Letra veguera | La metamorfosis del progreso
Por Federico Ruiz Tirado
19/08/2026.- La narrativa del "progreso", que en su momento articuló Henrique Capriles cuando fue candidato, funcionó como una cuidada envoltura discursiva. Sin embargo, detrás de esa construcción retórica subyacía un historial político cuyas raíces han quedado fijadas en la memoria colectiva venezolana, desde las reveladoras imágenes de los sucesos de abril de 2002 y del golpe de Estado hasta las primeras etapas fundacionales de Primero Justicia, marcadas por un perfil ideológico fuertemente conservador y respaldadas económicamente en los años noventa desde la Pdvsa de entonces por la madre de Leopoldo López.
Identidad ideológica y pragmatismo político
Los sectores de la derecha tradicional venezolana han tendido a rechazar etiquetas como "extrema derecha" o "conservadurismo opresivo", sobre todo ahora cuando saben que deben rendir cuentas tanto a Trump como a la comisión dirigida por Jorge Rodríguez.
Han convertido la corrupción en un hecho "normal" de la mano de Juan Guaidó, jefe de la banda, pero argumentan que sus propuestas buscan la modernización y no el retorno al pasado.
No obstante, el discurso que combinaba apelaciones a la fe con la muletilla del "progreso" operó más como una estrategia de neutralización ideológica que como una propuesta de fondo, al estilo Trump y Rubio, cuando proclaman el cambio de régimen después del bombardeo del 3 de enero y sus constantes amenazas.
Efectos del conservadurismo y del pragmatismo político mostraron, a lo largo de las últimas dos décadas, dinámicas que la crítica sociopolítica suele vincular a proyectos autoritarios: la definición explícita de un adversario, la construcción de la política a través de la polarización tajante y violenta y la descalificación del contrario.
El uso instrumental de la crisis
La apelación a salidas de fuerza o rupturas institucionales en coyunturas decisivas marca sus acciones.
La imposición de un nuevo orden socioeconómico y las propuestas de reestructuración del Estado alineadas con dogmas de mercado severos bajo la fachada de la modernización son emblemas de las políticas que dirigen el emperador y sus multinacionales contra Venezuela.
El peso de los antecedentes históricos
El recuerdo del 11 de abril de 2002 y las alianzas coyunturales de aquel período —representadas en figuras como Pedro Carmona Estanga— permanecen en el debate político como un recordatorio del riesgo de derivas autoritarias. Aquellos episodios demostraron cómo, bajo la promesa de una "reorganización" o "reconstrucción nacional", pueden germinar esquemas de exclusión y de quiebre democrático. En ese episodio también estuvo Estados Unidos.
A la luz de los años transcurridos, el análisis de estos liderazgos y de sus lemas electorales revela que el concepto de "progreso" no era neutro: respondía a una visión rígida de la sociedad en la que la confrontación y la reestructuración del Estado primaban sobre el consenso democrático.
Ahora se habla más directamente y con descaro del Estado 51 o del Protectorado.
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