Psicosoma | La retórica sofista
Por Rosa Anca
Los hombres se engañan al creerse libres, opinión que obedece al solo hecho de que tienen conciencia de sus acciones, pero ignoran las causas que las determinan; por tanto, su idea de libertad se reduce al desconocimiento de las causas de sus acciones.— Baruch Spinoza
El hombre es la medida de todas las cosas: de las que son, en cuanto son; y de las que no son, en cuanto que no son.a— Protágoras de Abdera
23/06/2026.- En la antigua Grecia, Sócrates y Protágoras fueron filósofos contemporáneos con corrientes de pensamiento opuestas. Para los sofistas, la retórica y la persuasión eran más importantes que la búsqueda de una verdad absoluta; en cambio, para Sócrates y Platón, el objetivo fundamental era encontrar esa verdad absoluta dentro del alma, por lo que acusaban a los primeros de usar falacias y de manipular el lenguaje para convencer.
En estos tiempos de aparentes cambios, seguimos atrapados en el mismo punto, con repeticiones y retóricas en campos de la cultura que nos "venden" modas conceptuales para todos los gustos, diseñadas para satisfacer sin lugar a discusiones. Así, nuestros rituales personales y procesos creativos —tan "porosos" que abarcan desde hablar y amar hasta comer y escribir— terminan sujetos a los entornos tecnológicos, sociales y espirituales del pater algoritmo, la inteligencia artificial, los eróticos chatbots y las posverdades...
Hoy todo vale y muchos prefieren arrimarse a un influencer para "existir" a juro en las redes sociales. En cuanto a la paz, recuerdo cuando gritábamos acompañando a las tías hippies, entre resacas de trova, algo de pan, tierra, hongos y hierbas aromáticas. Clamábamos por una paz en Vietnam, contra las matanzas y los "desaparecidos" en el Cono Sur, o las guerras del Oriente Medio. Ahora, las guerras están mediatizadas, convertidas en "tendencia", cargadas de nuevos horrores y crímenes etnocidas, con masacres de niños y niñas en Palestina. Realmente existen más de cien guerras activas y los movimientos por la paz parecen no darse por enterados de las matanzas de campesinos, aborígenes, migrantes, periodistas, mujeres, homosexuales o de la niñez negra y mestiza. El "King Trump" marca la pauta de los conflictos con sus diferentes niveles y matices, como ocurre con Cuba, Venezuela, Irán o Pakistán. Mientras tanto, un papa estadounidense-peruano lanza una cruzada por Europa, "abraza" a migrantes, carga a niños negros y emula los viajes del papa Francisco (bien dicen que "no hay peor cuña que la del mismo palo").
En fin, "¿quién le teme a Donald Trump?", si está "guapo y apoyado", es el padrino del Mundial de Fútbol y la pelota está en "América para los americanos", con una FIFA repotenciada con billetes verdes en medio de un supercalentamiento global y mental. Con la celebración de los 250 años de su Día de la Independencia, imagino grandes corceles, ¿o serán tal vez los potros de bárbaros atilas? En fin, "Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! / Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, / la resaca de todo lo sufrido / se empozara en el alma... ¡Yo no sé!".
Yo solo sé que la vida es una fiesta, un "baile inolvidable" y que me sostiene "solo usted con sus ojos violeta" en cada respiro. Es imposible ver al sol todos los días con acciones y sin eufemismos. Wer rastet, der rostet ("quien se relaja, se oxida").
Actualmente, se le siente más peso a la retórica sofista. Pagamos para estar "buenas, bonitas y buenotas", y eso de repensar, de buscarle la "quinta pata al gato", da pereza mental. Lo del libro Más Platón y menos Prozac ya está pasado de moda. Aburre Sócrates con su defensa de la justicia, el bien y la belleza. Él era el que impulsaba a indagar, "dar a luz", partear ideas mediante preguntas dilécticas y el método de la mayéutica. Y eso de la sabiduría y la virtud siempre da de qué hablar, al igual que esa frase eterna: "Solo sé que no sé nada".
Mi vecina, que estudió Filosofía en la universidad, tiene un perrito chihuahua que se llama Sócrates. No comparto sus ideas sobre la pena de muerte ni su orden pragmático; prefiero pensar que hacer el mal nace de la ignorancia, la influencia ambiental y la epigenética. Eso de que la justicia esté conectada con el orden del universo y el alma humana me genera interrogantes e imágenes.
