Letra veguera | La agresión imperialista del 3 de enero y la pasión...
por la patria
Por Federico Ruiz Tirado/Edgar José Gil López
Llegaron los conquistadores de nuevo, pero no vinieron en carabelas de madera cubiertas de brea, ni salieron de Puerto de Palos, con petos de metal y espadas, ni trajeron baratijas para engañarnos y someternos luego: estos estaban asentados en el Caribe, en grandes buques de guerra y portaviones de hierro y acero, acechando, preparando la celada, hasta que entraron causando oscuridad, destrucción, desolación y muerte.
Guerra global
08/07/2026.- En eso las formas no cambiaron; así es siempre el imperialismo. La diferencia está en la sofisticación y el mayor poderío tecnológico de las armas y su manipulación. Con España, la conquista y la colonización sumaron tres siglos de dependencia, que acabaron en una guerra global en el continente suramericano de casi quince años.
Hoy, cuando Estados Unidos de Norteamérica nos ha agredido militarmente, ni su pretensión de dominarnos va a durar trescientos años ni vamos a tardar una década en expulsarlos del país y de nuestra América, donde están buscando instalarse a través de distintos mecanismos de posicionamiento, en particular, con la intervención directa en los procesos electorales internos de los países, hackeando sistemas de conteo de votos, asesorados por sionistas israelíes, para favorecer las candidaturas de ultraderecha.
El peso de nuestra historia suramericana
No en vano tenemos una historia, que nos pertenece, de ser un país cuyo ejército formado por el pueblo luchó y participó en la batalla de Boyacá, logrando la independencia de la Nueva Granada, hoy Colombia; en la batalla de Pichincha para liberar Ecuador; en las batallas de Junín y de Ayacucho, para la emancipación del Perú; en la batalla de Carabobo, por Venezuela; además, en la creación de Bolivia y de la unión gran colombiana, que perduró hasta la muerte del Libertador y que se dividió, precisamente por la ambición de poder de los grupos que se han entregado, obedecen y le sirven todavía hoy a los intereses geopolíticos de la doctrina de América para los americanos, a la que hay que anteponer: Suramérica para los suramericanos. Esa es nuestra América.
La diplomacia de la pistola puesta en la cabeza
Después de la agresión militar del 3 de enero de 2026, que constituyó una declaración de guerra de facto, por la vía de los hechos, incluso no solo violatoria del derecho internacional, sino del propio derecho interno de Estados Unidos, donde se requiere la autorización del Congreso para declarar una guerra; a diferencia de lo ocurrido, de que Venezuela, “con una pistola puesta en la cabeza”, aceptara normalizar y fortalecer los canales diplomáticos, cuando siempre ofreció una relación de igualdad y de respeto; lo que ha debido proceder era mantener la ruptura de la relación, ya que el restablecimiento de la misma tenía que hacerse para exigir una condena por parte de la ONU, la firma de un tratado de paz y no agresión, e indemnización de los daños causados.
Del multicentrismo y la pluripolaridad y de los acuerdos de asistencia militar
Ante la agresión de EE. UU., valiéndose de su condición de potencia militar poseedora de armas nucleares, Venezuela ha debido invocar el discurso sostenido del multicentrismo y la multipolaridad e invocar los acuerdos geopolíticos suscritos con China y Rusia de asistencia militar y permitir el ingreso de tropas que viniesen a contribuir con el sostenimiento de la libertad, la independencia y la soberanía, así como Venezuela lo hizo cuando combatió en diversas colonias españolas para obtener y asegurar la independencia de ellas; lo cual es distinto a permitir la instalación de bases militares y la presencia de tropas extranjeras paseándose por distintas regiones del país, a la cabeza de empresarios haciendo balances sobre las conveniencias o no de hacer sus inversiones en actividades como los hidrocarburos y la minería, previo el aseguramiento de todas las ventajas y garantías de que podrán realizar sus extracciones de todo tipo, con fueros de inviolabilidad e inmunidad en caso de que cometan delitos, como durante años ha ocurrido en Colombia, incluso en casos de violaciones de menores.
Ya llegará el momento de la demanda de nulidad de todos los actos legislativos presentados, discutidos, sancionados y publicados bajo la presión de “la pistola puesta en la cabeza”, por vicios en el consentimiento, obtenido por la fuerza, el chantaje y la extorsión y con amenazas constantes y latentes de volver a atacar al país.
