Dayón Moiz reivindica identidad afro y diversidad en moda venezolana
La diseñadora reflexionó sobre identidad afro, feminismo, moda, política y mestizaje
01/04/26.- La diseñadora de moda afrodescendiente, asesora de imagen, estilista y comunicadora Dayón Moiz regresó a la casa que la vio crecer profesionalmente para compartir una conversación profunda sobre identidad, representación y transformación social.
En esta nueva edición de Cita con la Actualidad, Moiz reflexionó sobre el papel de la mujer en los últimos 25 años de la Revolución Bolivariana, especialmente el avance de las mujeres afrodescendientes en espacios políticos, culturales y mediáticos.
También abordó la evolución de la identidad afro en la narrativa nacional, la importancia de la representación en la moda y los medios, y el carácter político de ocupar espacios históricamente negados.
“Siempre es bonita la invitación, aunque siempre siento que soy de la casa”, expresó al inicio del encuentro, y agregó que “Es hermoso volver y ver que la casa creció, que está llena, que sigue viva. Eso me contenta muchísimo”.
Moiz, quien ha desarrollado su carrera entre Venezuela y España, reflexionó sobre cómo los cambios sociales de las últimas décadas han abierto caminos para que mujeres como ella puedan dedicarse a oficios creativos, identitarios y no necesariamente vinculados a necesidades básicas de supervivencia.
“Hoy puedo ser asesora de imagen, puedo diseñar, puedo dedicarme a la moda afro, y todo eso es gracias a los últimos 25 años”, afirmó.
“Si ser mujer es complejo, imagínese ser mujer y negra”, señaló, citando a la escritora catalana Mercé Marçal: “Ella decía que agradecía haber nacido mujer, de nación oprimida y de clase trabajadora. Yo le agrego también el ser negra, porque todo eso es una dialéctica”.
Moda afro, identidad y memoria
Además de su trayectoria en comunicación, Moiz ha desarrollado una propuesta estética centrada en las raíces africanas, entendiendo la moda como un acto político y cultural.
“Diseñar desde lo afro es una forma de contar nuestra historia, de reivindicar lo que somos y de ocupar espacios desde la belleza y la creatividad", resaltó Moiz.
— ¿Cómo valoras que, pese a las circunstancias vividas a comienzos de año, hoy Venezuela tenga a una mujer en la Presidencia y que cada vez más mujeres ocupen espacios de poder como el Parlamento y los ministerios?
— Sí, mira, yo siempre pensaba, cuando se empezó a barajar la posibilidad de que hubiese una candidata a la presidencia, cuando llegó el comandante Chávez, yo decía: ¿está Venezuela preparada para una presidenta?, o sea, ¿nuestro patriarcado asume ese diálogo cara a cara con una presidenta?, y luego comenzaron a salir nombres, gente que no quiero nombrar, pero que sabemos que fue candidata, quiso ser candidata a la presidencia. Cuando llegó este momento, por estas circunstancias, ver que sea la presidenta encargada, la que asume y que sea una mujer, y esto no quiero que se malinterprete, pero que no juega al rol totalmente de mujer sexy, linda.
Es decir, eso que parece que, si uno no lo ejerce, no puede subir en espacios empresariales, políticos, todo está en eso. Bueno, si tú no eres la mami es difícil que subas. Y es una mujer sumamente inteligente, una mujer con una visión del país muy clara, y que yo en este momento, con todo mi amor y solidaridad le doy mi apoyo, y no quisiera estar en su pellejo, y no quisiera estar en su pellejo por la presión que pueda estar viviendo.
