Caracas, 12 de junio 2026
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Memorias de un escuálido en decadencia | Mundial

Por Roberto Malaver

12/06/2026.- ¡Goooooooool! Comenzó el Mundial de Fútbol y nosotros queremos meter un gol desde hace mucho tiempo. Hemos tenido muy malos jugadores. Sin embargo, los seguimos apoyando porque no hay más nadie. Son muy malos nuestros líderes, pero son nuestros líderes. Con gente así no se puede salir al campo de juego, pero nosotros salimos sin respetar las reglas, porque lo que nos interesa es ganar el juego como sea. Es verdad que el balón siempre ha estado en manos de la dictadura, pero ahora estamos a punto de que el árbitro nos lo pase a nosotros. Una cosa que no pasa nunca en el fútbol, que el árbitro te pase el balón, pero en la política sí, y aquí el único árbitro que existe está gobernando en Estados Unidos, y es nuestro compañero Donald Trump, que tiene el balón en sus pies y se lo pasó a la dictadura, pero nosotros estamos haciendo todo lo posible porque nos lo pase a nosotros para meter el gol que está esperando este país para salir adelante con el equipo de la gente decente y pensante. El equipo nuestro es mejor haciendo trampas, es cierto, porque sabemos que no podemos llegar al arco legalmente, pero insistimos en llegar; por eso lo intentamos con jugadas fuera de juego, un gol...pe aquí, uno más allá, y un camino largo que baja y se pierde.

El presidente de la FIFA, el compañero Infantino, a pesar de que estamos en guerra en todas partes, logró que el compañero Trump le aprobara el Mundial y para eso le regaló la medalla de la paz de la institución; no es el Premio Nobel de la Paz, pero también tiene mucho sentido, porque el objetivo era cumplir con las mayorías fanáticas que están esperando un espectáculo como este que les haga olvidar por casi dos meses todo este peo que está pasando en el mundo, que es ancho y ajeno.

Los analistas del canal Televen, antes de que comenzara el primer juego del Mundial, entre México y Sudáfrica, decían que la FIFA había logrado una integración mundial, porque estaban 48 equipos participando y, además, era una demostración de democracia, y ni por el carajo decían que a Rusia no le permitieron participar y que, además, a un árbitro africano no lo dejaron entrar a Estados Unidos. Eso no lo dicen para no jodernos el espectáculo; nosotros sabemos que negar la realidad es la mejor forma de informar, sobre todo ahora, cuando cada uno de nosotros puede decir lo que le dé la gana por las redes sociales.

Es verdad que el fútbol es un negocio redondo, como el balón, pero nos entretiene, y eso es lo que hace falta, entretenimiento; afortunadamente, el capitalismo popular, el nuestro, nos da lo que nosotros queremos, y eso es para agradecer. En cambio, hay otros que dicen, como el chavista Maradona, que la FIFA es una mafia, y muchos lo apoyan porque no son capaces de entender que detrás de todo está la satisfacción de ver a los pueblos felices porque están pegados a la pantalla celebrando a sus equipos cuando ganan o pierden.

El papá de Margot estaba viendo el juego de México y Sudáfrica, y cuando México metió su primer gol, el hombre saltó de su sillón Luis XV y gritó a todo pulmón: “¡Gooooooooooooool! ¡Gooooooooooooool!”. Y se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro, que la vecina salió gritando: “Ahora eres mexicano, muérgano”. Y cuando escuchó los gritos porque México había metido el segundo gol, salió del cuarto y volvió a gritar: "¡Gooooooooool! ¡Goooooooool!”. Y se metió al cuarto y volvió a tirar la puerta y la vecina gritó: “Ahora sí me jodí contigo”.

—Cuanto más difícil es la victoria, mayor es la felicidad de ganar —me dice Margot.