La ultraderecha chilena toma el Palacio de la Moneda

Este 11 de marzo José Antonio Kast asume la presidencia chilena

Kast logra capitalizar la polarización politica en Chile.

 

11/03/26.- Este miércoles en Chile asume un nuevo rostro en la presidencia, José Antonio Kast de 60 años, consolidado como la figura central de la derecha conservadora en el país.

Abogado de formación y político de carrera, su perfil no se entiende sin la tensión constante entre su defensa de los valores tradicionales y las polémicas que lo rodean.

Tras dos décadas en la Unión Demócrata Independiente (UDI), rompió con el partido en 2016 acusándolo de falta de coherencia.

Su salida marcó el nacimiento del Partido Republicano, una plataforma diseñada para quienes consideran que la derecha tradicional se ha "izquierdizado".

Su discurso se sostiene en tres pilares: familia tradicional, libre mercado radical y mano dura contra la delincuencia y la migración.

El "efecto péndulo": Del estallido social al orden de Kast

Se convirtió en el presidente más votado de la historia de Chile gracias a la implementación del voto obligatorio.

 

Kast se consagra como presidente el año pasado con una victoria abrumadora, al obtener el respaldo del 58,17 % del total de 13.417.475 votos emitidos, lo que representa un total de 7.252.831 de chilenos que decidieron poner su voto en el candidato del Partido Republicano, esto lo convierte en el presidente mas votado en la historia del país.

Es así como la candidata de centroizquierda que representaba la continuidad del Gobierno de Boric quedó desplazada.

Esta decisión de los chilenos fue una respuesta abrupta a las políticas del expresidente Gabriel Boric. El gobierno del Frente Amplio, que nació bajo la promesa de transformaciones estructurales tras el estallido social de 2019, chocó con una realidad marcada por la crisis de seguridad pública, el descontrol migratorio en el norte y una economía estancada.

La percepción de una izquierda "desconectada" de las urgencias cotidianas, priorizando agendas de identidad o cambios constitucionales que la ciudadanía rechazó.

Permitió que el discurso de Kast se colara, un discurso centrado en la autoridad y la estabilidad económica, resonara en un electorado agotado. En Chile, el péndulo político se desplazó: de la calle que pedía derechos sociales, se pasó a una ciudadanía que exige, ante todo, orden.

Antecedentes: hitleriano y pinochetista

Posturas controvertidas marcan la carrera política de José Antonio Kast.

 

​El fenómeno Kast no representa únicamente un retorno al pasado pinochetista, sino la consolidación de una nueva derecha radical en Chile que ha sabido capitalizar el descontento social y la crisis de seguridad, al situarse en las antípodas del progresismo y desafiar los consensos.

Kast logró que posturas antes consideradas marginales o extremas formen parte del debate público cotidiano. Su figura actúa como un espejo de la polarización actual.

En última instancia, la vigencia de su liderazgo demuestra que la "batalla cultural" que propone no es solo un eslogan de campaña, sino un proyecto a largo plazo que busca redibujar los límites de lo políticamente aceptable en el país y el mundo.

Desde un padre con un pasado turbio en la segunda guerra mundial, aliado del partido del dictador Adolf Hitler, admirador de Augusto Pinochet, católico conservador, ideologías opuestas al aborto y al matrimonio entre personas del mismo sexo, porta un perfil inquietante para asumir el control del estado.

Propone muros de cinco metros en las fronteras con Perú y Bolivia, vallas eléctricas, zanjas de tres metros de profundidad, centros de detención y mayor presencia militar. Una réplica al discurso Make America Great Again (MAGA), que se ha apoderado de la política este último año, el cual reflejó ser su principal inspiración política actual, y copia medidas de corte claramente nazi.

Asimismo, sus visitas a criminales de lesa humanidad en la cárcel de Punta Peuco, como Miguel Krassnoff, son hechos comprobables que delimitan su base electoral. Esta postura lo sitúa en un nicho de "Ultraderecha" que rechaza los consensos de la transición democrática.

Sus políticas también han generado tensiones con países de izquierdas, progresistas, como el gobierno del presidente Gustavo Petro, que denominó el ascenso de Kast como “vienen los vientos de la muerte”, de igual forma en otro mensaje resaltó los orígenes del nuevo presidente chileno, aseverando que no mantendrá nexos con promotores del fascismo.

Del mismo modo, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, tras este avance de la derecha en Chile, declaró que debe existir un debate de reflexión profunda para los movimientos progresistas de América Latina, examinar las causas que explican el avance de fuerzas conservadoras en la región.

Un síntoma regional: rl avance de la derecha en América Latina

América Latina cada vez se acerca más a la ultraderecha.


​Lo ocurrido en Chile es un espejo de un fenómeno que recorre América Latina. El avance de figuras como Kast refleja un agotamiento del ciclo progresista en la región, donde el electorado parece estar castigando la incapacidad de los gobiernos progresistas para resolver problemas básicos de gestión. Para el continente, esto representa el resurgimiento de los "valores tradicionales" (familia, religión y soberanía) como refugios ante la incertidumbre global.

Este giro no solo perpetúa posturas conservadoras, sino que redefine el tablero geopolítico, donde el avance de esta derecha radical sugiere que la región está entrando en una era de pragmatismo punitivo y nacionalismo, y  las libertades civiles conquistadas en la última década empiezan a ser cuestionadas bajo la promesa de “seguridad y prosperidad económica”.

ARIANNA HERNÁNDEZ / CIUDAD CCS  


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