Micromentarios | Síndrome del sismo fantasma
Por Armando José Sequera
28/07/2026.- Desde hace poco más de un mes, es decir, desde el momento en que Venezuela se estremeció como si quisiera deshacerse de quienes la habitamos, he experimentado una sensación extraña bajo mis pies.
Ha bajado un poco su intensidad, pero a partir de los días siguientes a los terremotos gemelos del pasado 24 de junio, me ha acompañado la sensación de que, bajo mis pies, el suelo sigue moviéndose como en esa fecha.
Dicha sensación no es constante, pero sí se manifiesta de manera recurrente. Retorna cada vez que un sonido grave se produce en mis alrededores, bien sea por el paso de un camión, por la vibración que produce la nevera o por alguna puerta que el viento agita o cierra intempestivamente.
En la planta de mis pies, que permanecieron en contacto con el piso del apartamento durante los casi tres minutos que duraron ambos sismos de más de siete grados en la escala modificada de Mercalli, se recrean imaginariamente las sensaciones propias de los terremotos.
Obviamente, no es algo voluntario. Ocurre sin que yo lo invoque o lo desee.
Como he oído y leído que otras personas están padeciendo lo mismo que yo, he buscado información en Internet y me he topado con una respuesta que me ha parecido adecuada.
En la página Contrapunto.com describen muy bien lo que siento al señalar que no se trata de una enfermedad física, sino de "una respuesta adaptativa y psicológica ante un trauma agudo severo. Quienes lo padecen experimentan la sensación vívida y repentina de que el suelo está vibrando, balanceándose o hundiéndose, a pesar de que los sismógrafos marquen una calma absoluta".
Tal cuadro psicológico existe y ha recibido el nombre que da título a esta nota. Se trata del síndrome del sismo fantasma.
Supongo que dicha denominación tiene su punto de partida en lo que padecen las personas que han perdido alguna de sus extremidades, cuando expresan tener sensaciones de dolor o picor como si su brazo o pierna amputados aún estuviesen presentes.
La página citada tres párrafos antes apunta que dicho trastorno "es una distorsión perceptiva en la que el sistema vestibular, encargado del equilibrio en nuestro oído interno, permanece en un estado de hiperalerta", debido al muy fuerte trauma de haber experimentado dos enormes terremotos en escasos minutos.
No nos hemos precipitado en la demencia, como seguramente hemos llegado a pensar, ni somos pocos los que todavía sentimos que varias veces al día la tierra se mueve o vibra bajo nuestros pies.
He hecho esta nota para tranquilizar a quienes, como mi esposa y yo, a cada rato advertimos nuevos temblores o, al menos, el rumor ronco de la tierra cuando esta comienza a estremecerse.
Es verdad que se han producido desde el pasado 24 del mes anterior hasta ahora más de mil quinientas pequeñas réplicas, pero, aparte de tales movimientos sísmicos, nuestro cuerpo sigue temiendo nuevas sacudidas.
Y lo peor: las percibe, ocurran o no.
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