Entonces, cuando yo veo que la Presidenta Encargada está en ese rol, yo digo no, señor, yo no. Sin embargo, oye, todo el espaldarazo, porque en revolución se ha construido y ha habido liderazgos muy fuertes, entre ellos la misma diputada Cilia Flores, todas las diputadas afro, diputadas afro de todas las edades, mujeres lindas, no tan lindas, menos lindas, en cuanto a los canones establecidos. Porque, siendo un país de mises, teniendo esa trayectoria de mises también, oye, en algún momento se podía pensar antes que la que no es guapa no va para el baile. Y aquí se van a muchos bailes, y eso es bonito. Que queremos más espacios, por supuesto. Sí.
Consultada sobre si la afrovenezolanidad ha ganado espacio en el imaginario colectivo, Moiz fue clara al destacar que “sí, yo creo que efectivamente sí. Ahora hablamos de otras cosas”, indicó.
“Hace poco estuve en un encuentro y pude ver a la gente de mi generación, pero también a la nueva, la que participa políticamente desde el poder territorial y también desde lo mediático. Eso me pareció muy lindo, porque muestra que la identidad afro ya no está confinada a un solo espacio”, remarcó.
Del mismo modo, recordó que, en sus inicios, la agenda afro estaba centrada en la reivindicación histórica y la denuncia de la exclusión. Sin embargo, con el tiempo, la conversación se amplió.
“Al principio, el tema de la abolición de la esclavitud era como el móvil, el punto de partida. Pero después, con el diseño, con el crecimiento de las redes sociales, con la expansión cultural, ha habido una incorporación y una diversificación”, explicó.
La diseñadora enfatizó que hoy la identidad afro también se expresa desde la estética, la moda y el cuidado del cabello, espacios que antes no tenían la misma visibilidad.
“Ahora hay fashion, hay trenzas, hay cabellos rizados, hay métodos, hay productos. Todo eso que tiene que ver con lo global también impacta en este reconocimiento”, señaló.
No obstante, advirtió que la moda afro no debe convertirse en una tendencia pasajera, “la profesora Casimira Monafer dice: ‘Los negros estamos de moda’. Y es cierto que hay momentos de auge. En los años 70 todas pasamos al afro, pero cuando pasó la moda, muchas volvieron al alisado. Yo me quedé en el afro. Por eso me preocupa que algunos sectores se queden solo en la superficie”.
Moiz insistió en que el avance actual es resultado de luchas previas que no deben olvidarse.
“A veces siento que hay un desconocimiento hacia atrás, pero hacia atrás reciente. El que hoy estemos sentados aquí es porque mucha gente hizo que pudiéramos estarlo. Yo no me desperté un día y me descubrí negra porque ahora hay más productos para el cabello”, reforzó.
En la conversa, la especialista en moda también alertó sobre las contradicciones que persisten en el escenario internacional.
“Hay una tendencia global a que ciertos cuerpos no estén sentados en la mesa. Y no quiero entrar en temas espinosos, pero esa tendencia existe. Y no es solo ser negro: es ser negro, latino, mujer, LGBTI. Siempre hay una etiqueta para dejarte fuera”, reflexionó.
Por eso, llamó a no dejarse engañar por la estética de las redes sociales, insistiendo en que “no podemos quedarnos en la nota de las redes, donde todo parece cool y chévere. Porque así de sencillo también se desmoviliza a la humanidad, y en particular a la población afro”.
Para Dayón, la identidad afro ha ganado espacio, sí, pero ese avance debe sostenerse con memoria, organización y producción propia.
“Hemos avanzado, pero no podemos dormirnos. La representación es importante, pero no suficiente. Necesitamos conciencia, historia y capacidad de construir lo nuestro”, manifestó.
— ¿Crees que el racismo sigue presente en Venezuela y en el mundo? Lo pregunto porque, aunque algunos crean que es un tema superado, hubo épocas —como aquella discoteca en Las Mercedes, Liverpool— donde abiertamente no dejaban entrar a ciertas personas, en especial si tenían la piel un poco oscura. ¿Cómo ves esa realidad hoy?
