Tinte polisémico | La guerra cognitiva: objetivos, impacto y el reto
27/01/2026.- Mantener una actitud reflexiva, de análisis, ubicarnos en el terreno de la sensatez, constituye una línea maestra, una máxima, una directriz para enfrentar la "guerra cognitiva", que nos sirve de orientación y recomendación de carácter vital para preservar la salud y el equilibrio integral, individual y colectivo.
La confrontación bélica, multinivel y multidimensional, adopta la mente humana, la psique individual y colectiva, como uno de los escenarios y el teatro de las operaciones para la guerra.
En tal sentido, después que la población de un país ha sufrido la incursión militar cometida por el gobierno de los Estados Unidos, la primera potencia global —violando la soberanía, vulnerando la integridad territorial, ultrajando el derecho a la autodeterminación de una nación y quebrantando la institucionalidad, normas y preceptos internacionales, con base en la astronómica asimetría entre países—, resulta imperativo considerar, entre otros, los impactos y efectos orientados a formular las estrategias y políticas públicas que recuperen el balance psíquico y emocional, así como la supervivencia y el mantenimiento de la unidad y la cohesión como república.
Ello habida cuenta de la fehaciente y antes señalada asimetría, que abarca también el ámbito en materia informativa y comunicacional por parte de la industria cultural norteamericana, dado el monopolio y control de los diferentes canales de difusión, a través de los cuales se comunicó al planeta que el presidente del gobierno gringo se reservaba, de forma unilateral y arbitraria, cualquier opción de intervención en el territorio venezolano, con argumentaciones absolutamente falaces y a la luz del despliegue aeronaval en el Caribe, para soportar una "operación militar especial".
La particularidad de una operación militar especial es que no tiene forma de ser evitada o neutralizada. Para simplificar la explicación, se atiende a formas y procesos en el teatro operacional distintos a las confrontaciones y encuentros convencionales que se conocen. Para describirlo mediante un ejemplo, difieren de los enfrentamientos entre ejércitos de distintos países, como los de la Segunda Guerra Mundial del siglo XX.
La invasión se materializa el 3 de enero de 2026 y culmina con el secuestro del jefe de Estado y de gobierno de la República Bolivariana de Venezuela (RBV), previa utilización y difusión de una narrativa ambigua que confundía premeditadamente, amenazando con un desembarco y una penetración terrestre convencional. Sorprende entonces a una población, a un país, en pleno sueño, con un ataque de temprana madrugada, al amparo de las sombras, en las sedes del centro del poder político, militar y administrativo, utilizando la potencia y superioridad numérica de sus fuerzas de élite, con novedosos equipos, dispositivos, armas, explosivos y robots, su arsenal tecnológico, entre otros, como el espionaje y la inteligencia, para cometer semejante vejamen y crimen.
Cabe preguntarse si ha finalizado la operación y el ataque. La respuesta es complicada y nada agradable, pues el asedio y la amenaza aún no han culminado. Parte de la explicación y basamento radica en la naturaleza de la guerra cognitiva. Consiste en hacer perder el balance psíquico de las personas y de la sociedad objetivo, enajenar, psicotizar, neurotizar, desajustar emocionalmente, desmoralizar, confundir, potenciar la incertidumbre, indignar, lograr romper la unidad y la cohesión, hacer surgir los desacuerdos internos, desesperanzar y quebrar la resistencia, para la resignación y la entrega, para perder la capacidad y disposición de lucha y asumir la supeditación como único camino de supervivencia.
Precisamente, busca crear la zozobra de un inminente segundo ataque, pero no se sabe cuándo; potenciar la imagen de invulnerabilidad de sus ejércitos, equipos y sistemas; ocultar cualquier pérdida recibida por ellos como agresores, y mostrarse como omnipotentes e infalibles. Ese es precisamente el objetivo y fin: conseguir la entrega incondicional y la resignación a un destino de sometimiento; normalizar que la autodeterminación y autogestión como nación no es posible alcanzarlas.
Frente a ese escenario, la recurrencia a nuestra identidad y herencia histórica, de nuestros ancestros aborígenes y personajes icónicos, héroes y mártires de nuestras luchas por la libertad y la integración suramericana, las batallas con derrotas y refriegas libradas con éxito, como ejemplos de perseverancia, arrojo, audacia y valentía, constituyen elementos para recomponernos y asimilar que siempre hemos sido combativos, recursivos y libertadores; nunca agresores.
El estudio y comprensión de experiencias bélicas como las de Afganistán o Vietnam, y episodios como la Crisis de Octubre de los misiles soviéticos en Cuba de 1962, e inclusive el lanzamiento de las bombas atómicas en Japón en 1945 o el actual genocidio de Gaza, entre otros, demuestran el carácter imperialista, fascista y supremacista de los gobiernos norteamericanos como instrumento de su "Estado profundo", en su afán por imponer su geopolítica de terror y guerra. Por tanto, debe haber conciencia individual y colectiva de quién es nuestro real adversario.
Las subyacentes contradicciones históricas deben servir para contextualizar nuestra realidad, comprender los mecanismos de permanencia, operación y metabolismo del sistema capitalista y aprender, de esos conflictos enumerados de los siglos XX y XXI, en qué forma los pueblos han logrado soportar, recuperarse y salir adelante.
Estamos llamados todos, mujeres y hombres de todo el país, desde todos los sectores y ámbitos del quehacer —en particular los académicos, docentes, intelectuales, políticos, militares, juristas, científicos e investigadores de las ciencias duras y blandas, como los humanistas, sea por el cambio de época o civilizatorio que opera—, que se nos presenta un reto frente a una realpolitik, a la emergencia y articulación de una arquitectura planetaria del balance de poder entre las potencias militares nucleares, comerciales, tecnológicas y comunicacionales. La tarea es ineludible para los que somos y formamos parte del sur global.
Héctor Eduardo Aponte Díaz
Email: tintepolisemicohead@gmail.com
