Federico Ruiz Tirado: Atreverse a pensar es una forma de luchar
Obtuvo Premio Aníbal Nazoa por su columna de opinión Letra Veguera
08/09/26.- Con una trayectoria labrada al calor de la poesía, el ensayo y la comunicación política, Federico Ruiz Tirado se posiciona como una de las miradas más agudas y profundas de la narrativa venezolana contemporánea.
Reconocido recientemente con el premio Anibal Nazoa por su labor periodística, el cronista aborda las claves del pensamiento crítico, el papel de la memoria popular y los retos éticos que demanda el periodismo de opinión en la actualidad.
Entender el ejercicio reflexivo de un comunicador exige indagar en sus cimientos personales; para el escritor, recibir un galardón que honra la agudeza y la honestidad periodística transciende lo formal para convertirse en una ratificación de su propia historia de vida, forjada en anaqueles, persecución política y el hábito ineludible de la lectura.
“Es un compromiso conmigo mismo, siempre lo ha sido. Nací en una biblioteca que albergaba una casa”.
Tirado narra que su madre fue maestra y le enseñó a leer, creció escuchando de su voz la poesía de Rubén Darío y algunos clásicos, porque le encantaba la rima, su padre fue un lector investigador de la historia regional y nacional, periodista y poeta, que se hizo novelista en la prisión de Puerto Ayacucho, confinado por la dictadura de Pérez Jiménez.
“En ese hogar era imposible no opinar sobre la cotidianidad y cuando nos hicimos mayores, editábamos en multígrafos periodiquitos políticos, humoristas y textos de historia”.
Nacimiento de “Letra Veguera”
En un ecosistema mediático sobreexpuesto al ruido digital y a la superficialidad, la columna de opinión se erige como una trinchera contra el panfleto. Ruiz Tirado rememora los antecedentes de su espacio habitual en las páginas de Ciudad CCS y expone la necesidad de revalorarizar la verdad frente a las dinámicas de tergiversación actual.
“El periodismo y por ende el periodista, están rodeados de una enfermedad generada por las redes sociales, la contaminación de la cual se escapan aquellos que comprenden que la verdad, o eso que llaman veracidad de los hechos, sus orígenes y sus causas”.
Con esta mirada analítica, el galardonado enfatiza que la labor del columnista no consiste en sumarse a la inmediatez o al ruido de las redes sociales, sino en desentrañar las causas profundas de la realidad. Para el autor, convertir la verdad en un principio ético permite contrarrestar la banalización de la información y ofrecer al lector un espacio de resistencia intelectual frente a los discursos dominantes.“Vivimos en una época de guerras múltiples que se basa en “normalizar” la mentira, la estafa, la timación y lo banal, para desestimar la capacidad crítica, los sentimientos nobles y herir mortalmente la psiquis humana, animal y vegetal.
"Si el periodismo lo ejercemos como un principio, estaríamos dándole la vuelta a la cultura y a las ambiciones de los poderosos”.
Fue precisamente bajo esta premisa de confrontar la inmediatez mediática que comenzó a cobrar forma su propio espacio de opinión. Ruiz Tirado rememora que la columna Letra Veguera surgió tras un intercambio de ideas con el presidente Hugo Chávez y colegas como Mercedes Chacín y Felipe Saldivia. Aunque nació con la intención inicial de emular la oralidad llanera, con el tiempo se transformó en un alegato permanente contra todo aquello que adversó. “Mi columna Letra Veguera nació con un propósito que no cumplí, que era hablar como un llanero, y se fue transformando en un alegato, mas no un panfleto, contra todo lo que adverso, Fue Roberto Malaver y Mercedes quienes me invitaron a participar. Años antes y Ernesto Villegas me publicaban semanalmente, pero la columna no tenía nombre”.
Desafío creativo ante la página en blanco
Someter la escritura al ritmo apremiante de la coyuntura informativa representa uno de los mayores desafíos para todo columnista, lejos de dejarse paralizar por todo el abismo del papel vacío, el autor encuentra en la observación nocturna la sensibilidad cotidiana a las herramientas fundamentales para armar un discurso.
