Plaza Morelos | Editar a sor Juana en Venezuela

01/03/2026.- ¿Qué sería de un escritor sin sus editores? Todos los grandes poetas, novelistas, cuentistas y escritores en general han llegado a nosotros gracias a la labor discreta e incluso anónima de quienes pusieron a su servicio el arte de publicar libros. La obra es inseparable de su edición pues, para todo efecto práctico, una obra inédita es una obra que no existe. En este asunto parece ser cierta aquella máxima empirista de que nada más existe lo que es percibido. Si nadie o solamente dos o tres personas saben de la existencia de un manuscrito es como si no existiera. En el mundo de las letras una obra tiene un primer nacimiento cuando es escrita, pero termina de nacer cuando se hace pública y llega a los lectores. Es por eso que se le bautiza hasta el momento después de salir de la imprenta. Entonces, la labor del editor no será tan brillante, pero sí es tan necesaria como la del escritor. En algunos casos, la historia de la edición de un libro es tan interesante e importante como la historia de su escritura.

Todo eso queda demostrado por José Gutiérrez Reyna en su libro La invención de sor Juana (sus ediciones, sus editores, sus textos) (México, Lumen, 2025), una apasionante y muy bien documentada historia de las ediciones y los editores de la poeta mexicana de la época virreinal. Nos recuerda que sor Juana escribió sobre cocina, astronomía y música, entre otras muchas cosas. Sin embargo, la recordamos sobre todo como poeta, porque sus versos, a diferencia de otros escritos, sí llegaron a la imprenta y eso los preservó. Nos dice:

La preeminencia de sor Juana en el panorama de la literatura se debe, en buena medida, a que numerosos proyectos editoriales, tanto antiguos como modernos, tanto en América como en Europa, se han dado a la tarea de preservar, imprimir y difundir su obra. Su caso contrasta con el de otros autores novohispanos.

Estos, siendo igual de geniales, nunca vieron su obra impresa y por ello está perdida o solo se conservan pequeños fragmentos; o porque, aunque se imprimió, tuvo una circulación muy limitada geográficamente; o porque no ha despertado interés en tiempos más recientes y no hay ediciones modernas, razón por la que se quedaron como antigualla de biblioteca. En cambio, la obra de sor Juana fue impresa en vida, tanto en América como en Europa, y se constituyó en un verdadero best-seller, y a lo largo de los siglos ha seguido despertando interés y ha sido impresa una y otra vez.

Por ello, José Gutiérrez Reyna nos dice con lucidez: "El fenómeno de sor Juana es, ante todo, un fenómeno editorial". También explica:

Si bien sus ediciones realizadas en América no constituyen en modo alguno un caso extraordinario dentro de su contexto, es evidente que a la figura de sor Juana se le concedía una preminencia de la que no gozaba, ni por asomo, el resto de los poetas de su generación. Ya desde su primera publicación, los editores parecen afanarse por distinguirla del resto de los poetas de su ciudad y de su tiempo; empiezan a construir algo que podríamos llamar un personaje, a inventar a sor Juana.

Podemos deducir una conclusión clara: a sor Juana, como monstruo literario que trasciende los siglos, la inventaron sus editores, mexicanos y españoles, antiguos y modernos. Esta afirmación no implica un desmerecimiento de la calidad de su literatura, sino que busca poner de relieve la importancia de sus editores e impresores.

¿Por qué unos autores y libros reciben más atención de impresores y editores que otros? Es evidente que hay múltiples razones, que varían en cada caso, según el tiempo y el lugar. La calidad intrínseca de la obra es muy importante, pero obviamente no es el único factor. También cuentan el empeño del autor por promover su obra, al punto que muchos, entre ellos la propia sor Juana, fueron editores de sí mismos. También cuentan la fortuna o la ausencia de ella, y las conexiones con el poder económico, religioso y político, conexiones que tuvo al más alto nivel la poeta en cuestión, que fue dama de compañía favorita nada más y nada menos que de dos virreinas. El libro de José Gutiérrez Reyna es una apasionante y erudita historia de las ediciones de sor Juana y puede ayudarnos a responder la pregunta con la que comenzamos este párrafo.

Dentro de esa historia general, particularmente interesante es la de sus ediciones en Latinoamérica y el Caribe, y, aún más, en Venezuela. ¿Quién fue el primero en editar a sor Juana en la tierra de Bolívar, en qué año, en qué ciudad, qué criterios utilizó, cuál fue el tiraje, por qué lo hizo, cuál fue el impacto de la publicación? ¿Cuáles y cómo han sido las ediciones siguientes? Sin conocer aún esa historia por completo, podemos decir que ya es parte de ella su capítulo más reciente: la antología poética de sor Juana titulada Si acaso me contradigo, editada por la Embajada de México en Venezuela en 2024, la cual promoví en mi calidad de encargado de Asuntos Culturales de esa representación diplomática y en la que participé con un prólogo y en la selección de poemas.

Sor Juana es un manantial inagotable. En su tiempo la llamaron Ave Fénix por su gran capacidad de renovar su escritura. Después de su muerte, su obra sigue renaciendo en cada generación gracias a la labor de editores que llevan sus obras a la imprenta una y otra vez. Ser parte de esa historia es un inmenso privilegio.

 

Ismael Hernández


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