De la soberanía y la no intervención en los asuntos internos de los Estados
En condiciones normales, Venezuela puede tener relaciones con todos los países del mundo, Estados Unidos incluido —pues nunca nuestro país se ha negado a ello; antes, por el contrario, siempre insistió en establecer una relación con respeto a la soberanía de los Estados—, sin perjuicio de la relación con China, Rusia, India, Turquía, Europa, Cuba, América Latina toda y todo el espectro de naciones, siempre con respeto mutuo de la soberanía y no intervención en los asuntos internos de los Estados.
Los actos de operaciones militares y de policía, realizadas conjuntamente entre las fuerzas armadas de la República con tropas del ejército norteamericano, donde no se sabe a ciencia cierta quién actuó y quién manda, así como la constante presencia de altos oficiales del ejército estadounidense, pretendiendo convertir al país en un cuartel o en una base militar, requiriendo información y comunicando instrucciones a los mandos de nuestra Fuerza Armada, es inaudito, inaceptable y constituye una negación y una pérdida insostenible de nuestra condición de país libre, independiente y soberano, que pueden ir constituyéndose en precedentes de hecho con efectos jurídicos que podrían poner en cuestión la existencia formal —y por interpretación en contrario, conducir a la desaparición— del Estado y de la República. Por eso, el pueblo venezolano debe reafirmar su carácter de ejército heredero de las glorias de los libertadores en nuestra gesta emancipadora y en la independentista de la América del Sur y rechazar y exigir al Gobierno la salida formal y fáctica inmediata de las tropas extranjeras que se encuentran portando armas en el territorio de la República, conservando solo los elementos y el personal que se establece y se permite en los términos y condiciones que imponen las fórmulas diplomáticas del derecho internacional.
Esa es la respuesta que se debe dar sin más dilación, de manera terminante y categórica, a las manifestaciones cargadas de locura de Donald J. Trump, que en su enajenación se atreve a decir que este país le pertenece, que lo va a anexar a Estados Unidos, que es el dueño de nuestro petróleo, oro y demás riquezas minerales, que los va a administrar según su voluntad, amenazando con atacarnos de nuevo si es necesario; cuando en realidad es un sujeto que ha resultado la mayor vergüenza en la historia de los presidentes de Estados Unidos, despreciado por la sociedad norteamericana y por el pueblo, que lo ha visto y ha sentido cómo ha venido destruyendo los cimientos de esa sociedad, llevándola a la ruina y a la pobreza, y a la pérdida de la institucionalidad de ese país, desde donde y en nombre del cual ha llevado, aupado y fortalecido guerras y exterminios de pueblos enteros, amenazando con acabar y destruir civilizaciones enteras de la noche a la mañana.
El rol del pueblo norteamericano para evitar la catástrofe de la humanidad
El pueblo norteamericano debe reaccionar y resolver la destitución y el enjuiciamiento de Trump (aunque ya fue declarado culpable de múltiples delitos de falsificación de registros fiscales y encubrimiento de pago para silenciar a una actriz porno; un caso único en la historia de Estados Unidos en el que un presidente es condenado como delincuente-criminal en el lenguaje del derecho punitivo sajón, y que además está involucrado en el famoso y escandaloso caso de una red de pedofilia y depredadores sexuales dirigida por Jeffrey Epstein), y que junto con el apátrida cubano de Marco Rubio y el fracasado secretario de Guerra, Pete Hegseth, representan un peligro para el propio EE. UU. y la humanidad, como la versión más oscura, desalmada y criminal del imperialismo norteamericano y de las élites de las grandes corporaciones financieras y fabricantes de armas que lo gobiernan.
En fin, ese es el presidente y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, a quien obedecen los generales, jefes de comandos y secretarios que han comenzado a venir a cada rato y no quieren salir del país.
No se ofende impunemente a los hijos de la patria de Bolívar
Venezuela hoy está sometida a unas circunstancias cuya historia y espíritu indomable de su pueblo superarán. Jamás seremos Estado asociado, colonia, protectorado, tutelados, ni bajo forma alguna sojuzgados por el imperialismo norteamericano ni por ningún imperio; esa etapa la superamos hace ya más de doscientos años cuando acabamos con la dominación española.
