Caracas, 01 de agosto 2026
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Diálogo en Venezuela: de la coyuntura a la política de Estado

Un recorrido por la voluntad institucional de negociación desde el inicio de la revolución

La Asamblea Nacional abre nueva etapa de trabajo conjunto este 1° de agosto.

31/07/26.- En la historia política venezolana, las grandes encrucijadas casi siempre han exigido un retorno a lo fundamental: la capacidad de hablar, negociar y acordar en función del interés nacional. El escenario político abre este 1° de agosto de 2026 un capítulo de profunda relevancia institucional. Con el inicio formal de la hoja de trabajo conjunta entre la Asamblea Nacional y exintegrantes del parlamento del período 2015-2020, el mapa político busca reconfigurarse no a partir de esquemas paralelos, sino desde el reconocimiento mutuo y la búsqueda de estabilidad duradera.

Este proceso responde a un movimiento estructural madurado con discreción en el seno de la política nacional. Muestra de ello fue el primer encuentro público que sostuvieron el presidente del Poder Legislativo, Jorge Rodríguez Gómez, y la representante parlamentaria de ese secreto r de la oposición, Dinorah Figuera, pocos días antes del evento telúrico del 24 de junio. Aquella reunión inicial sentó las bases formales para restablecer los canales de comunicación entre ambas fuerzas. Posteriormente, la ocurrencia del sismo y la necesidad de una respuesta unificada frente a la contingencia sirvieron como un elemento que aceleró la máxima urgencia social a este mecanismo de articulación.

Fue en ese contexto de reconstrucción cuando la Asamblea Nacional emitió el pasado 14 de julio un comunicado oficial donde Jorge Rodríguez apeló a la convivencia democrática, destacando que "solo en unión podremos avanzar en la reconstrucción y en el mantenimiento de la paz", fijando este 1ero de agosto para la instalación formal de las mesas de trabajo.

El avance de esta iniciativa generó reacciones en el plano internacional. El Departamento de Estado de los Estados Unidos respaldó el acercamiento entre las partes e indicó que la agenda abordará aspectos clave vinculados al fortalecimiento de las instituciones democráticas, el desarrollo del arbitraje electoral y las garantías para la participación política.

Esta nueva etapa tiene como vocera y articuladora de la contraparte opositora a Dinorah Figuera, médica cirujana egresada de la Universidad Central de Venezuela con una conocida trayectoria parlamentaria y social. Su rol en este esquema no busca encender viejas diatribas partidistas, sino encauzar las propuestas de su sector e integrarlas a las comisiones mixtas de evaluación institucional y desarrollo socioeconómico, formalizando el retorno de su sector a la dinámica nacional.

Respaldo del Ejecutivo Nacional

En ese mismo sentido, la presidenta de la República, Delcy Rodríguez, fijó posición sobre la evolución de este proceso durante una entrevista concedida al medio La Derecha Diario TV. La mandataria enfatizó la necesidad de una postura soberana al señalar que "el diálogo político en Venezuela debe ser un diálogo de apellido venezolano, un diálogo nacionalizado; de nada han servido los llamados facilitadores internacionales".

Rodríguez argumentó que la dinámica política actual exige que la interlocución se dé exclusivamente dentro del país:

"Ahora el diálogo político es entre los venezolanos y las venezolanas. Yo he pedido la nacionalización del diálogo para que todos los factores políticos empiecen a pensar primero en el país y luego en intereses o compromisos internacionales que puedan tener", remarcó.

Esta afirmación sintetiza el giro estratégico hacia el consenso interno y constitucional.

Dos décadas de procesos demuestran que el entendimiento se construye dentro del país.

Asimismo, recientemente, durante la habitual rueda de prensa del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), su secretario general, Diosdado Cabello, fue claro al reiterar que la disposición al entendimiento ha sido una constante de la Revolución Bolivariana siempre que se respete de forma irrestricta la soberanía y la Constitución.

"Nosotros hemos dicho: hablamos con quien sea. Dialogar no significa capitular. Nosotros vamos unidos en un solo bloque con una sola propuesta: la paz de este país, el levantamiento de las sanciones y el respeto a la Constitución. Tenemos argumentos de sobra para el debate", refirió Cabello el pasado 27 de julio.

La vía democrática se afianza como pilar de la soberanía nacional.

Cronología del diálogo

Y es que para comprender la trascendencia de lo que inicia este sábado, es necesario mirar en perspectiva el camino recorrido durante los últimos 24 años. La voluntad de negociar no ha sido un recurso coyuntural, sino una doctrina ininterrumpida que ha atravesado momentos complejos de la historia reciente.