“La página en blanco es un fantasma que no me asusta, desde el 03 de enero de este año, el bombardeo llenó de ruidos, balas y armas supersónicas llenaron esa blancura del papel. Son mis armas, las utilice o no. Pienso y escribo mientras me duermo con un ojo abierto y el otro cerrado. La otra noche me quebrantó el ladrido de un perro. Me comí una arepita que había dejado en la casa, llamé por teléfono a mi hermano y nos echamos a reír hasta el amanecer”.
En estas reflexiones se evidencia que la escritura de opinión es una gimnasia constante de observación que no se detiene ni en las horas de descanso. La convivencia entre la crudeza del panorama nacional y la cotidianidad de un recuerdo nocturno refleja el sello distintivo de su prosa: un ejercicio narrativo que humaniza la coyuntura informativa y convierte la experiencia íntima en un acto de resistencia y creatividad.
Pensamiento crítico, trinchera y debate público
La labor analítica no pretende adoctrinar, sino aportar herramientas conceptuales para que los lectores formen sus propias certezas. Al abordar los episodios de confrontación política y mediática que ha enfrentado a lo largo de su carrera, Ruiz Tirado resalta la validez del debate sin renunciar a las convicciones.
"Somos un país cuya Constitución nos otorga el derecho a la libertad. Cuando Chávez, él opinaba por la mayoría de nosotros sobre temas escabrosos. Hoy, el gobierno norteamericano se ha apoderado por la vía de la coerción, de muchos mecanismos. Delcy Rodríguez ha dicho que en algún momento se pondrán las cartas sobre la mesa. Mientras, es conveniente atreverse a pensar, que es una forma de luchar, como rezaba una revista editada por Cortázar, García Márquez, Carlos Fuentes y otros intelectuales de la época. El periodista de opinión no busca imponer lo que se debe pensar, sino proporcionar un marco analítico fundado en hechos para que la audiencia ejerza su propio criterio."
De esta manera, el autor concibe el atreverse a pensar como una herramienta de emancipación intelectual, vinculándola con la tradición latinoamericana de las grandes plumas críticas. No obstante, Tirado reconoce que asumir una posición en el debate público tiene consecuencias concretas dentro de un escenario mediático fuertemente polarizado, donde la controversia a menudo trasciende lo ético para convertirse en señalamientos personales.
"Yo una vez quise polemizar con Ramón Guillermo Aveledo, pero él se encompinchó con Nelson Bocaranda y Rafael Poleo y me hicieron una acusación en Z que asustó a mis hijos y a mi mamá. Dijeron que yo era un talibán que traficaba con euros para la causa palestina."
Para el autor, el registro diario de los hechos es una decisión política orientada a defender la vivencia popular frente a la fragilidad del archivo histórico. explicó que "Voces de una sección que habla, narra, escribe, hace mapas ideológicos, históricos. Creo que desde allí acompañamos a quien nos lee y nos escucha. Al enemigo "ni un tantito así"."
Respecto al género de la crónica, el ensayista la define como un acto de reparación histórica que rescata la voz del ciudadano de a pie. Al asumir el compromiso de plasmar la cotidianidad con sensibilidad poética y rigor crítico, la escritura se transforma en un refugio para la memoria social, impidiendo que el olvido disuelva las vivencias populares que le dan forma a la identidad de un país.
“La crónica registra la vivencia del ciudadano común, le da nombre y rostro a la cotidianidad, capta el lenguaje de la calle y sus complejidades que la historia académica posterga. Redacta el calor de los hechos."
"La crónica es como la poesía que oxigena al ser vivo. Cuando la memoria se fragmenta, la crónica la re-arma como un lego que respira. Le da rostro a lo cotidiano, a lo escondido. Escribir el día a día no es un simple ejercicio de registro informativo, es una decisión política de fijar en la memoria colectiva aquello que las estructuras de poder preferirían desaparecer con el paso del tiempo”.
ORIANNA GONZÁLEZ / CIUDAD CCS
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