Caracas, 03 de julio 2026
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Aquí les cuento | Agárrese fuerte

Por Aquiles Silva

La amistad verdadera no tiene fecha de vencimiento.

Robert de Jesús Benítez Amores

03/07/2026.- En la vida hay momentos tan hermosos como el nacimiento de un hijo y como los amores que lo propician; también el disfrute de la naturaleza, los viajes o el buen comer, hermosos placeres entre otros que nos ofrece la existencia.

Por ejemplo, la amistad verdadera, a decir de un hermano cubano, "no tiene fecha de vencimiento".

En los momentos difíciles, cada uno de nosotros echa mano de todo su repertorio de recursos para asirse con fuerza a lo que tenemos: la existencia. Es ahí cuando descubrimos las verdaderas capacidades con que contamos para resolver los inconvenientes y salir airosos, en la medida de lo posible, de cualquier contingencia que se nos presente.

El terrible terremoto que azotó Venezuela, con mayor furia en La Guaira y Caracas, ha dejado un sinfín de dolores, angustias e incertidumbre en la población. Cada uno de los habitantes de estas dos ciudades, y quienes en estas se encontraban en tránsito, padecimos la violenta descarga de energía letal con que la tierra, en sus procesos de reacomodo, liberó a la superficie con inconmensurable fuerza.

Los sobrevivientes —que por fortuna fueron la mayoría de los habitantes del país— inmediatamente se volcaron, y continúan haciéndolo, a ofrecer sus manos, su aliento, su capacidad de movilización y recursos de todo tipo para socorrer a los afectados directos del desastre y apoyar a quienes han perdido familiares, amigos y vecinos.

Los venezolanos, una vez más, están mostrando la infinita capacidad de amar que caracteriza a este pueblo de gente luchadora y amante de la paz.

Este viejo narrador se encontraba aquel miércoles 24 en la ciudad capital. Desde entonces ha permanecido ahí, tratando de dar un poco de su energía para sosegar los golpeados corazones de los niños y adultos que quieren compartir con él sus impresiones y la historia de aquel minuto que parecía no tener fin la tarde del día de San Juan.

El gobierno ha desplegado toda su capacidad organizativa y compromiso en los espacios donde el desastre impactó con menor y mayor violencia. De igual modo, muchos países del mundo han enviado ayuda material y humana para contribuir a la atención de la emergencia.

Los refugios, en parques, avenidas, escuelas y otros espacios, están saturados de voluntarios, de oficiales, de vecinos y vecinas que, dejando de lado las diferencias ideológicas, credos religiosos o políticos, están brindando lo mejor de sí para que los afectados de manera directa por la calamidad no se sientan abandonados a su suerte.

La experiencia de acudir a los refugios a contar cuentos ha sido muy fuerte.

Las narradoras y narradores de cuentos, agrupados en la Red Nacional de Narradores Orales, permanecen acompañando a los refugiados. Los niños, más numerosos que los adultos, demandan permanentemente la golosina de la fantasía, y los fabuladores la entregamos con amor a todos ellos.

Es evidente la carga de afecto que fluye en todas direcciones cuando la magia de la palabra toma los espacios donde los niños están reunidos y esperan sin entender la magnitud de la tragedia, con el amor multiplicado de todos los adultos. Padres, hermanos, vecinos, funcionarios, voluntarios, recreadores, narradores, maestros, pintores, teatreros y artistas diversos van a dar de lo suyo, en este preciso momento, a quienes más lo necesitan.


Testimonios

"Yo soy Ana Lupo. Estaba en la pensión 101 de la esquina de El Muerto. Ahí mismo estaba. Me encontraba con mi esposo mirando la televisión y de repente todo empezó a caerse. La gente empezó a gritar. A una señora de otra habitación le cayó una pared encima y le rompió una pierna. Mi esposo y otros vecinos ayudaron a sacarla. Después no podíamos salir de la pensión porque la reja de la entrada tenía un candado, ya que algunos vecinos tienen motos adentro y tienen miedo de que se las saquen de noche. Entonces apareció la llave, pero el hombre que la tenía temblaba mucho y se le caía de las manos. Como pudo, abrió y salimos a la calle.

Vimos algunos edificios y otras casas viejas del sector bastante afectadas. El edificio de al lado estaba cuarteado y recostado de otro, y aunque la pensión, gracias a Dios, no se derrumbó, preferimos huir y dejar todo eso atrás".

"Yo soy Vianna Pérez, trabajadora social de la Alcaldía de Caracas, bachiller, artesana y tatuadora. Estaba con mi esposo en el mercado comprando alimentos y habíamos dejado a los dos niños solos en la casa. Nuestro apartamento está en el piso 10 de ese edificio que ves ahí".

"Mi nombre es Yusbeilis Alvarado. Tengo 16 años y estudio cuarto año en el Rafael Urdaneta.

Me había ido a hacer las uñas, pero la chama estaba ocupada. Entonces me devolví temprano a mi casa. Cuando llegué, me acosté a dormir porque estaba muy cansada. Me desperté, fui al baño y regresé a la cama cuando empezó el terremoto. Una alarma que sonó en el teléfono me advirtió. De ahí me levanté y no sé ni cómo pude agarrar las cholas y mi teléfono porque me resbalé dos veces mientras corría y el tanque de mi casa me cayó en el hombro.

Entonces busqué a mi abuela, que también se encontraba en la casa, y nos quedamos dentro, esperando que pasara todo. Vivo aquí, en el piso once de la Misión Vivienda que queda en frente".

Cada uno de los habitantes de estas ciudades venezolanas tiene una larga historia que contar de la experiencia más intensa y larga que hayamos tenido en tan solo sesenta segundos, tiempo que tardó en moverse ese gigantesco monstruo que tenemos debajo de la tierra.