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¿Del síndrome del emperador al síndrome del comprador arrepentido?
12/04/2026.- El síndrome del emperador fue planteado fundamentalmente para caracterizar las conductas tiránicas y agresivas de algunos niños en su interacción con otros de su misma edad.
También es apreciable en adultos y su origen se encuentra en un proceso de desarrollo y evolución de conductas tiránicas infantiles no tratadas. En estas personas se puede observar un egocentrismo extremo —lo que Erich Fromm describió como maligno—, nula tolerancia a la frustración, manipulación y agresión física o verbal. Aparecen con frecuencia actuaciones impunes y ausentes de toda empatía, así como comportamientos sin límites de cualquier naturaleza.
El síndrome del emperador no es un trastorno psicológico reconocido como tal en la literatura médica, pero sí ha sido descrito por especialistas de las ciencias de la conducta.
Muchos terapeutas del área de la psicología, por su parte, han estudiado el síndrome del comprador arrepentido. Tampoco es un desorden aceptado por las clasificaciones psicológicas y psiquiátricas actuales. Más bien es una especie de malestar psicológico derivado de lo que el especialista estadounidense Barry Schwartz describe en su libro La paradoja de la elección (2004).
Se refiere a las circunstancias en las cuales una persona debe tomar una decisión entre varias alternativas complicadas. Por ejemplo, un gobernante de ánimo belicista va a recurrir a la guerra como opción para canalizar su afán de poder y control sobre un adversario difícil.
Llevando el ejemplo anterior a la realidad, encontraremos el caso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para quien la diversidad de opciones (todas complejas) lo conduce a un umbral de saturación emocional que le hace elegir una o varias que no son las más acertadas.
Se paga un alto costo, porque no corresponde a un análisis adecuado de todos los factores implícitos en el problema para dar una solución que satisfaga a todos los actores en juego a través de una mediación pacífica del conflicto.
Con dicho análisis, se evitaría la imposición guerrerista de una alternativa escogida bajo presión y provocación de uno de los actores por sus intereses particulares (entiéndase, Israel y su líder Netanyahu). Esto conlleva obviar buena parte de las otras opciones sobre la mesa e ir en una dirección errónea. Lejos de solucionarse, el conflicto se agudiza.
Una vez tomada la decisión seleccionada, puede aparecer el síndrome del comprador arrepentido. Se trata de haber adquirido un bien a un alto precio sin sopesar el equilibrio de la relación costo-beneficio. En consecuencia, el costo termina siendo mucho más elevado que el beneficio.
Múltiples posibilidades quedan fuera de toda consideración. El decisor empieza así a transitar por un proceso de disonancia cognitiva y malestar emocional. Al aparecer, se da la paradoja de una decisión desigual: lo invertido tiene un excesivo costo en relación con lo alcanzado. Se genera entonces una sensación de insatisfacción que el individuo intenta resolver a través de la amenaza reiterada de tomar decisiones amenazantes. Además, se producen sucesivos intentos inútiles para revertir la frustración de una decisión que no tomó en cuenta, con equidad, todos los factores en juego.
Este caso tomado de la realidad actual se relaciona con el tablero geopolítico de una región del planeta con mucha diversidad y con especificidades particulares contrapuestas. La decisión correcta podría haber conducido a una paz duradera y no a un conflicto cuya eternización tal vez no tenga vuelta atrás.
Estados Unidos debe sacar sus garras del Medio Oriente de inmediato para favorecer el reequilibrio estratégico-político de toda la región y garantizar una paz real y consistente.
Humberto Castillo Gallegos