Tras el golpe de Estado de abril de 2002, fue el propio presidente Hugo Chávez quien, con la Biblia en la mano y llamando a la cordura, abrió las puertas de Miraflores para instalar la Mesa de Negociación y Acuerdo junto a la OEA y el Centro Carter. Pese al sabotaje petrolero que paralizó al país entre 2002 y 2003, el Ejecutivo mantuvo abierta la interlocución hasta lograr la firma de un consenso de 19 puntos que encauzó las diferencias por la vía constitucional del referéndum de 2004.

Aquel hito sentó un precedente que se sostuvo a lo largo de los años. El Gobierno Bolivariano mantuvo abiertos los canales de entendimiento político en diversos escenarios. Entre 2007 y 2008, cuando el Ejecutivo promovió medidas de amnistía política para pacificar el debate interno tras la reforma constitucional; o durante el ciclo 2011-2012, cuando el presidente Chávez, enfrentando complejas circunstancias personales de salud, instó a la oposición a comprometerse con el respeto a las instituciones electorales y el acatamiento de la voluntad popular en los comicios de ese año.

La disposición al diálogo siempre ha estado sobre la mesa.

Maduro siempre abierto al diálogo 

Esa misma orientación fue continuada por el presidente constitucional Nicolás Maduro. En 2014, en medio de las acciones violentas conocidas como "guarimbas", el jefe de Estado convocó la Conferencia Nacional por la Paz, transmitida en cadena nacional. En esa oportunidad recibió, en el Palacio de Miraflores, a los sectores más críticos de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) con el acompañamiento de la Unasur y el Vaticano. En 2016, esa iniciativa derivaría en las mesas de trabajo facilitadas por el enviado papal Claudio María Celli y el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero.

Sin embargo, el camino del diálogo también ha conocido de tropiezos provocados por la inflexibilidad de sectores extremistas. El episodio más ilustrativo ocurrió en República Dominicana, entre 2017 y 2018, bajo la gestión de Danilo Medina. Tras meses de negociaciones en Santo Domingo, donde la delegación gubernamental liderada por Jorge Rodríguez consensuó un texto definitivo sobre garantías electorales. El vocero opositor, Julio Borges, se negó a firmar el documento en el último minuto, dejando sobre la mesa un acuerdo que recogía las exigencias de su propio sector.

Poco después, la etapa del "guaidoísmo" en 2019, acompañada por la imposición de sanciones unilaterales y el congelamiento de bienes venezolanos en el exterior, buscó romper la Diplomacia Bolivariana de Paz. Aún en ese escenario, el Ejecutivo aceptó la mediación del Reino de Noruega para instalar conversaciones en Oslo y Barbados, demostrando la paciencia política y disposición del Estado.

En los años más recientes, esa perseverancia derivó en la firma de los Acuerdos de México y Barbados entre 2021 y 2023, donde se pactaron avances en materia de derechos políticos y protección social.

Ya en 2024 el debate volvió a su cauce natural dentro del territorio venezolano mediante el Gran Diálogo Nacional convocado por la Asamblea Nacional, el cual reunió al 97% de las organizaciones políticas del país para consensuar el calendario electoral; un consenso del que se autoexcluyeron sectores radicales, encabezados por María Corina Machado, al negarse a firmar el compromiso de reconocimiento a los resultados emitidos por el CNE.

Una vez más la respuesta unificada del país intentará reorientar la dinámica política hacia el bien común.

Hoy la historia parece dar la razón a la perseverancia institucional. Al repasar las alocuciones históricas de los líderes revolucionarios, desde aquel icónico "llamó al diálogo, a la cordura, al debate constructivo" de Hugo Chávez, el 14 de abril de 2002, hasta el categórico "si para buscar la paz tengo que reunirme con quienes nos adversan, lo haré una y mil veces" pronunciado por Nicolás Maduro en 2014, se evidencia que la hoja de ruta que arranca este mes de agosto es el resultado de una convicción de larga fecha.

El inicio de estas mesas de trabajo no representa simplemente un trámite político, significa la consolidación del Poder Legislativo venezolano como el único epicentro legítimo para la política nacional.

Tras años de ensayos paralelos y episodios de alta confrontación, la reconstrucción del país y el restablecimiento de las relaciones políticas se han encontrado en un mismo espacio de civismo, demostrando que en Venezuela los acuerdos duraderos se construyen en casa, entre venezolanos y con nuestra Constitución Bolivariana como único marco de acción.

THUAREZCA JULIO / CIUDAD CCS