

 

Internacionalización

En 2019, el cuatro formó parte fundamental del ritmo fusionado entre jazz, pop y música clásica que terminó alzando el Latin Grammy de C4Trío, liderado por el ahora famoso Jorge Glem, joven cumanés que siguió los pasos de grandes maestros y creó su estilo propio al ejecutar el instrumento en los escenarios más prestigiosos de la música mundial.

Un año antes, Glem ya había ostentado el Grammy estadounidense. En 2014 ganó "El Silbón de Oro" y en 2015 el premio máximo en el festival "La Siembra del Cuatro", a los que suma varios premios Pepsi Music, siempre con el cuatro como bandera de fina ejecución.

Por momentos, lo de Glem nos proyecta en acertadas osadías e irreverencias rítmicas y, simultáneamente, nos pasea por la memoria reciente en referencia a grandes maestros como Eduardo Azuaje —de nombre artístico Jacinto Pérez, conocido como "el Rey del Cuatro"—, Leoncio Narvarte, Freddy Reina, Hernán Gamboa, "el Sembrador" Cheo Hurtado, Cecilia Todd, Rafael "el Pollo" Brito y otros tantos como don Luis Mariano Rivera, Simón Díaz, Gualberto Ibarreto e Iván Pérez Rossi. Por supuesto, se agradece siempre a quienes, al continuar la tradición, se atrevieron a innovar en la fabricación de tan divino instrumento. Sin duda, Pablo Canela y Pedro Pablo Aldana son los más famosos luthiers criollos, aunque, por buena fortuna, sus herederos se han multiplicado por toda nuestra geografía.

El patrimonio musical Fredy Reyna abrió las puertas al reconocimiento internacional del cuatro como instrumento de nuestra tradición. Desde 1957 fue galardonado en toda América y en muchos países de Europa por su obra y su siembra. En gran parte de esos reconocimientos, el cuatro fue su cómplice. Del mismo modo sucedió con Hernán Gamboa y otros artistas que llevan consigo esas cuatro cuerdas y su sonoridad para acompasar sus versos y cantos.

 

Hasta en videojuegos

Una curiosidad que nos demuestra el poder de penetración, expansión y gusto universal por lo que hoy es nuestro cuatro —ya sabemos que no es autóctono, pero en su evolución tiene forma, sonido y ritmo made in Venezuela— se evidencia en el siguiente dato que aparece en Wikipedia al consultar sobre el sonoro instrumento:

En 2012 la banda Sin Dirección se convirtió en el primer artista en colocar música folclórica venezolana en un videojuego mundial, al lograr incluir su canción ¡Ay!, una fusión de joropo con pop rock, en el popular videojuego Rock Band 3, producido por Harmonix Music Systems y MTV Games para la consola Xbox 360 de Microsoft, donde niños y personas de todo el mundo se divierten intentando tocar el cuatro venezolano.

 

Tocarlo y sentirlo

Creo que con ocasión del primer Cy Young del estelar lanzador zurdo merideño Johan Santana, la ceremonia oficial en la que el país entero le rindió honores al Gocho se hizo al compás de un frenético cuatro ejecutado por el profesor de Educación Física Gilberto Regalado. Él, luego de entonar el Himno del Deporte, le puso alegría al solemne momento. La música, acompañada de los improvisados cantos de los asistentes, allanó el salón y el discurso se volvió eso: música. Se humanizó con aquellos sonidos la rigidez protocolar y el acto fue una fiesta a ritmo de cuatro. ¡Qué vaina tan buena!

Por su parte, el poeta Luis Contreras, buen tocador de cuatro, asume no ser músico profesional.

Aunque desde los primeros años de mi vida me dediqué al culto de la música, como amante que soy de la misma y feliz destinatario de sus sanadores y gratificantes efluvios. Eso sí, entre amigos siempre cultivamos el canto de nuestras vernáculas coplas, de oriente a occidente y de sur a norte, de esta Tierra de Gracia tan pródiga y variada en rimas, ritmos y letras. Solamente podríamos definirlo con estas palabras: es un acto amoroso, una copulación del alma con el mundo; acto de amor consumado en la entrega. El alma se revela al cantar, contrapunteando el sentir al toque de ese maravilloso instrumento. Esa es la razón por la que un intérprete cierra los ojos al enunciar su balada: está sumido en el éxtasis, más allá de todo razonamiento.

Expone lo anterior casi transportado, con ganas de tocar y "echarse uno". ¡Salud, compadre!

 

Afinación

Con este breve recorrido musical a ritmo de cuatro, advertimos que si el país sigue disonante, cada ciudadano debería agarrar un cuatro y repasar libremente sus órdenes (cuarta, segunda, primera y tercera). Bien afinado, si vamos en el sentido correcto, sonará "cambur pintón"; pero si es al revés, ese diáfano instrumento cantará en tu oído: "hipócrita".

 

Luis Martín


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