— Sí, mira, tú sabes que sí hay racismo en nuestro país, en unos espacios menos que otros. Cuando tu te mueves, depende de dónde te muevas, porque eso también. O sea, si tú no sales como de distintos entornos, puede ser que no. Pero, por ejemplo, hace unos años yo fui a un sitio de esos bien chéveres que hay en La Castellana, y yo me fui con mi mamá el día de las madres y había una chica como cualquiera de nosotros, era la cajera y ese día daban una flor a las madres.
Relató Moiz que a la única mujer que no le dieron la flor fue a su mamá, que es una fémina de rasgos indígenas, y ella se dijo en ese momento que sentía había cambiado como persona, pues en otra época pudo haber armado tremendo lío, pero hizo lo posible para que su mamá no se percatara que era la única madre en el lugar que no había recibido la flor.
"Y yo veía a la muchacha, a la cajera y a la niña que entregaba las flores, y yo me podía imaginar su casa, su mamá, su hogar, porque esa niña se parecía más a mí que a las señoras que ella le estaba dando la flor, pero así de cruel es el sistema", prosiguió contando la asesora de imagen.
"Entonces, el racismo va en cuanto tú te asumes negro. O sea, porque esa chica que no daba la flor o el portero que no dejaba entrar ahí en ese local y que el año pasado hubo un caso por ahí también de que no querían dejar entrar a alguien por su color de piel, ese portero es negro lo más seguro. O sea, lo más seguro es que sea negro, pero él no es negro. Porque el mestizaje te da el permiso de decir, no, no, es que yo tengo un poquito de todo, yo me blanqueé y yo tengo lo bueno de cada uno. Entonces ahí hay sus pequeñas trampas también con el tema del mestizaje", recalcó la diseñadora afrovenezolana.
La moda es política
— ¿Cómo integras los elementos de nuestras raíces africanas en tu trabajo como diseñadora de moda?
— Bueno, eso está muy bonito. Yo empecé a trabajar en esto de la moda afro a partir de un trabajo donde estuve. O sea, yo siempre me he vestido con estas telas, con telas wax, que son las telas africanas y siempre me he vestido como yo creo, como yo me he visto, que no se había reflexionado si era moda afro o no era moda afro. Y después, cuando me mandaron a hacer un mapeo de cómo está la producción de moda afro en el país, de técnicas ancestrales también y de moda sostenible, ahí me encontré con que sí, o sea, todos estamos haciendo cosas.
Y como yo sí creo en eso que una sola no se salva, uno siempre se salva del colectivo, armé una movida, una plataforma que es Venezuela Indómita en la que comienzo en ese diálogo. Entonces yo decía bueno; ¿nos vestimos las personas afro distintas?, ¿qué es la moda afro? Porque, por ejemplo, todas las personas que se empiezan a reconocer, artistas, trabajadores culturales, lo primero que hacen es comprarse una camisa con este estampado. Este estampado se llama Siki y este estampado en realidad viene de Nepal, es hindú, y se hizo global con el movimiento hippie.
Al respecto Moiz, que esa forma de vestir "nos conforma como movimiento afro, como sociedad afro. Y Este es el punto de partida para vestirme afro y resulta que no es mi afro, pero nosotros nos apropiamos de eso y eso forma parte de nuestra búsqueda".
— Entonces en ese camino, bueno, yo empecé a buscar, empecé a dialogar materiales, trabajo con telas wax, que son las telas tapadas de seda que fabrican en varios países africanos, hay una gran cantidad después que uno se mete, son muchos tipos de telas, pero en general la que nos llega a nosotros es este tipo de telas que es la wax, es como un algodón y que está llena de mensajes. Algunas dicen: "no me mires, cuídate, cuídame, otra vuelvo a ser libre". Se expresa por acá, así como en los tejidos indígenas se expresan las telas.
