Araña feminista | Las mujeres constructoras de la paz de los pueblos
La violencia contra las mujeres es un impedimento para alcanzar la paz en el mundo. Para que haya paz, para que haya soberanía, sobre todo para que haya justicia en una sociedad, se debe superar el modelo hegemónico patriarcal de la violencia machista, de la violencia criminal, de la violencia social y de la violencia política e imperial y colonialista.
En ese escenario que es una paz negativa, debemos insistir en que sea una agenda feminista que se valoren los elementos estructurales que apunten a la superación de las desigualdades de clase, género, etnia, edad, etc. Teniendo muy claro que las diferencias entre los sexos no deben transformarse en desigualdades.
Las mujeres hemos luchado contra las guerras, la discriminación y toda forma del ejercicio del poder patriarcal y tenemos autoridad moral para erigirnos como principales actoras de una paz duradera. Hemos sido y somos protagonistas de las luchas por la paz en Venezuela, América Latina, el Caribe y el mundo
La justicia social nos garantiza que la paz no sea solo un formalismo cosmético, es mirar el escenario de conflictos o violencia explícita donde persisten desigualdades socio económicas que abre una brecha entre los incluidos y las excluidas, los poderosos y los pobres de la tierra, los privilegiados y los desfavorecidos.
La lucha por la paz es cotidiana, y no es solamente un valor que deba regir las relaciones internacionales. La paz es también un derecho humano al que todas las personas, los grupos y los pueblos somos titulares: todas y todos tenemos derecho a vivir en paz; todas y todos tenemos derecho a una paz justa, sostenible y duradera. Una paz feminista,
Enfrentamos una etapa en la que son irrespetados todos los acuerdos para llevar las relaciones internacionales de manera pacífica, fue creada una arquitectura jurídica levantada en el año 1948, luego de las atrocidades de la segunda guerra mundial, con la aspiración que no se repitieran jamás y así nació el derecho internacional público.
Hoy, sin declaración de guerra y sin que medie una provocación, los países imperialistas trasgresores actúan militarmente. Entonces la mediática parece justificarlo, ignorando que los conflictos armados, cada día han aumentado, con altas cifras de muertos, lesionados, y empujando a más refugiados, migrantes y desplazados hacia otros inciertos destinos.
Para nosotras, mujeres humanistas y bolivarianas que conocemos que la inobservancia de los derechos de las personas y de los pueblos, persisten por estructuras económicas internacionales injustas, por la imposición, de bloqueos económicos, financieros y comerciales contra nuestros pueblos y por las injerencias de Estados poderosos en los asuntos internos de otros Estados, y que las ocupaciones extranjeras y el apartheid, son fuentes reales de conflictos y de profundo irrespeto de los derechos humanos.
En este sentido, consideramos necesario mirar la posibilidad de pensarnos la paz como un derecho, como un derecho colectivo, solidario, de tercera generación al que debemos tener acceso todos los pueblos, para que de esta manera podamos garantizar nuestro porvenir y bienestar.
También el derecho humano a la paz exige el deber de los titulares a respetarlo y promoverlo, significa que al afirmar "los pueblos tienen derecho a la paz", se contrapone el deber de los pueblos y Estados a respetar y promover esa paz.
Esta codificación en nuestra legislación, nos permitiría lo que ha venido siendo una práctica consuetudinaria en nuestra historia republicana. Que los venezolanos y venezolanas, sobre todo los y las bolivarianas, somos gente de paz.
Es conveniente que al darle contenido a este derecho, pensemos, no sólo en los aspectos tradicionales del concepto de paz, sino que se abarquen también aspectos positivos, que incluyen la observancia de los derechos humanos en general y los derechos humanos de las mujeres, en particular. Además, que la convención permita eliminar el clasismo discriminador, que se expresa en las diferencias generadas por la pobreza y todas aquellas condiciones socioeconómicas que limitan las oportunidades de construir realidades justas para todos y todas.
Gisela Jiménez Aranguren
Abogada y feminista
Venezolana, viviendo en Venezuela
