Nada está escrito | Todo es guerra: réquiem por Clausewitz

 

La política es guerra sin derramamiento de sangre; la guerra es política con derramamiento de sangre.

 Mao Zedong

El orden mundial no surge de la bondad, sino de la implacable calibración del poder y la legitimidad.

Henry Kissinger

Todo es guerra. Todo. 

Tom Hardy (Alfred De Souza)

Allí donde está el peligro, crece también lo que salva.

Friedrich Hölderlin

04/05/2026.- Durante dos siglos, la geopolítica durmió ensimismada bajo el dogma del general prusiano Carl von Clausewitz. La guerra era, según el apotegma, la continuación de la política por otros medios. Era recurso último, una sangrienta anomalía, acotada en los mapas y en el tiempo. Sin embargo, al adentrarnos en la brutalidad aséptica del siglo XXI, la máxima prusiana llegó a su caducidad. Hoy, la asfixia del cerco contemporáneo nos obliga a dar un paso más vertiginoso; la política posmoderna ha muerto como espacio de diálogo y consenso. Hoy, la política es la continuación de la guerra por todos los medios. El personaje de Tom Hardy —en la teleserie Tierra de mafiosos— lo sentencia con la frialdad de quien ha visto los hilos del titiritero: Todo es guerra.

Estas afirmaciones pueden tronar de forma alarmante al lector distraído. Más aún, desentonar en una publicación ligera y urbana, como la que tiene la gentileza de encontrarnos. Pero es necesario admitir que no suele tener espacios el cronista para comunicar esta urgencia; de allí los excesos que este retrato de actualidad monstruosa revela, y las encarecidas disculpas del redactor. Pero ¿no necesitamos hojas de ruta para un mundo desconocido? Si estamos en peligro, ¿no es mejor llevar consigo un mapa o alguien que intente orientarnos?

Asistimos al despliegue total de la guerra de sexta generación. La guerra es la forma de la política del siglo XXI. Su arquitectura decreta la abolición de la trinchera física. Esta contienda se ejerce a través de modalidades difusas y holísticas, sin contacto, con bombardeo cognitivo y la aniquilación de la infraestructura vital. Ya no hay un equilibrio de poder diplomático, sino un desequilibrio inducido y permanente. A través del estrangulamiento financiero, la manipulación de la cadena de suministros energéticos y el lawfare, se somete a las naciones sin declarar formalmente las hostilidades. Se somete por el miedo y el pánico.

El resultado directo de la guerra de sexta generación es el nacimiento del Estado magmático. En el caso de la periferia del Sur Global, por ejemplo, el impacto termodinámico pulverizó el contrato social. Tiró por el suelo nuestros hábitos y los símbolos y valores que de ellos se derivan. La academia de los países centrales nos pide analizar nuestras crisis bajo el prisma de la Modernidad líquida de Zygmunt Bauman. En nuestras latitudes, la realidad no fluye mansa e indolente; la realidad calcina.

Pero, advertencia al viajero: El mayor peligro intelectual en nuestro tiempo es confundir la anomia impuesta con la libertad creadora. Como teorizó Ernst Jünger frente a los totalitarismos del siglo XX, el hombre libre contemporáneo debe emprender "la emboscadura", ya no hacia el bosque físico, sino hacia la ciudadela inexpugnable de su propia psique. Negarse a odiar por decreto, apagar la pantalla del ilusionista y sostener el silencio reflexivo frente al ruido algorítmico. En el fragor de este siglo donde todo es guerra, la mayor victoria frente a las cenizas del consenso no reside en el combate simétrico, sino en la perseverancia de quien observa el incendio del mundo y le niega, radicalmente, el permiso de quemarle el alma.

Jesús Ernesto Parra

 

 

 

 


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