Caracas, 09 de julio 2026
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ESPECIAL/La fuerza sísmica que puso a prueba al territorio venezolano

Tras 15 días, terremotos desnudan nuestra complejidad geológica ante un fenómeno inédito

Suelo, magnitud y diseño, forman parte de la ecuación detrás de los daños sísmicos. 


09/07/26.-  A dos semanas del doble sismo registrado el 24 de junio de 2026, en el centro-norte costero venezolano, el cual dejó una huella profunda y dolorosa en el estado La Guaira, más allá de las víctimas, las edificaciones colapsadas y las miles de familias afectadas, el evento abrió un debate sobre un aspecto fundamental en la gestión del riesgo, entre la magnitud de un terremoto, las características del territorio y la capacidad de respuesta de las estructuras construidas por el ser humano.

Durante los días posteriores al desastre, las redes sociales se llenaron de acusaciones, señalamientos y cuestionamientos sobre las construcciones ubicadas en el litoral central. Sin embargo, especialistas como el ingeniero civil Ernesto González,  a través de una entrevista concedida a medios de comunicación, recuerda que el comportamiento de una ciudad frente a un terremoto, raramente puede explicarse por una sola causa.

Él explica que la intensidad del movimiento sísmico, las condiciones del suelo, el diseño estructural, la calidad de la construcción, la antigüedad de las edificaciones y el cumplimiento de las normas técnicas, forman parte de una ecuación compleja que experimentó el estado La Guaira.

Un evento sísmico de gran energía

El terremoto evidenció una fuerza sismíca igual a detenocaciones atómicas. 

Los terremotos son fenómenos naturales capaces de liberar enormes cantidades de energía acumulada durante años, o incluso siglos, en el interior de la Tierra.

De acuerdo con la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), Venezuela se encuentra en una región de interacción entre la placa del Caribe y la placa suramericana, donde sistemas de fallas activas como San Sebastián, El Pilar y Boconó, generan una actividad sísmica constante.

El doble evento ocurrido el 24 de junio destacó no solo por sus consecuencias humanas y materiales, sino también por la intensidad con la que fue percibido en amplias regiones del país. Su capacidad para producir daños evidencia la enorme energía liberada durante el proceso tectónico.

La ministra Gabriela Jiménez explicó con base en investigaciones del año 2003, sobre cómo reacciona la tierra a los movimientos tectónicos, realizadas por el geofísico Friedemann T. Freund, quien señala que los terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 registrados en el país, liberaron una energía equivalente a la explosión de millones de toneladas de explosivos o a cientos de bombas nucleares.

El primer sismo equivalió a 63 bombas atómicas, como la de Hiroshima, mientras que el segundo, ocurrido menos de un minuto después, alcanzó un equivalente cercano a 178.

Estos análisis nos ayudan a comprender la fuerza de los procesos naturales y la severidad de los daños registrados en el estado La Guaira.

¿Qué ocurrió en nuestras estructuras?

La expansión en el litoral se enfrenta a un veredicto científico ineludible: La geología de la región impone restricciones constructivas. 

Este fenómeno sísmico provocó fuertes sacudidas consecutivas. El primer terremoto pudo haber generado grietas, deformaciones y debilitamiento en columnas, vigas y muros. Cuando llega el segundo movimiento, la capacidad de resistencia del edificio ya se encuentra reducida, aumentando el riesgo de colapso.

Eventos como el terremoto de Niigata (Japón) en 1964, evidenció que complejos de apartamentos diseñados con excelente ingeniería sismorresistente, se volcaron enteros hasta quedar acostados en el suelo 45 grados, porque el terreno se licuó. Esto explica que incluso edificaciones diseñadas bajos criterios de resistencia, pueden sufrir daños cuando son sometidas a movimientos extremadamente severos, especialmente si coinciden otros factores asociados al suelo y a las características propias de cada estructura.

Un territorio construido sobre una realidad geológica compleja

Especialistas advierten que un sismo no se explica por una sola causa estructural.

La Guaira se encuentra en una de las regiones más influenciadas por la dinámica tectónica del país. Su geografía está marcada por una estrecha franja costera, donde la Cordillera de la Costa desciende abruptamente hacia el mar. Esta configuración ha dado origen a extensos depósitos aluviales, formados durante miles de años por materiales arrastrados desde las montañas.

