Mundo alerta | La guerra que Venezuela evitó

02/02/2026.- El 9 de diciembre de 2025, cuando el diario colombiano El Tiempo reportó que aviones de combate norteamericanos sobrevolaron el espacio aéreo de Venezuela, algunos analistas internacionales advirtieron la posibilidad de una guerra híbrida, una vieja estrategia militar cuyo modelo clásico es el de un ejército poderoso que provoca a otro más débil para que lo agreda y así justificar una invasión.

En teoría, el ejemplo sugiere conjeturas relevantes. Venezuela, con armamento adecuado y pleno derecho a defender su soberanía aérea, marítima y territorial, se abstuvo de responder militarmente, porque la guerra no es solo heroísmo; también es prudencia y sabiduría. Así, el país le ahorró al mundo un conflicto armado con participación de ejércitos de Estados Unidos y Latinoamérica.

Sin embargo, la sabia decisión venezolana no impidió que la amenaza norteamericana se convirtiera en acción el 3 de enero de 2026, cuando Estados Unidos secuestró al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, acusándolo de liderar el Cartel de los Soles, que, según el Departamento de Estado, "no existe", aunque "nació en Colombia", de acuerdo con el mandatario de ese país, Gustavo Petro. Ello significa que Estados Unidos también podría capturar al presidente neogranadino, no por una razón, porque no la hubo, sino con un pretexto que cada día luce más inverosímil y menos comprometido con la verdad: el narcoterrorismo sin pruebas visibles, salvo las imágenes dramatizadas con inteligencia artificial.

A juicio de varios analistas, los pasos seguidos por el presidente Donald Trump confirman la difundida sospecha de que su verdadero interés es el petróleo, pues Venezuela —al igual que Colombia, México y Brasil— es productora del codiciado hidrocarburo. El problema no es solo del Estado, de los poderes públicos y los partidos políticos; es también de los medios y de los profesionales de la comunicación social.

Tal vez ha llegado el momento de concertar un esfuerzo entre gobierno, propietarios de medios y comunicadores para cambiar la épica por la ética periodística y devolverle al país su tranquilidad, secuestrada por las fake news que deforman la realidad con fines sensacionalistas. De eso sabe bastante —y me consta, porque lo conozco hace veinte años— el colega, amigo y ministro de Información, Miguel Ángel Pérez Pirela, a quien felicito tardía, pero sinceramente, por su designación.

 

Raúl Pineda


Noticias Relacionadas