Historia viva | Las historias de Salom y el Carnaval de 1977

18/02/2026.- Salom Mesa Espinoza fue un hombre que soportó las torturas más infames que la dictadura de Marcos Pérez Jiménez pudo aplicar a ser humano alguno, un ser cuyo sino fue dedicarse a la lucha social y al socialismo como objetivo para redimir a la humanidad de injusticias impuestas por el sistema de explotación capitalista.

Muy pocas personas quedan de ese tiempo que puedan atestiguar lo que es una dictadura. En muchos libros permanecen los registros de algunas personas perseguidas y torturadas. El mismo Salom en su libro Por un caballo y una mujer narra cómo fue perseguido y torturado por la Seguridad Nacional. José Vicente Abreu escribió Se llamaba SN. Pedro Calzadilla Álvarez, en su libro El pabellón de los rojos, y Mercedes "Chela" Vargas, en sus memorias, narran las periferias de los escapes que sortearon para escapar de los esbirros de la dictadura. La joven dirigente de la Juventud Comunista llegó hasta a disfrazarse de monja para eludir a la policía política que le seguía los pasos, siendo estudiante de la UCV.

Basten estas lecturas para comprender lo que es una dictadura y el autoritarismo y no las fantasías que disfrazan políticos presos que, por haber cometido delitos —algunos muy graves—, ahora se endilgan el remoquete de "presos políticos".

Preso político fue Salom Mesa, quien, desde los barrotes del calabozo n.° A1 del Cuartel San Carlos, llamaba con firmeza a sus carceleros para algún requerimiento, o cuando los presos políticos de aquellas mazmorras hacían fanfarrias para reclamar por los tratos crueles contra prisioneros internos y Salom se les unía, con tal entusiasmo que sus gritos perforaban las entrañas de aquel cuartel de la indignidad, que retrató a un país sumido en violaciones a los derechos humanos.

Las visitas eran los miércoles y sábados. Entrábamos al cuartel por el pasillo izquierdo de la planta baja, con la vigilancia estricta de los guardias, quienes después de requisarnos daban la orden para ingresar en aquella celda fría y húmeda, donde el salón tenía una mesa y una máquina de escribir, algunos libros y carpetas para anotaciones, una cama y un par de sillas.

Eran más que visitas cordiales; aquellos encuentros se convertían en sesiones de trabajo para planificar las acciones que los combatientes del MEP, el PCV y La Liga Socialista organizaban, o los que motorizaron las organizaciones sociales, como la promoción de bachilleres del liceo Diego Bautista Urbaneja de Guaribe, los estudiantes de la UCV y los sindicatos u organizaciones gremiales que agitaban las calles para pedir la liberación de Salom y de David Nieves, como candidatos postulados a las elecciones de 1978.

eran tiempos cuando el gobernador de Caracas, y luego ministro de Turismo, Diego Arria, suspendió la salida de carrozas porque no había presupuesto para financiar las iniciativas barriales del Carnaval, a pesar de que el Estado venezolano había pagado sobreprecios de dos millones de dólares por la compra de seis aviones DC Douglas, en la que se vieron involucrados altos funcionarios del gobierno de Carlos Andrés Pérez, y que fueron denunciados por el propio Departamento de Justicia norteamericano, según recuperamos del Diccionario de la corrupción 1959-1979, y del diputado Siuberto Martínez, jefe de la fracción parlamentaria del MEP en el Congreso Nacional.

Este era el tipo de denuncia que hacía Salom Mesa cuando era diputado en el Congreso y que con seguridad integraría la Comisión Especial para investigar la atrocidad cometida por agentes de la Disip contra el dirigente socialista Jorge Rodríguez (padre) al asesinarlo el 25 de julio de 1976.

 

Aldemaro Barrios Romero


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