34 años del 4F: Chávez, raíz de la dignidad y la lucha presentes
El Comandante Chávez sembró dignidad y el pueblo sostiene la lucha por la soberanía
04/02/26.- Hace 34 años, Venezuela amaneció con un grito de rebeldía que marcaría para siempre su historia contemporánea. El 4 de febrero de 1992, un grupo de militares patriotas, encabezado por el entonces teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías, se alzó contra el sistema político agotado, corrupto y entreguista que había sumido al pueblo en la miseria y la desesperanza.
Aquel “por ahora” quedó grabado en la memoria colectiva y se convirtió en semilla de esperanza, en símbolo de dignidad y en punto de partida de un proceso revolucionario que, 34 años después, sigue marcando el rumbo de la nación.
Para los venezolanos, el 4F representó el despertar y esta fecha no puede comprenderse sin mirar el panorama político, económico y social que atravesaba Venezuela en las décadas de los años ochenta y noventa. Fue un tiempo marcado por la crisis del modelo de democracia representativa, el colapso del sistema de partidos tradicionales y el sufrimiento de un pueblo que había sido relegado y reprimido.
La crisis del modelo político
Desde finales de los años setenta, el sistema bipartidista —Acción Democrática y Copei— había perdido legitimidad. La corrupción, el clientelismo y la incapacidad de responder a las necesidades populares generaron un profundo desencanto. La llamada “democracia puntofijista” se mostraba agotada, incapaz de ofrecer soluciones a la creciente desigualdad.
Por su parte, la década de los años ochenta estuvo marcada por la crisis de la deuda externa y la imposición de políticas neoliberales dictadas por organismos internacionales. El Gobierno de Carlos Andrés Pérez, en su segundo mandato, aplicó un paquete de medidas económicas que incluyó la liberación de precios, el aumento de la gasolina y el transporte, y la reducción del gasto social. Estas medidas golpearon duramente a los sectores más pobres.
El Caracazo: preludio de la rebelión
El 27 de febrero de 1989, el pueblo salió a las calles en protesta contra el paquete económico. La respuesta del Estado fue brutal: miles de venezolanos fueron asesinados en lo que se conoce como el Caracazo. Este hecho marcó un quiebre definitivo entre el pueblo y las élites políticas, y dejó en evidencia la incapacidad del sistema para sostenerse sin recurrir a la violencia.
En medio de ese panorama, un grupo de militares jóvenes, inspirados en el pensamiento bolivariano y en la necesidad de justicia social, comenzó a organizarse en el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200). Su objetivo era transformar la República, devolverle al pueblo la soberanía y construir un proyecto político distinto. Entre ellos se encontraba el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías, rostro visible de la rebelión.
El 4F como respuesta histórica
En la madrugada del 4F, ese movimiento decidió actuar. Aunque la acción militar no logró sus objetivos inmediatos, el mensaje trascendió.
El “por ahora” pronunciado por Chávez fue interpretado por millones de venezolanos como una promesa de futuro, como la certeza de que la lucha apenas comenzaba.
El 4F fue la respuesta histórica a un sistema agotado y la apertura de un nuevo ciclo político en Venezuela. No fue un hecho aislado, sino el inicio de un proceso histórico que devolvió al pueblo la confianza en sí mismo y en su capacidad de decidir su destino.
La rebelión militar se transformó en movimiento político, y el movimiento político en proyecto de país. Chávez supo convertir la derrota táctica en victoria estratégica, sembrando la semilla de un nuevo modelo de justicia social, participación y soberanía.
Chávez, símbolo de un nuevo tiempo
La figura de Hugo Rafael Chávez Frías emergió en la historia venezolana como el referente de un proyecto distinto, capaz de transformar la indignación en organización y la rebeldía en propuesta política. Su liderazgo no nació de la casualidad, sino de un contexto marcado por la crisis del sistema político, la exclusión social y la necesidad de un nuevo horizonte para el pueblo venezolano.
El 4F Chávez se dio a conocer ante el país como el rostro visible de una rebelión que cuestionaba el orden establecido. Su mensaje sincero, valiente y sin máscaras conectó de inmediato con millones de venezolanos que se reconocieron en su voz y en su visión de patria soberana.
En un país donde la política se había convertido en privilegio de élites, Chávez irrumpió como la voz de los invisibilizados, de los que nunca habían tenido representación real en las decisiones nacionales.
Chávez supo transformar aquella derrota táctica en una victoria estratégica. Su mensaje pronunciado ante las cámaras se convirtió en símbolo. Fue la promesa de que la lucha apenas comenzaba, y que el pueblo tendría un papel protagónico en la construcción de su destino. Esa frase breve, cargada de dignidad, abrió un camino que años después desembocaría en la Revolución Bolivariana.
El Comandante no solo fue un líder militar que se rebeló contra la injusticia, sino que se convirtió en catalizador de un movimiento político y social que trascendió las fronteras de los cuarteles. Su capacidad de conectar con el pueblo, de hablarle con sencillez y de transformar el dolor en organización, lo consolidó como líder político. Años después, esa conexión lo llevaría a la Presidencia de la República, donde impulsó un proyecto de transformación nacional basado en la justicia social, la soberanía y la participación popular.
La lucha hoy
A 34 años de aquel amanecer del 4 de febrero de 1992, Venezuela enfrenta nuevos desafíos que ponen a prueba la resistencia y la conciencia de su pueblo. Estos ataques no son casuales, forman parte de una estrategia para debilitar el proyecto iniciado el 4F y consolidado con la Revolución Bolivariana.
Frente a estas agresiones, el espíritu del 4F se mantiene intacto. Cada joven que se organiza en su comunidad, cada trabajador que defiende la producción nacional, cada mujer que lidera procesos sociales y cada barrio que se moviliza por la paz son expresión de esa continuidad histórica.
La lucha actual es heredera directa de aquella gesta: la misma bandera de dignidad, independencia y justicia que Chávez levantó, hoy se sostiene frente a las dificultades y presiones externas.
El 4F es memoria, pero también presente y futuro. Es recordatorio de que la historia la escriben los pueblos cuando deciden levantarse. 34 años después, el pueblo venezolano ratifica que la lucha continúa, que la esperanza sigue viva y que la Revolución Bolivariana es el camino de la dignidad.
NAILET ROJAS / CIUDAD CCS
