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Araña feminista | Más que construir casas, el desafío es...

La red de vida


Por Alejandra Laprea

MMM-Venezuela

03/08/2026.- En estos días he comprendido más que nunca el significado de territorio. Una comprensión que surge de oír testimonios cargados de dolor y de deseo de volver a La Guaira. ¿Volver a qué? Me preguntaba, y es entonces que el concepto de territorio como lo hemos desarrollado desde los feminismos se encarna. Es así que en cada anhelo de volver a La Guaira, en cada obstinada determinación de quedarse allá, me doy cuenta de que 'territorio' no es solo un espacio geográfico.

'Territorio' es lo que alberga nuestras formas de organizar la vida, nuestros recuerdos, costumbres, nuestra espiritualidad, donde en definitiva se extiende la red que sostiene la vida, y a esto es que quieren regresar, esto es lo que quieren reconstruir no solo en La Guaira, sino en todos los lugares afectado por el doble terremoto del 24 de junio.

Tengo una amiga que con mucho dolor me contó lo que significó tener que dejar su casa después de 40 años. 40 años acomodándola en un sinfín de detalles, convirtiéndola en hogar. Casa y hogar no es lo mismo. La casa está compuesta de paredes y techo; en cambio, hogar es ese sitio donde te sientes querida, segura y en el que guardas recuerdos; es un espacio cálido donde levantas un proyecto de vida. Además, el hogar es parte de una comunidad y, nuevamente, 'comunidad' no es lo mismo que barrio o urbanismo. En la comunidad encontramos “cosas comunes” con gente con quienes tenemos proyectos y formas de ver el mundo común.

Es así que mi amiga quiere volver a reconstruir su hogar y comunidad. Porque el doblete sísmico derribó casas y sepultó amigues, familiares, lugares que albergan recuerdos, pero no destruyó La Guaira como territorio que tiene su propia red de vida. 

Mi amiga, así como tantas otras personas, quiere volver a levantarse y oler el mar en el aire que respira. Añora el calor y lo que significa poder pensar que en un salto puede estar en la playa. Quiere recordar con sus amigas a quienes no están y seguir viendo crecer a quienes continúan en esta vida. También siente que debe estar allá con las personas que se quedaron y apoyarlas, aunque sea solo con un abrazo.

A pesar de todo lo que hemos vivido en la última década, o mejor dicho por lo que hemos vivido en esta última década es que somos capaces de ver en estos terribles momentos intersticios de esperanza. En los próximos meses tenemos la oportunidad de evaluar los urbanismos, no solo como obras de ingeniería y arquitectura, sino como espacios que tienen que dar cobijo a comunidades. Definitivamente, el cómo distribuimos los espacios comunes dentro de las casas o a qué destinamos los espacios comunes tiene su impacto en la forma como nos relacionamos, como producimos, cómo y quiénes cuidan, a qué dedicamos el tiempo de ocio y quiénes tienen acceso real a la recreación, deportes, etcétera. 

Podemos abrir ventanas a la oportunidad de imaginarnos comunidades mejores. Esto no es pensar solamente en viviendas más resistentes a sismos u otras contingencias naturales, también es pensarnos los espacios comunes, manejo sostenible de residuos, servicios públicos, socialización de trabajos de cuidados, etcétera.

Así que el desafío que enfrentamos es mucho más que levantar viviendas. Tenemos por delante el reto enorme de remendar y hacer más fuerte la red que sostiene la vida, levantar comunidades donde las personas puedan construir hogares, y tener vidas más dignas, felices, y esto no solo en La Guaira, sino en todos los estados que fueron afectados por el doblete sísmico.

AGRADECIMIENTO:

A todas las mujeres, militantes feministas, militantes de la vida que desde el 25 de junio están poniendo el cuerpo para brindar consuelo y contención a las personas afectadas por el doblete sísmico. Más de un mes dando apoyo psicológico. Más de un mes movilizadas para proveer de artículos para el manejo de la menstruación. Dando apoyo especial a las mujeres embarazadas, lactando o cuidadoras de personas dependiente. Más de un mes contribuyendo con el establecimiento de refugios libres de violencia machista.

Y, por supuesto, a todas las personas que se sumaron a los equipos de rescate y salvamento, a las cocinas solidarias, las cadenas de transporte, etcétera.

A las funcionarias y funcionarios públicos que pusieron antes de su propio miedo, dolor y duelo, su deber.