Esa forma de ver con mi trabajo de comunicación, esa forma de ver, esa forma de sentir, a mucha gente le iba gustando. Entonces, le gustaban mis cosas, le gustaba mi casa o mi ropa. Y bueno, entonces en todo el camino de la moda fue, y bueno, me dije: "todo esto lo voy a poner al servicio'. Entonces, moda afro, lleva moda sostenible, o sea, lleva técnicas ancestrales, este collar, por ejemplo -y señala con su dedo índice hacia su cuello-, es hecho por las mujeres chaima, entonces este collar está contigo, te acompaña siempre, es especial.
Entonces, digamos que tiene que ver con la concepción de moda que yo trabajo y que con eso hicimos en diciembre la pasarela Fashion Sur, donde las mujeres desfilaron con el maquillaje de Wayúu, donde desfilaban ropa Wayúu, de diseñadores Wayúu, de creadores Wayúu. Y también desfilamos los collares de las compañeras chaima.
Moiz afirmó que está impulsando un movimiento de moda, donde las y los venezolanos "podamos encontrarnos a partir de la indumentaria, que es algo que pareciera que en algunos momentos de mayor necesidad pudimos considerar que era banal, pero resulta que no".
"Que yo opte por ropa de segunda mano, el que yo opte por hacer mi ropa, por buscar esas telas que, aunque las telas africanas no me conforman como tal, pero sí me representan, sí es una búsqueda, y a fin de cuentas muchas de las cosas que nosotros consumimos también son importadas, entonces por eso digo que es difícil tirar la primera piedra. Entonces, el que la ropa, el que la indumentaria tenga que ver contigo, te cuente y te presente delante de nosotros es un acto profundamente político. Y esa es la moda de la que yo hablo y que yo promuevo".
En el encuentro, la asesora de imagen compartió su experiencia en desfiles recientes donde la diversidad corporal, generacional y étnica se convirtió en el eje central de la propuesta estética. Para Moiz, la moda no es solo un ejercicio creativo, sino un acto profundamente político que cuestiona los cánones tradicionales de belleza y representación.
Recordó su participación en la pasarela del Tiuna el Fuerte hace dos años y en otro desfile más reciente, donde la selección de modelos rompió con los estándares convencionales.
“Tenía una modelo de 1,60 tipo Black Panther, una mujer talla grande, una mujer con canas. Eso para mí es hermoso, porque muestra que todos los cuerpos existen y merecen estar en la pasarela”, explicó.
Relató que, aunque algunos proyectos de moda solicitan diversidad, al momento de concretarla surgen resistencias.
“En un trabajo del año pasado me pidieron buscar diversidad para la pasarela. Lo hicimos, pero luego hubo una intención de echarse para atrás. Cuando llegan esos modelos de dos metros, con el cabello perfecto, claro que son bellos, pero todos los demás también existimos”, indicó.
Para ella, la inclusión no puede ser superficial ni cosmética, “subir a una pasarela a una mujer talla grande no es poner a alguien que parece una Kardashian que engordó 20 kilos. Es mostrar a una mujer real, con curvas reales, con un cuerpo que existe en la calle”.
La diseñadora destacó que su propuesta estética fue reconocida incluso por académicos y referentes del movimiento afro.
“En la Fashion Sur, varios representantes políticos y académicos me dijeron: ‘Esto es profundamente político’. Y yo nunca usé un discurso político explícito. Pero claro que es político cómo nos vestimos, cómo nos presentamos y cuáles son los referentes que usamos”, señaló.
Precisó que el desfile comenzó con una imagen poderosa, “con una hermana mayor, Wayúu, con su manta negra. Ella maquilló a todos los modelos, me maquilló a mí, maquilló a una mujer del público. Eso emocionó a la gente. Había personas llorando. Los modelos me preguntaban: ‘¿Cómo va a ser el maquillaje?’ Y yo les decía: ‘Tranquilos, eso está resuelto’. Si en cualquier desfile podemos vestirnos de cualquier manera, ¿por qué no podemos maquillar como queramos?”.
