Caracas, 22 de junio 2026
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Retina | Venezuela y la izquierda

Por Freddy Fernández

@filoyborde

22/06/2026.- Fuera de nuestras fronteras, nadie está ahora al día en cuanto a lo que sucede en Venezuela. Es una sensación rara que obliga a las personas a preguntar. Sienten el vacío de la hasta hace muy poco sobresaturación informativa, mayormente falsa, que se aplicaba contra la Revolución Bolivariana.

En todas partes, todo el mundo parecía saber más de Venezuela que de la situación de sus propios países y, lo peor, sabían más de Venezuela que los propios venezolanos. Había muchos cerebros anegados de “información” sobre Venezuela.

Uno de los resultados políticos de esta intensa campaña era el aprovechamiento que de ella hacía la derecha para no hablar de sus proyectos. No hablaban de sus países o ciudades. Se conformaban con acorralar a la izquierda, acusándola de querer hacer lo mismo que se ha hecho en Venezuela, como si todos tuvieran que ocuparse de un gigantesco potencial petrolero.

La izquierda, por su parte, intentaba mantener sus campañas políticas en los temas nacionales y locales. Le preocupaba, como es natural, los problemas reales de empleo, salud, educación, impuestos y vivienda, pero acorralados en el debate sobre Venezuela, casi sin importar lo que respondieran, su discurso era transformado en una noticia referida a Venezuela.

Venezuela, Chávez o Maduro parecían ser candidatos en todas las elecciones del mundo, teniendo como desventaja el hecho de que el imperialismo estadounidense, junto con los gobiernos serviles de América y Europa, mantenía una política de ahogo a su economía, de promoción de la violencia y de desconocimiento de las instituciones venezolanas.

Algunas figuras y partidos de la izquierda empezaron a ceder y a adoptar posturas similares a la derecha. Un ejercicio de mimetismo inútil que requiere de evaluaciones individuales para determinar el grado de daño que les causó a su propia imagen política. Este cambio, percibido casi siempre como deshonesto, no les sumó nada. A algunos les restó mucho.

No fue raro que este comportamiento tuviera como efecto que el votante percibiera al declarante como pusilánime, porque no tuvo fuerza para mantener su opinión, o como oportunista, porque decir lo que cree que convenía y no lo que realmente pensaba.

Ahora nadie escucha novedades y menos sobre nuestro poder comunal, sobre nuestro esfuerzo de mayores niveles de unidad nacional, sobre nuestros reclamos para que cese la injerencia de Estados Unidos y para que desaparezcan las criminales sanciones que se aplican contra el pueblo Venezolano.