Caracas, 15 de junio 2026
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Caraqueñidad | Los 94 años de Asnoldo Devonish

El primer medallista olímpico criollo con su salto a la inmortalidad

Por Luis Martín


15/06/2026.- Si participar en unos Juegos Olímpicos es un privilegio, ¿qué significa haber conquistado la primera medalla olímpica en la historia del país? Esa es la carta de presentación de Asnoldo Devonish, garra y sagacidad, tanto dentro como fuera de los escenarios deportivos, lo que mostró al retirarse como atleta activo para continuar exitosamente como gerente y dirigente... Indudablemente, el suyo fue un salto a la inmortalidad.

Buen humor permanente en contraste con sus expresiones y mirada bronca, que, luego de intimidar, abría paso a la percepción y la aprehensión, dos de sus cualidades que lo ubicaron en la cúspide de aquella generación de oro del atletismo criollo.

Según el axioma de la biología, las funciones de los seres se resumen en nacer, crecer, reproducirse y morir: Devonish nació en cuna de deportistas, creció entre familiares deportistas, procreó una familia de deportistas y, al final, aquejado de salud, se alejó de los escenarios y de inmediato cambió de plano. ¿Otro de sus privilegios, vivir y morir en su ambiente?

Por ser hijo de Víctor Devonish, trabajador petrolero, natural de Barbados, Asnoldo tiene acceso al mundo deportivo promovido por la Shell, básicamente en el área de atletismo, ya que, además —otro privilegio—, era sobrino de José Encarnación Pachencho Romero, uno de los mejores entrenadores de la historia y hacedor de aquella excelsa generación.

Asnoldo, desenvuelto siempre en el medio deportivo, se casó con la nadadora Lina Becerra, de donde nacen Lina y Leonor, destacadas en disciplinas acuáticas, cuyas riendas condujo por largo tiempo la señora de Devonish.

¿Coincidencia o también el destino?

Nació en Maracaibo el 15 de junio de 1932, mes en el que se celebra el Día Nacional del Deporte debido a la creación del Instituto Nacional de Deportes el 22, y el día siguiente es el Día del Olimpismo. Murió el 1.° de enero de 1997. Casualmente, cinco días antes de la tradicional Misa del Deporte. Otra vez la vida y la muerte de Devonish atadas al quehacer deportivo.

Egresó de la Escuela de Comercio Guzmán Blanco como contador y taquimecanógrafo

Por sus aportes al atletismo internacional, desde todos los roles que desempeñó, el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Juan Antonio Samaranch, le otorgó la Orden Olímpica: Grado de Caballero. Sin dudas, una de sus máximas distinciones, las que, por cierto, no ostentaba, debido a su humildad.

Le gustaba contar sus anécdotas, siempre con mucho respeto y buen uso del lenguaje. Insistía constantemente en la importancia del ajedrez como formador de vida, porque, a su juicio, genera disciplina, salud, aumenta la competitividad y la capacidad de enfrentar desafíos para buscar soluciones efectivas ante situaciones difíciles. Siempre explicaba cómo un juego aparentemente pasivo conjugaba todas esas bondades.

“Sencillo, para que los cerebros funcionen, debe aumentarse la respiración celular, y eso se consigue con el trote y la doble jornada de natación, además de alimentación sana, tal como hacen los ajedrecistas de la Unión Soviética (ya desintegrada)”, repetía incesantemente en sus días de presidente del Instituto Nacional de Deportes —años 90—, sitial desde donde optó, aunque sin éxito, a la presidencia del COV.

Fue presidente fundador del Colegio de Entrenadores Deportivos de Venezuela y asesor técnico de Venezuela en varios ciclos olímpicos.

Multiatleta que, además de los genes deportivos de familia —fue primo del velocista Rafael Romero—, tenía un biotipo privilegiado para la que luego fue su especialidad: el salto triple. Aunque también fue campeón nacional en lanzamiento de martillo (37 metros); 100 metros planos; 110 metros con vallas y salto largo (7 metros 34 centímetros).

Su roce con la inmortalidad fue el 3 de agosto de 1952 al lograr en su salto triple 15.52 metros, con los que logró la medalla de bronce en Helsinki —primera presea olímpica para Venezuela—, superado por el soviético Yuri Schscherbankov con 15.98, y por su sempiterno rival, el brasileño Adheimar Ferreira Da Silva, quien con su 16.22 se adjudicó la dorada; lamentablemente, tiempo después el amazónico falleció trágicamente. Con esa actuación, Devonish refrendó lo que había hecho un año antes en los Juegos Bolivarianos, donde alcanzó la medalla dorada.

En los Panamericanos de México 1955 se quedó con la plata al saltar 16.13 metros —su mejor marca de por vida, que estuvo vigente hasta 1979— y en los Juegos Suramericanos de Cali en 1962, se erigió como monarca con registro de 15.84 y se retiró dos meses más tarde, con 31 años de edad, en el Panamericano de Sao Paulo.