Caracas, 11 de julio 2026
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Caracas: una hechicera inolvidable | Israel, infame, 17 años no bastan

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Por José Antonio Ramírez 

11/07/2026.- Los dos movimientos telúricos del 24 de junio marcaron un punto de inflexión en la psiquis colectiva del pueblo de Venezuela. La tragedia convertida en dolor supremo borró de un plumazo la expectativa de consolidar la soberanía de un país, ávido de justicia social, política, económica y de reparo en su memoria histórica.

Los próceres y heroínas —liderados por el más insigne guerrero: el Libertador Simón Bolívar, con 450 batallas a cuestas, de las cuales solo perdió 27 (según reportaje de la BBC de Londres)—, acompañados de negros, indígenas, pardos y blancos, se dieron la tarea de otorgar la independencia a cinco países hasta librarla del yugo español.

Todo ese inmenso esfuerzo de luchar por la independencia y soberanía se fue al carajo; cuando observamos con desparpajo un pequeño contingente de asesinos, violadores, pedófilos, genocidas, hablando a boca llena de paz y auxilio a la nación bolivariana, desde la comodidad del lobby del Hotel Lido en el municipio Chacao de Caracas.

Su bandera, la de Israel, reivindica la limpieza étnica de una cultura que alcanza 4 mil años de antigüedad, así lo establecen estudios antropológicos: Palestina. Tierra insigne donde encontramos referencias a su existencia en anaqueles de sumerios, egipcios, persas y griegos.

La Franja de Gaza durante mil días ha sido convertida en un cementerio, con 65.000 muertos, de ellos el 30% está compuesto por niñas, niños, mujeres y ancianos, como denunció la Media Luna Roja y Cruz Roja Internacional. Benjamin Netanyahu, primer ministro, desató su ira por la avaricia de hacerse con esas tierras y borrarlos del planeta.

Todas sus edificaciones fueron bombardeadas, sus servicios públicos hechos trizas. Los palestinos deben luchar hoy por conseguir agua y alimentos, ni hablar de electricidad y menos de los hospitales desaparecidos hasta sus cimientos. Las escuelas y universidades se convirtieron en objetivos y la población civil en sus principales enemigos.

Ahora los sionistas, sí, esos mismos que han cometido el mayor genocidio transmitido en vivo, televisado por mass medias y redes sociales, se presentan en Venezuela con su cara muy límpida para darnos lecciones en construcción de viviendas y ciudades inteligentes para el mayor disfrute de todos los guaireños… ¡Blasfemia!

Bajo el eufemismo de “asistencia humanitaria y expertos en evaluación estructural”, encabezada por el diplomático Yoed Magen, uno de sus integrantes, quien es miembro activo de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), fue a supervisar in situ los despojos, ruinas y desastres producidos por ambos temblores. 

En rueda de prensa, estos sionistas informaron sobre sus prometedores planes a corto, mediano y largo plazo, los cuales calificaron de “tres fases” en la zona costera de La Guaira, trayendo buenas nuevas como si fueran monjas de las Carmelitas Descalzas.

El sarcasmo no puede ser mayor y sobreviene entonces la pregunta obligada: ¿Qué demonios tienen que hacer estos genocidas en nuestro digno país? ¿Cómo se atreven siquiera a hollar nuestro suelo sagrado?, luego que el comandante eterno, Hugo Chávez Frías, rompió relaciones diplomáticas con Israel hace 17 años.

Si hay algo que debe caracterizar a un periodista es su ética e integridad al momento de ejercer su labor. Sin duda, en Ciudad CCS, hemos hecho gala de ello con información veraz y oportuna, pues fue el propósito fundamental desde su fundación para contrarrestar la desinformación y manipulación mediática de oscuros intereses políticos y económicos.

Ahora las y los venezolanos observamos con profunda preocupación como el Mossad (servicio secreto de Israel), soldados de las FDI y “representantes corporativos” nos aconsejan sobre un desarrollo habitacional adecuado en la costa, aunado, por supuesto, a la incorporación de cadenas hoteleras que impulsarán la economía local.

La tragedia es doble. La pérdida de familiares, amigos y seres queridos, destrucción total de la infraestructura, saturación de suelos, desconexión de telefonía móvil, internet y servicios básicos han despojado a nuestro pueblo de toda esperanza. Sin embargo, la solidaridad, empatía y resiliencia que nos caracteriza nos empuja a echar pa´lante.

Hoy madres, tías, primas, sobrinas, hijas, amigas son nuestra mayor fuente de inspiración en una sociedad donde el matriarcado se hace presente en el día a día en hogares venezolanos. Los hombres nos insuflamos de coraje, valor y honor para luchar a su lado y construir juntos el país que todos, por igual, queremos para nuestro futuro.

Pero que no les quepa ninguna duda, soberbios judíos sionistas, esta es la tierra de Bolívar, Sucre, Negro Primero, Guaicaipuro, Tiuna, Manuela Sáenz, Negra Matea, Juana, La Avanzadora. No dudaremos un segundo en hacerlos polvo si se atreven siquiera a repetir con ardid jurídicos, corrupción, coimas con funcionarios y burocracia su vil plan de hacerse de nuestros recursos.

Muy bien lo sentenció nuestro comandante eterno: “Bastante tierra hay aquí, bastante llano hay aquí, bastante montaña hay aquí, bastante desierto hay aquí”. En Venezuela les recordamos de que estamos hechos los hijos e hijas de Bolívar, pues no van a repetir aquí el genocidio perpetrado por ustedes en Gaza.