La apuesta estética incluyó propuestas indígenas, reciclaje, reinterpretación y segunda mano. “Había diseñadoras indígenas, creación colectiva. Todo eso define esta propuesta de moda en la que participo”, apuntó.
Moiz también compartió un proceso personal que se convirtió en parte de su filosofía estética.
“Yo siempre quería verme súper delgada para trabajar en comunicación. Que no se me vieran las caderas, que no se me notara nada. Así nos enseñan a las mujeres a relacionarnos con nuestros cuerpos”, confesó. Agregando que ese paradigma cambió, “cuando empecé a asumirme, entendí que hay otras formas. Mi fórmula ahora es: busca la redondez, busca el globo, busca la forma grande. Tenemos que ocupar espacio y sí, tenemos las piernas gruesas. Sí, somos así. Y así somos rotundamente hermosos”, subrayó.
— ¿Qué significa para ti la afrovenezolanidad?
— La afrovenezolaridad es mi identidad. Yo nací siendo negra. Yo nací y yo sabía que era negra. Y después, yo creo que, de pequeña, primero negra que venezolana y después negra y venezolana. Y eso da una particularidad. Yo me acuerdo, porque vengo de la danza y me formé en la Bigott, y trabajaba como bailarina de danza afrovenezolana y una vez me tocó bailar con un africano, no recuerdo de qué país era, y entonces él no me bailaba y me dice: ¿Pero, por qué bailan así? Pero ¿qué es eso? Claro, nosotros arrastrábamos el pie. Entonces me decía que el baile de afro es hacia arriba, y saltaba de una manera porque, además, era un super atleta, y saltaba y saltaba.
Pero ahí me tocó decirle que no, no, nosotros bailábamos con el grillete. Entonces, sí somos afrodescendientes, sí miramos hacia allá, porque hay un momento que alguno tiene que ver hacia algún lado, así sea a la tela hecha por los hindúes. Tenemos que tener un referente. Por lo tanto miro hacia África, pero soy afrovenezolana, escribí mi identidad, es lo que me conforma el besito de coco, es el cafunga, el sancocho y es esa forma de hablar duro. Y mira, a estas alturas no me importa. Así es.
El tambor como identidad compartida
Consultada por la presencia de la identidad afrovenezolana en las celebraciones populares, especialmente tras la reciente victoria de Venezuela en el Clásico Mundial Beisbol, Moiz resaltó que el uso del tambor como símbolo de alegría nacional no es casualidad: “es una expresión profunda de quiénes somos como pueblo”.
“Si hay un lugar que ocupamos las personas en la sociedad y en el mundo, es el deporte. Y si hay un sonido primigenio, es el tambor. Es el alma del corazón. Por eso no me sorprendió que celebráramos así”, mencionó.
La diseñadora recordó que, aunque Venezuela es un país diverso, hay elementos que nos unen más allá de las diferencias.
“Antes se decía que nuestra única música era el joropo. Pero este país es mucho más: somos joropo, somos tambor, somos muchos géneros. Y que esos géneros tengan sus espacios es fundamental”, afirmó.
Para ella, que el tambor haya sido protagonista en una celebración deportiva de alcance mundial es un signo de madurez cultural.
“Ese partido cada quien lo vivió a su manera, pero ver que la identidad afro se asumió sin conflicto, sin discusión, como algo natural, fue hermosísimo”, indicó,
Incluso, recordó con humor, cómo algunos medios extranjeros describieron la celebración, “me dio mucha risa porque en Estados Unidos (EEUU) decían que éramos unos bulleros, que llegamos con ese poco de tamboriles. Eso es que no han venido aquí. No han visto nada”.
Además, recalcó que este año ha sido complejo para el país, con momentos duros, y que la alegría colectiva adquirió un significado especial.
“En un año que nos ha dado golpes muy duros, que el tambor sea el que nos una en un momento de máxima felicidad dice mucho de quiénes somos”, expresó.
