Pluma acústica | Manny Corchado: El cacique del pow wow
05/03/2026.- La figura de Manny Corchado representa uno de los capítulos más interesantes, aunque injustamente sombreado, de la era dorada del sonido latino en Nueva York. Percusionista aventajado, arreglista y director de orquesta, Corchado fue un ingeniero del ritmo, que supo navegar la transición entre el R&B, el jazz latino, el mambo y el explosivo surgimiento del boogaloo.
Manny no llegó a la música de carambola; a este pana le corría el sabor por las venas. Boricua de pura cepa, se mudó a la Gran Manzana siendo apenas un chamito, justo cuando la ciudad era un hervidero de ritmos. A finales de los años 50 y principios de los 60, el ambiente musical en esta urbe estaba caliente. Los músicos latinos estaban mezclando el mambo y el son con el R&B gringo, que daría como resultado el boogaloo, y Manny, que le daba a los timbales y a la percusión en general como una bestia, estaba en el sitio y en el momento indicados.
Trabajó con las grandes leyendas latinas del momento y eventualmente armó su propia orquesta, la cual dirigía de forma genuinamente genial. A diferencia de otros directores de orquesta que buscaban la elegancia de los grandes salones de baile, Manny buscaba el golpe seco, ese sonido crudo que se sentía en los clubes nocturnos más underground, donde los bailadores sudaban a chorros dejando el alma en la pista. Aunque es recordado como un percusionista de gran precisión, su comprensión de la armonía y la estructura musical lo posicionó rápidamente como un líder capaz de amalgamar diversas influencias.
Aprovecha el tiempo: su obra unigénita
Mientras otros puristas rechazaban el boogaloo (género que hemos detallado ampliamente en anteriores entregas de Pluma acústica) por considerarlo simple musicalmente, Corchado lo elevó, inyectándole arreglos de metales complejos y una percusión técnica que dignificaba el género. En esa época el boogaloo estaba mandando, pero lo de Manny Corchado era distinto. No era solo música para que bailaran los gringos; tenía una malicia y un montuno salvaje que obligaba al más tieso a sacudirse.
Si bien Manny Corchado se caracterizó por tener una carrera llena de colaboraciones con otros artistas, si tenemos que hablar de un palo musical que definió su carrera, ese es su único disco: Aprovecha el tiempo, lanzado en 1967 bajo el sello Decca. En este trabajo, Corchado logró lo que pocos: un equilibrio perfecto entre la sofisticación del jazz y el R&B y la energía cruda del barrio. Este disco es considerado una pieza de culto por coleccionistas, estudiosos del género y DJs. El tema que da título al disco y, sobre todo, números como Chicken and Booze y Pow wow, se convirtieron en himnos instrumentales de la calle.
El Pow wow y la pipa de la paz
Un pow wow es a los pueblos nativos norteamericanos lo que un bembé o un areíto a los pueblos originarios del Caribe: una reunión social para la celebración de una fiesta o ceremonia. El tema Pow wow, de Manny Corchado, no es solo una canción, es un manual de cómo se debe tocar un boogaloo con clase y con poder. Desde que arranca, con la marcha para llamar a la lluvia utilizada por los aborígenes norteamericanos, ya se sabe que lo que viene es candela. No anda con rodeos. Es un rayo caído del cielo, un ritmo que combustiona solo, marcando una vanguardia que mezcla el soul neoyorquino con el sabor del Caribe.
Se podría decir que el tema tiene tres introducciones: la primera, la antes mencionada marcha de la lluvia, acompañada por gritos de guerra aborígenes y un reef de metales poderoso. Luego, entran el piano y el bajo, con montuno y tumbao sincopados, dándole paso a la voz de Tito Jiménez, quien interpreta a un cacique que invita a la consolidación de la paz entre tribus por medio de la aspiración de la pipa de la paz, convidando, en una suerte de sincretismo, a “bailar la danza boogaloo”. Seguidamente, arranca el tema, nuevamente con una introducción de metales.
Otra característica importante de esta cabilla es ese golpe de batería seco, poco común en el boogaloo y en otros géneros latinos del momento. El piano es el que lleva la batuta. Es un montuno constante, repetitivo pero hipnótico, que abre las puertas al trance. Es un ritmo pesado que no necesita letra porque el instrumento está hablando por sí solo.
Otro detalle que eleva a Pow wow por encima del boogaloo promedio es la calidad de sus arreglos de vientos. Los metales en este tema no están ahí para adornar; entran como ráfagas. Tienen ese sonido de la calle, de la gente celebrando en un bloque del Spanish Harlem. En medio del clímax de la canción, suena, estridente, el toque de corneta que ordenaba la carga de caballería del Ejército de la Unión, lo que le da a la obra un aire de estar en una película de vaqueros. Hay momentos en que los saxofones y las trompetas rozan la disonancia del free jazz, pero regresan al orden del ritmo latino. Este “tira y encoge” musical genera una sensación de urgencia.
Pow wow sobrevivió al paso del tiempo porque no suena fechada. Mientras otros temas de boogaloo de 1967 hoy suenan ingenuos o simples, esta rola conserva una oscuridad y una elegancia que la hacen sonar moderna. Por eso es un estándar en las sesiones de DJs de rare groove y acid jazz en la actualidad.
El ocaso del cacique
Manny Corchado falleció dejando un vacío en la vieja guardia que entendía la música como una ciencia del sabor. Aunque su nombre no siempre figure en los mismos carteles de neón que el de Tito Puente o Ray Barretto, su influencia es palpable en cada arreglo que busca complejidad rítmica sin perder el swing callejero.
Manny murió sabiendo que dejó un disco que es una biblia para los salseros y los amantes del jazz latino. Su muerte no fue el final de su carrera, sino el inicio de una mística. Hoy, su discografía es objeto de estudio por su capacidad de sonar moderna, incluso después del paso de más de medio siglo.
Kike Gavilán
