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Comentarios noticiables | Suavizar el discurso con Venezuela...

pareciera ser un objetivo de EE. UU.

Por J. J. Álvarez

05/09/2026.- Suavizar el discurso con Venezuela parece ser la nueva estrategia de la política exterior de los Estados Unidos (EE. UU.). ¿Será porque en Venezuela se desarrolla con perseverancia un verdadero proceso de democratización que no es solo una consigna o una bella combinación de palabras? ¿O porque Washington ha terminado por comprender que la República Bolivariana de Venezuela es un Estado que cumple con las disposiciones fundamentales consagradas en principios de supremacía y fuerza normativa de la Constitución? O quizás sea, simplemente, que su presidente, Donald Trump, no está interesado en un cambio de régimen en Venezuela porque su prioridad —en un contexto marcado por los riesgos de confrontación en el estrecho de Ormuz y por la operación militar especial de la Federación de Rusia en Ucrania, iniciada el 24 de febrero de 2022— es almacenar millones de barriles de petróleo bajo suelo tejano, mientras que la prioridad venezolana es la opuesta: extraer el crudo de su subsuelo —más de 303 mil millones de barriles en reservas probadas— y comercializarlo según la cotización internacional de la cesta OPEP.

El presidente de EE. UU., Donald Trump, abanderado de la consigna America first, pareciera mostrar cierta consideración hacia nuestro país al intentar restablecer, conservar y salvaguardar la paz con Venezuela. Imponer una política de fuerza, guiada por el más ciego y torpe conflicto contra la paz y la seguridad venezolanas, solo acumula materia inflamable y explosiva en el tablero bélico, lo cual resulta incompatible con la paz como premisa y requisito para el ejercicio de los derechos y deberes humanos en el plano nacional e internacional.

Hoy lo que procede es alinearse con los procesos de consolidación económica, afirmación democrática y unidad nacional. Estos métodos requieren de paz y seguridad, valores que se ven gravemente amenazados por conflictos mundiales que ponen en riesgo los principios fundamentales de toda la humanidad. La paz, el desarrollo y la democracia deben conformar ahora un triángulo interactivo, pues los tres se exigen mutuamente.

En Venezuela importa quién dirige el país y que su pueblo se interese vivamente por lo que ha ocurrido desde 2016. Esto responde a varias razones: en primer lugar, la victoria de la oposición ultraderechista en las elecciones legislativas del 6 de diciembre de 2015, con la que obtuvo el control mayoritario de la Asamblea Nacional; en segundo lugar, la caída de los precios del petróleo; y en tercer lugar, la orden ejecutiva del presidente de EE. UU., Barack Obama, quien declaró a Venezuela una "amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos", mientras la ultraderecha, tanto interna como externa, pretendía tomar el poder en el país.

Tras identificar con gran esfuerzo las raíces de los problemas internos, el gobierno nacional, mediante medidas imaginativas y perseverantes, ha logrado frenar los conflictos desde sus inicios a través del diálogo serio y responsable. Prevenir los problemas siempre es la mejor vía: saber para prever, prever para prevenir. La prevención es una victoria a la altura de las facultades distintivas de la condición humana. Venezuela reconoce a su pueblo sin importar su condición social. Hoy nuestra sociedad aspira a ser distinta de lo que fue bajo los gobiernos de la derecha; Venezuela ha cambiado de manera profunda desde la llegada al poder de Hugo Chávez en 1999.

Conviene recordar que antes de 1999, el 65% de los venezolanos vivía en situación de pobreza y solo el 35% podía disfrutar de una alta calidad de vida. Hoy, en vista de la distensión en las conversaciones entre la Casa Blanca y Venezuela por iniciativa de Donald Trump, se demuestra que las relaciones bilaterales solo pueden atender con eficacia sus propios intereses si ambas partes evalúan de forma realista y respetuosa los propósitos de la otra.

Si el presidente Trump está verdaderamente preparado para actuar de forma honesta y consecuente con esta suavización del diálogo con el gobierno venezolano en los espacios de debate conjunto, habrá aprendido a entender mejor y a tomar en cuenta lo que inquieta al otro.

De ser así, mejorará el clima bilateral, no solo por el esfuerzo en los contactos oficiales, sino también a través de la práctica de las relaciones cotidianas entre EE. UU. y Venezuela. En esto, también, ambos gobiernos deben guiarse por los mandatos de sus pueblos.