Durante el II Congreso Venezolano de Geociencias, realizado en 2023, investigadores presentaron el estudio "Microzonas sísmicas preliminares del estado La Guaira", elaborado por Leandro García, Freddy Rondón, Noel Crasto y Michael Schmitz, con apoyo de Funvisis y la Universidad Simón Bolívar.

Los autores señalaron que áreas como Caraballeda y Macuto, presentan condiciones que favorecen fenómenos de amplificación sísmica, es decir, que un terreno compuesto por capas profundas de arena, grava y sedimentos blandos, puede comportarse de manera distinta a un suelo rocoso durante un terremoto.

El ingeniero Ernesto González también señalaba el movimiento de las ondas sísmicas; de acuerdo con él, normalmente un terremoto genera una onda superior que afecta las estructuras en una dirección. Eso produce daños desde un solo eje. El evento del 24 de junio tuvo dos epicentros distintos, lo que implica que las ondas llegaron desde direcciones distintas.

El terremoto evidencia que la prevención requiere ciencia, planificación y normas técnicas.

"Cuando ves daños en forma de X en una pared, eso indica la dirección predominante del sismo en ese punto. Pero si ves esa misma configuración en dos paredes perpendiculares, te llama la atención porque significa que cada sismo actuó en una dirección distinta", explicó el ingeniero. "No fue que uno se montó encima del otro y fue por la misma carretera. No. Actuaron de manera diferente y muy seguido uno tras otro.", concluyó.

Si los sedimentos se encuentran saturados de agua, puede producirse el fenómeno conocido como licuefacción, en el que el suelo pierde temporalmente su capacidad de soportar cargas y comienza a comportarse como un líquido. Cuando esto ocurre, las edificaciones pueden hundirse, inclinarse o desplazarse, comprometiendo la estabilidad de las estructuras. Por esta razón, el impacto final de un sismo depende tanto de la energía liberada por el fenómeno, como de la forma en que cada tipo de suelo responde a esa energía.

La lección que deja el doble sismo

La tragedia demuestra que la prevención no comienza cuando ocurre un desastre, sino mucho antes en su planificación urbana.

Esta tragedia nos demostró de la manera más dolorosa, que la naturaleza puede superar las previsiones humanas y poner a prueba incluso los sistemas mejor preparados.

La discusión no debería limitarse exclusivamente a identificar qué edificaciones resistieron y cuáles colapsaron, sino que invitarnos a reflexionar sobre cómo mejorar los estudios geológicos, actualizar permanentemente las normas de construcción, fortalecer la supervisión técnica y consolidar una cultura preventiva capaz de enfrentar eventos de gran magnitud.

Venezuela cuenta con instituciones científicas, universidades, organismos especializados e investigadores, que durante décadas han estudiado la realidad sísmica del país. Los terremotos no pueden evitarse ni predecirse con exactitud. Sin embargo, sus consecuencias pueden reducirse mediante una combinación de planificación urbana, investigación científica, educación ciudadana y edificaciones diseñadas para enfrentar las complejas condiciones del territorio venezolano.

Planificar correctamente no es solo una cuestión de desarrollo urbano.

En este sentido, el ministro de Planificación, Ricardo Menéndez, señala que la planificación urbana para los nuevos proyectos habitacionales, debe fundamentarse en la seguridad del suelo, la geografía y el cumplimiento estricto de las normas de urbanismo. Enfatiza que debe ser obligatorio respetar la zonificación del territorio y evaluar técnicamente tres factores claves: La altura de las edificaciones, la densidad urbana y las características geomorfológicas del terreno, garantizando así viviendas en espacios libres de riesgo, sin descuidar el arraigo social de las comunidades.

 Esta planificación debe realizarse y tener seguimiento, sobre todo en territorios como La Guaira, donde la naturaleza ha dejado advertencias a lo largo de la historia; aprender de cada evento y transformar ese aprendizaje en acciones concretas, constituye una de las herramientas más valiosas para proteger vidas.

ARIANNA HERNÁNDEZ / FOTOGRAFÍA: AMÉRICO MORILLO Y JESÚS CASTILLO / CIUDAD CCS