Caracas, 14 de junio 2026
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Derreflexión | ¿Debemos siempre recompensarnos?

Por Isbelia Farías

14/06/2026.- Las recompensas son premios que nos motivan a seguir adelante; actúan como un pequeño motor. Cuando alguien nos recompensa por un trabajo bien hecho, sentimos satisfacción. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la recompensa no viene de afuera, sino de nosotros mismos?

Si yo siento que me he esforzado lo suficiente y me doy un premio porque considero que me lo merezco, ¿es igual de motivador que si recibiese dicho premio de otra persona?

Es cierto que no todas las actividades necesitan de una recompensa, ya que la misma acción resulta motivante cuando se trata de algo que amamos hacer y que puede ser incluso el trabajo, en algunos casos. En esta situación, la actividad es una recompensa en sí misma.

Sin embargo, a veces realizamos tareas que son tediosas o requieren un esfuerzo adicional y que merecen un premio de nuestra parte.

Las recompensas por el buen trabajo

No hace falta que esperemos a que otra persona reconozca el esfuerzo que invertimos al ejecutar una tarea y, mucho menos, que nos recompense por ello, pues esto lo podemos hacer nosotros mismos y puede ser mucho más gratificante el premio que si viniese de afuera.

Es bastante motivador iniciar una tarea que hemos pospuesto por considerarla tediosa y poner la recompensa nosotros mismos, puesto que nadie mejor que uno mismo para saber qué le gusta y qué resultará satisfactorio.

Una vez que nos damos premios con frecuencia por realizar esa tarea, crearemos un hábito. Esto puede aplicar para hacer actividades físicas, estudiar, hacer un trabajo, mantener la dieta, entre otros.

Para sentir satisfacción de verdad, necesitamos enfocarnos en la recompensa que nos daremos. No puede ser cualquier cosa.

No solo debemos enfocarnos en la satisfacción que genera la recompensa, sino en lo bien que se siente el haber logrado algo que resultaba incómodo. Es decir, al final se obtendría una doble recompensa.

La recompensa debe ser proporcional al esfuerzo que debemos invertir. Esta debe ser lo suficientemente atractiva como para motivarnos, pero no excesiva.

De igual modo, es válido ir cambiando de recompensa. No recompensarnos siempre con lo mismo porque la capacidad motivadora cesará.

Cabe destacar que el cuidado personal diario y el descanso no pueden ser una recompensa. Comer sano, descansar luego de una larga jornada de trabajo, dormir las horas necesarias son aspectos básicos y no pueden ser considerados una recompensa. Estas actividades se requieren para poder darnos buen cuidado y seguir funcionando adecuadamente, así que jamás deben ser un premio.

Tampoco es válido tomar como premios cosas que pueden terminar convirtiéndose en un problema con el tiempo, tal como ir de compras, comer, consumir alcohol u otras sustancias.

Aunque cocinar un plato preferido, darse un capricho con algo que guste o comprar algo anhelado pueden funcionar si se hace de forma continua —a modo de premio—, también pueden perjudicar la economía personal y la salud.

Podemos premiarnos a nosotros mismos porque tendrá un buen efecto en el rendimiento, pero los premios o recompensas deben variar y no deben ser perjudiciales.

Las recompensas condicionan nuestro cerebro para desear hacer más aquel comportamiento que está siendo recompensado. Si nos recompensamos luego de haber completado una semana de meditación o luego de haber practicado alguna actividad física, nuestro cerebro reconocerá que merece el esfuerzo seguir con ese comportamiento que será recompensado.

Cuando recibimos una recompensa, se estimulan varias vías en nuestro cerebro, activando el centro del placer, lo cual nos hace sentir muy bien.

Esto es lo que se conoce como el sistema de recompensas. Este sistema se puede activar por muchas cosas que van desde la comida, estar enamorado, el sexo, comprar o consumir alcohol. Este sistema puede tener repercusiones negativas si lo que buscamos es placer a expensas de nuestro bienestar, ocasionando comportamientos destructivos y adictivos.

No obstante, la idea es usar este sistema de recompensas a nuestro favor, comprometiéndonos con los hábitos saludables o comportamientos que nos ayuden a sentirnos empoderados, logrando así nuestro desarrollo personal.

Dicho sistema de recompensas lo podemos integrar a cualquier área de nuestra vida. Primero debemos escoger un hábito o comportamiento con el que deseemos comprometernos. Luego, elegir una recompensa y repetir el patrón para reforzar el efecto.

En el área del desarrollo personal, nos podemos comprometer con un nuevo hábito saludable y recompensarnos con una comida saludable fuera de casa o un tratamiento de belleza. También podemos recompensar otros comportamientos que nos permitan sentirnos empoderados, como marcar nuestros límites.

En el ámbito de las relaciones, podemos recompensar los comportamientos que sean compasivos o reflexivos, reservando una cita para disfrutar con otros.

La crianza de los hijos puede ser recompensada cuando los pequeños terminen sus tareas; por ejemplo, se les puede regalar una noche de cine en casa o un viaje a la pizzería de su preferencia.

En el trabajo, podemos llevar una lista con las tareas pendientes e ir tachando las que vamos cumpliendo. Esto brindará satisfacción. También podemos celebrar con otros nuestros logros o tareas terminadas a tiempo.

El uso de las recompensas es una herramienta efectiva para motivar comportamientos que sean saludables y agregar más alegría a nuestra vida.