Rostro de mujer | El salto de fe que transformó el cáncer en un...

propósito de vida

04/04/2026.- De enfrentar un diagnóstico con solo el 10% de probabilidades de vida a convertirse en la Master Trainer de botas de rebote en Venezuela, Zamari Blanco de Ruiz es el testimonio vivo de que el espíritu se entrena con la misma intensidad que el cuerpo.

Su historia no puede narrarse sin hablar de milagros. Durante nueve años, el quirófano fue su campo de batalla. Tras un diagnóstico de cáncer con metástasis en los ganglios, los médicos le daban pocas esperanzas de sobrevivir. Sin embargo, después de ocho intervenciones quirúrgicas y diez días de aislamiento total por tratamiento de yodo, Zamari no solo recuperó la salud; regresó con una conexión espiritual inquebrantable. "En ese aislamiento viví experiencias sobrenaturales con Dios; no quería que terminara", recuerda con la serenidad de quien ha vencido a la muerte.

Hija orgullosa de Tomás y Carmen, creció como la única mujer entre dos hermanos bajo una crianza particular: su padre, lejos de fomentarle fragilidad, le enseñó fortaleza técnica y física. "Me instruyó para pegar cerámica, cambiar un caucho o bajar una nevera pesada por las escaleras", relata. Esa base fue vital para canalizar la rebeldía de una juventud que soñaba con el modelaje y la veterinaria, pero que terminó en las aulas de Relaciones Industriales para complacer a su progenitor.

Sin embargo, el verdadero temple llegó con la enfermedad. Perder 30 kilos, verse sin dientes y con sondas en el cuello la enfrentó al espejo de la vanidad. "Esa etapa me marcó porque aprendí a perder la pena. Decidí salir de casa y que me quisieran tal como me vieran. La enfermedad forjó a la mujer que soy hoy: libre y con carácter".

Esa transformación física y espiritual la convirtió en pionera. Hace más de seis años trajo a Caracas una disciplina revolucionaria: las botas de rebote. Lo que comenzó como una búsqueda personal de salud, hoy es una comunidad de más de 500 mujeres que encuentran en sus clases mucho más que una quema de calorías.

"Yo no solo entreno el cuerpo, entreno el espíritu", afirma Zamari. Sus clases son espacios de reflexión donde el 80% del impacto en las articulaciones es absorbido por las botas, pero el 100% de la energía es absorbida por el alma. Su lema es contundente: "El ejercicio cansa al cáncer", una frase que repite a sus alumnas en procesos oncológicos, instándolas a abandonar el papel de víctimas para aferrarse a la fe.

Al ser consultada por Rostro de mujer sobre su huella, su voz suena con la autoridad de quien ha vuelto del abismo: "Mi legado no es solo físico. Quiero que, cuando me vaya, hablen de la mujer que les enseñó a entrenar el espíritu tanto como el cuerpo".

A pesar de haber vencido a la enfermedad, reconoce que el dolor más agudo no fue el del bisturí, sino la partida de su padre hace dos años. Ese amor la impulsa hoy a ser mejor: admira la generosidad de su madre, el éxito de su hijo —a quien crió para ser el hombre que ella siempre quiso a su lado— y la valentía de su esposo para transformarse a través de la fe.

Con sus dos nietas como motor actual, sus sueños no se detienen. Aspira a estudiar veterinaria, fundar una hacienda para jóvenes en situación de calle y seguir demostrando que, sin importar el oficio, hay que aspirar a la excelencia.

"Ejercitemos cuerpo, mente y espíritu para ser longevos no solo de físico, sino de alma", concluye con serenidad. Zamari Blanco de Ruiz no solo salta sobre botas de rebote; salta sobre las adversidades, recordándonos que cuando el pronóstico humano se detiene en un 10%, el control de Dios siempre tiene el 100%. Porque para ella, el milagro no fue solo sobrevivir, sino descubrir que, de la mano del Creador, ningún abismo es demasiado profundo para quien decide saltar con fe.

La guerrera que venció la muerte

Nirman García Berbeo

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