Me cuenta que ama a Protágoras, para quien las leyes y la moral son meros acuerdos humanos que cambian según la época, la cultura, el lugar de procedencia y el entorno donde se viva. No existe una verdad absoluta, sino que esta depende de la percepción individual. El fin no es buscar la verdad objetiva, sino enseñar a persuadir y ganar debates, a menudo sin importar si el argumento es verdadero o falso.
Es innegable la influencia de este filósofo. Protágoras era conocido por su agnosticismo religioso: "Respecto a los dioses, no puedo saber si existen o si no existen, ni de qué forma son; pues son muchas las cosas que impiden el conocimiento, como la oscuridad del tema y la brevedad de la vida humana".
El término sofismo proviene del griego sophistes, que originalmente significaba "sabio" o "experto". Los sofistas eran un grupo de filósofos de la antigua Grecia del siglo V a. C. que enseñaban el arte de la persuasión, a menudo sin interesarles la verdad objetiva de lo que argumentaban. Hoy vivimos incomunicados en un burdel de palabras, dominados por una retórica erótica, pasional y emocional que esconde sus verdaderas intenciones y domestica a un pueblo que espera salvadores, ya sean políticos populistas, poetas lúbricos o heroínas mártires de la palabra, del discurso y de la lucha. Mientras tanto, pocos se dan cuenta de sus propios demonios y viven en eternas proyecciones y disputas. "Mis demonios" nos cocinan en profundas reflexiones éticas y autoéticas —Edgar Morin habla de las contradicciones internas y las paradojas que cada ser humano lleva dentro, las cuales son la fuente de nuestra propia libertad—.
El sofismo rinde culto a predadores, sátrapas y populistas que usan argumentos o razonamientos falsos presentados con apariencia de verdad o validez. Su propósito es engañar, confundir o defender la falsedad utilizando tácticas retóricas ingeniosas, bajo esa relatividad manipulada de que "el hombre es la medida de todas las cosas". Sin verdades absolutas ni universales, todo pasa a depender de la percepción y perspectiva de cada individuo. Se busca la persuasión en todo momento dentro del orden del discurso, en lugar de perseguir una verdad objetiva. Al contrario de los filósofos clásicos, los sofistas enseñaban a sus alumnos a defender cualquier postura y a convencer, en lugar de conectar con la reflexión del conocer y el entender para parir nuestras propias ideas...
Mientras Sócrates buscaba verdades objetivas y eternas, los sofistas promovían ideas de relativismo y subjetivismo según las cuales cada persona decide por sí misma qué es lo verdadero, lo bueno y lo bello.
Todos los espacios, lugares y momentos nos someten con dulces ideas desde el principio. Nos doblegan con planteamientos bonitos y aceitados que manipulan el lenguaje, distorsionan datos o apelan a las emociones para persuadir a las masas y ganar elecciones o debates, sin importarles la coherencia lógica. Abundan en las redes sociales los especialistas que emplean tecnicismos y buscan vacíos legales para defender posturas indefendibles o justificar acciones moralmente cuestionables.
Los politiqueros, charlatanes y artistas "salvadores" se parecen mucho cuando repiten: "Yo soy uno de ustedes contra los poderosos". Son goles para una hinchada descarriada que ve confrontaciones por todos lados, y es que el balón "polariza"... Me viene a la mente la imagen del Führer und Reichskanzler ("líder y canciller imperial") ante el triunfo del atleta Jesse Owens, a quien luego le fue peor en los Estados Unidos, con su propio presidente en campaña...
Estamos en medio de la hoguera, ¿y qué hay detrás del telón del Mundial de Fútbol? ¿Nacerán más santos, mártires o nuevas quemas de brujas y brujos? El truco del "balón espejo", con sus dioses, diosas y semidioses, nos cocina a fuego lento y divide a la sociedad en dos bandos enemigos para que la gente pelee entre sí, mientras el líder acumula poder sin resolver los problemas de fondo de estos nuevos reinados.
"Mi libertad termina donde empieza la de los demás" es una máxima que todavía nos funciona, al igual que "la libertad de elegir su propia actitud ante el sufrimiento", como nos decía Viktor Frankl, quien sobrevivió a los campos de concentración y dejó un legado que aún inspira un ápice de libertad. Aun así, creo y siento más cercana la resistencia ancestral que, con su cuido a la Pachamama y a la identidad, hace frente al colonialismo.
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