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Caracas, una hechicera inolvidable | Sin real, no hay paraíso

Por José Antonio Ramírez

09/08/2026.- "Cuentas claras conservan amistades", reza el refrán venezolano. Recientemente, el secretario general del Partido Socialista Unido de Venezuela, Diosdado Cabello, afirmó en rueda de prensa que los países "deudores con Venezuela" deberán ponerse al corriente.

Esta declaración viene precedida por el Acuerdo de Petrocaribe, impulsado por nuestro país para permitir a las naciones latinoamericanas y del Caribe adquirir millones de barriles de petróleo a Venezuela. Los hechos históricos así lo demuestran, tanto durante el período del comandante Hugo Chávez como durante el del presidente constitucional Nicolás Maduro.

El mencionado convenio permitió alimentar la industria energética de esos países con créditos a corto y mediano plazo. En resumen, fueron deudas que crecieron con el tiempo y que gobiernos como los de Uruguay y Paraguay se han negado a cancelar.

Sin embargo, es imperativo para nuestro país comenzar a cobrar esos montos, pues, por la ambición desmedida, Donald Trump y su gobierno guerrerista no han perdido oportunidad para expoliar los recursos del pueblo bolivariano y apostar al quiebre de la economía del Estado.

Trece mil millones de dólares estadounidenses —¡se dice fácil!— han ido a parar directo a los bolsillos de Donald —el locotropo— Trump. ¡Ja, ja, ja!, se ríen a más no poder los gringos mientras el petróleo de Venezuela fluye sin parar hacia su nación.

Significa que Estados Unidos todavía nos sigue cobrando la deuda que, según declaraciones de su pedófilo mandatario, asciende a 40 mil millones de los "verdes", ¡sin ton ni son! La información fue a su vez "confirmada" en una investigación publicada recientemente por el periódico norteamericano Financial Time, citado por el político venezolano Claudio Fermín, quien explicó que la deuda estimada por Trump responde a los costos de la incursión de los marines y el secuestro de Maduro.

¿En apenas seis meses?, se preguntará usted. Así es, compadre. Ante la somera idea de que los yanquis nos iban a ayudar a financiar nuestra deuda o a dinamizar la economía del país en un mar de prosperidad, de felicidad plena y nadando en inversiones extranjeras, el resultado ha sido un rotundo ¡no!

Como dijo alguien una vez: ¡O sea, me iría demasiado! Y es que, ¡ajá!, recibamos un golpe de realidad: ¡no queda ni para eso! A Venezuela le tocaron solo 346 millones de dólares estadounidenses de la torta completa de los 13 mil millones de dólares. Así lo declaró la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien confirmó la cifra millonaria emitida por el Fondo Monetario Internacional (FMI), correspondiente a los recursos de Venezuela que reposaban en sus bóvedas.

Mientras tanto, surge una incógnita generalizada en el pueblo de a pie; sí, ese mismo al que el Gobierno Bolivariano está llamando al diálogo por la paz. El mismo de las comunidades, calles, barrios, ciudades y urbanizaciones. Ellas y ellos se preguntan: ¿adónde fueron a dar los recursos del país? Es un secreto a voces. Todo el mundo se pregunta: ¿dónde están los reales?

Entre tanto, el show sigue: limosnas de un tesoro que se traduce en oro negro desde Juan Vicente Gómez, el mismo acólito de la doctrina Monroe, que entregó regalado el petróleo a EE. UU. a cambio de unas monedas.

Cuestionar es elemental para cualquier persona pensante. Deberíamos reconsiderar: ¿quién se está quedando con todos los billetes del país? ¿Por qué Estados Unidos no entrega cuentas claras a Venezuela? ¿Cómo se sostiene la economía del Estado? Entonces sabremos la respuesta. Fácil, ¿no?

Cierro esta columna con una afirmación del presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin: "El neocolonialismo es el vergonzoso legado de siglos de saqueo y explotación a los pueblos de África, Asia y América Latina".