Agregó que la música afrovenezolana no es solo un ritmo, es una forma de resistencia, de memoria y de afirmación identitaria.
“El tambor es identidad. Es raíz. Es comunidad. Y que aparezca en un momento así, sin pedir permiso, sin explicación, es profundamente significativo”, señaló.
— ¿Qué te gustaría que la gente entendiera mejor sobre la identidad afro en Venezuela?
— Venezuela políticamente es muy particular. Yo he vivido en otros lados y la política no forma parte de todo. Aunque sí, pero aquí se manifiesta de una forma distinta. Pero todo lo que hacemos es político, cómo me levanto, cómo me visto, cómo me presento. Yo creo que ahorita mi temor es que voy sintiéndolo en la palabra, es la despolitización, porque en el espacio se da como una saturación de lo político y entonces yo empiezo a ser apolítico.
Esto es un proceso político, me guste más o me guste menos. Y como persona afro, soy un sujeto político, aunque yo crea que no pasa nada.
Moiz aseguró que siente que en los actuales momentos hay una tendencia a la despolitización del movimiento afro, porque como que ´ay, es aburrido´, pero sí hay que seguir dando la lata porque no solo es interno, sino globalmente te tienes que mover de una forma fuerte, sobre todo ahora que manda, sobre todo en estos tiempos de sionismo, en estos tiempos donde el norte muestra su garra con mayúsculas.
Para cerrar su participación, Dayón Moiz compartió un mensaje profundo dirigido a la población venezolana, especialmente a quienes aún no se reconocen dentro de la identidad afro que atraviesa la historia y la cultura del país.
Recordó que Venezuela es un país de mestizaje, donde convergen raíces negras, indígenas y europeas, y que incluso quienes no se perciben como afrodescendientes llevan esa herencia en su historia familiar.
“Siempre te va a llegar un momento. A veces este país es maravilloso y te lo muestra desde muchos lados, pero uno no lo ve. Ahora, con el movimiento migratorio hacia Latinoamérica, hacia el sur, hacia EEUU, mucha gente empezó a verse del otro lado: quizás no negro; pero sí, no blanco. Y ahí es donde empiezas a entender cosas”, comentó.
Moiz explicó que muchas personas no se reconocen como afrodescendientes hasta que viven situaciones de discriminación fuera del país.
“Cuando tú no te has asumido como persona negra —o como persona no blanca—, el mundo te lo recuerda a golpes del otro lado. Porque sí, tiene un peso. Y en algunos lugares tiene un estigma. Uno quiere ser chévere, uno quiere ser querido. Pero la identidad te alcanza”, mencionó.
Por eso, su invitación es para que “en cada oportunidad, en cada espacio, mírate, vívelo y valóralo. La negación de uno mismo solo hace más difícil el camino. En la medida en que aceptas quién eres, todo se vuelve más sencillo. Si tienes 100 centímetros de cadera, tienes 100 centímetros de cadera. Ni que la escondas. Ahí están. Así es el color de piel, así es el cabello, así son los rasgos. Eso es como cuando uno se quiere sacar el cabello. No se puede. El cabello vuelve. La identidad también”.
Al finalizar, Moiz expresó su alegría por reencontrarse con la Fundación y con el equipo de comunicación que la recibió.
“Estoy súper feliz, tengo la mayor felicidad plena de ver cómo ha crecido la Fundación, cómo ha crecido el equipo de comunicación. Me conmueve profundamente, creo que hasta las lágrimas. Ha sido el camino de ser el otro, de ser visto y de no ser visto, de ser abrazado y de ser acompañado. Todo eso está aquí en la Fundación. Todas las edades, toda la diversidad del grupo lo demuestran”, confesó.
NAILET ROJAS / FOTOGRAFÍAS: JAVIER CAMPOS / CIUDAD CCS