Que seamos un país con una diplomacia de paz, constitucionalmente establecida, no significa que no vamos a defender nuestra independencia y soberanía. Así como Bolívar juró en el Monte Sacro liberar a su patria (la patria es la América del Sur) del yugo del imperio español, y Aníbal Barca juró ante su padre Amílcar odio eterno al imperio romano, el pueblo venezolano ha jurado y ratificará su juramento una y cuantas veces sea necesario, que jamás el imperialismo norteamericano ni los gobiernos y las élites económicas que lo representen podrán, a través del saqueo y la expoliación, adueñarse impunemente de nuestras riquezas y menos aún de nuestra soberanía. En eso va la vida, como lo fue en la guerra de independencia de Estados Unidos, donde Francisco de Miranda, el precursor de la independencia de Hispanoamérica, participó exitosamente a favor de EE. UU., como en nuestra guerra de independencia, en la independencia del Nuevo Mundo y en la mala hora del 3 de enero de 2026, cuando tropas norteamericanas tuvieron la cobardía de atacarnos sin previa declaración de guerra. El 15 de junio de 1813, doscientos trece años atrás, el Libertador decía: “...No se ofende impunemente a los hijos de América. (…) el solo título de americanos será vuestra garantía y salvaguardia. Nuestras armas han venido a protegeros, y no se emplearán jamás contra uno solo de nuestros hermanos”. Y por ello, si es necesario, habrá que dictar un decreto en el cual se asegure la libertad a los venezolanos, aun cuando sean culpables de favorecer la acción del enemigo extranjero, aunque en el Proyecto Constitucional de Miranda (Londres, 1808) este proponía que “(…) los que hubieren servido voluntariamente en los ejércitos contra su patria, quedarán excluidos de ella a perpetuidad”; decreto en el que se establezca también el enjuiciamiento de todo extranjero que sea capturado haciendo armas contra la República.
Las derrotas del ejército yanqui y la geopolítica mundial favorables a la soberanía de Venezuela
El país debe asimilar que el gobierno de EE. UU. viene recibiendo derrotas militares, geopolíticas y grandes y graves daños económicos, que el rechazo y mala fama en el mundo de un gobierno guerrerista y un presidente enajenado, despreciado y con un deterioro interno de su política y de los coautores de sus manejos, junto con el rechazo que reciben de millones y millones de ciudadanos norteamericanos empobrecidos, el desprecio y la deportación de inmigrantes que trabajaban y sostenían la economía y productividad del país, además del deterioro moral, mental y psíquico de grandes sectores de la población por el consumo de fentanilo y otras drogas a las que recurren como una evasión de la realidad que les toca vivir en una sociedad deshumanizada en la que el sentido de la existencia del hombre, del ser humano, es la de producir y producir para engrandecer el capital de las empresas para las cuales trabajan en condiciones de esclavitud moderna, hasta dos y tres turnos; son elementos de la fragilidad —aunque también de la peligrosidad— de un gobierno que está herido en sus entrañas y que por eso ha acudido al infame e infeliz recurso de atacarnos impunemente, cuando su fuerza en el resto del mundo se le está acabando.
Los desastres en la naturaleza inducidos como instrumento de guerra y la "ayuda humanitaria" del imperialismo
En las circunstancias antes expresadas, en las que ocurren dos sismos seguidos, el segundo en menos de un minuto después del primero, múltiples científicos y expertos en sismología y geofísica han comenzado a plantear y sostener la idea de que los terremotos se debieron a causas inducidas con altas tecnologías, mientras el gobierno de Estados Unidos pretende hacernos creer que, ante tanto daño, destrucción y muerte, han venido en nuestra ayuda, armados hasta los dientes, transportados en aviones de guerra, con ademanes de querer ejercer control militar en las labores de salvamento y remoción de escombros, todo esto bien aupado por medios de comunicación interesados; cuando hace casi seis meses atrás vinieron con las mismas tropas que nos atacaron y bombardearon con misiles y drones y nos causaron destrucción y muerte. Les faltó traer un caballo de Troya de regalo, pero, por la manera como actúan, les pareció innecesario.
¡Fuera el imperialismo norteamericano de Venezuela!
Los herederos de la patria de Miranda, Bolívar y Sucre y del pueblo que formaron el Ejército Libertador de la América meridional deben alistarse para la defensa de la soberanía. Y no sería una paradoja que en esta hora de los tiempos que vivimos hasta el propio pueblo de Estados Unidos sea un factor coadyuvante de la derrota del gobierno imperialista que pretende llevar al mundo a una catástrofe global, queriendo imponer su coloniaje en nuestra tierra para tomar de aquí la fuente de energía para mover sus máquinas de guerra.
Una interrogante
Ante todo este contexto, queda pendiente una interrogante: ¿por qué China y Rusia han guardado relativo silencio desde el 3 de enero de 2026 en adelante? ¿Acaso tienen alguna limitación que está sobreentendida? ¿O es una inhibición propia causada por algunas conductas tácitas o manifiestas y subyacentes en la conducta del gobierno del país?
El pueblo tiene la palabra: ¡Fuera el imperialismo norteamericano!
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