Taller de raíces culturales: preservando las tradiciones venezolanas
El Cuartel San Carlos se resgnifica como epicentro cultural con un taller único.
14/03/26.- En un rincón del centro de Caracas, donde las paredes del Cuartel San Carlos ahora cuentan historias de arte y memoria, se celebró este sábado el Taller de Manifestaciones de Raíces y Tradiciones, organizado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Este evento, que reunió a cultores, docentes, estudiantes y representantes del Poder Popular, tuvo un propósito claro: rescatar, preservar y transmitir las manifestaciones culturales tradicionales que forman parte del alma de Venezuela.
Este taller no fue una simple reunión, sino un espacio impregnado de historia y compromiso, donde se compartieron saberes que han viajado de generación en generación. Las participantes principales, Clara Lunar (Anzoátegui), Jorglys Lira (Bolívar) y Elizabeth Ramírez (Yaracuy), trajeron consigo la esencia de sus regiones: ritmos, danzas y tradiciones que forman parte de la identidad cultural venezolana.
Clara Lunar, cultora e investigadora de Anzoátegui, explicó con pasión: "Estamos aquí para defender nuestras manifestaciones culturales, para reforzar lo que somos como pueblo. Cada danza, cada canto, cada tambor, es un pedazo de nuestra historia, un testimonio de nuestra resistencia como nación".
El Cuartel San Carlos: de símbolo de opresión a templo de cultura
El Cuartel San Carlos, ubicado en la parroquia Altagracia, es un espacio cargado de significados. Durante décadas, fue un lugar de represión, tortura y silencio. Pero hoy, su resignificación como espacio cultural y educativo representa un acto de justicia histórica. Ahora, sus salones no encierran dolor, sino arte, cultura y diálogo.
En este taller, el Cuartel se convirtió en un punto de encuentro para la memoria colectiva, donde las manifestaciones culturales ancestrales se reivindicaron como herramientas de resistencia y unión. Este cambio simboliza que, aunque el pasado no se puede borrar, sí se puede transformar en algo que inspire y edifique el futuro.
Tradiciones que trascienden: las raíces de Anzoátegui, Bolívar y Yaracuy
El taller fue una ventana para conocer y revalorizar las tradiciones de los estados que representaban las cultoras invitadas. Desde la calidez del oriente hasta la fuerza del sur, pasando por la rica herencia del centro-occidente, cada rincón de Venezuela se hizo presente en este encuentro.
En el caso de Anzoátegui, Clara Lunar destaca las danzas y cantos tradicionales como el Joropo Oriental y las parrandas de San Juan, expresiones que entrelazan la música, el baile y la espiritualidad de la región costera. “Estas tradiciones no solo nos conectan con nuestras raíces, sino que son un puente para que las nuevas generaciones entiendan de dónde vienen”, expresó Lunar con firmeza.
Por su parte, Jorglys Lira, investigadora y bailadora del estado Bolívar, habló sobre el Calipso del Callao, una danza que combina influencias africanas, caribeñas y europeas, y que es un símbolo de resistencia cultural en la región. “El Calipso no es solo un baile, es una celebración de nuestra historia y de nuestra diversidad. Enseñarlo es mantener viva la esencia de nuestro pueblo”, explicó Lira, quien también enfatizó en la importancia de enseñar estas tradiciones desde temprana edad.
Proveniente del Yaracuy, Elizabeth Ramírez llevó consigo el legado de la Polka y Bomba que demuestran la diversidad de nuestras raíces al tener referencias de tradiciones de otros continentes, como es el caso de la Polka que viene desde europa y se arraígó en las haciendas del Estado Yaracay traformandose y y convirtiendose en una versión "más criolla"1, comentó Ramírez, quien insistió en que transmitir estos conocimientos es esencial para preservar el alma del país.
Las voces de quienes aprenden y enseñan
El impacto del taller no solo quedó en las presentaciones de los cultores, sino en quienes participaron como asistentes. La conexión entre los saberes ancestrales y las nuevas generaciones fue uno de los grandes logros del evento.
Carlos Méndez, un joven estudiante de 22 años, confesó que antes del taller desconocía muchas de las tradiciones que se presentaron. “Cuando escuché el tambor de los Diablos Danzantes o vi cómo se baila el Calipso del Callao, sentí que algo dentro de mí despertaba. Es como si esas historias siempre hubieran estado ahí, esperando a ser escuchadas. Ahora entiendo que preservar estas tradiciones es preservar quiénes somos como venezolanos”, relató con entusiasmo.
Para María Elena Torres, docente de primaria, el taller fue una experiencia transformadora. “Esto no es solo cultura, es educación en su máxima expresión. Como maestra, siento que tengo la responsabilidad de llevar lo aprendido aquí a mis alumnos. Estas tradiciones son herramientas para enseñar valores, historia y amor por nuestra tierra. Ser salvaguarda de la cultura es un acto de amor hacia las generaciones futuras”, expresó con orgullo.
Un llamado a preservar lo nuestro
Más allá de las palabras y las danzas, el taller dejó un mensaje claro: la cultura es un arma de resistencia y un puente hacia el futuro. Clara Lunar resumió la esencia del evento al afirmar:
"No podemos permitir que nuestras tradiciones se queden en el olvido. Cada canto, cada paso de baile, cada tambor, es un recordatorio de que somos un pueblo fuerte, resiliente y lleno de historia. Enseñar esto no es una opción, es nuestra obligación."
ISAÍAS OVALLES / FOTOGRAFÍA: VLADIMIR MÉNDEZ / CIUDAD CCS
