Caracas, una hechicera inolvidable | Chicas fresas con alas y ácidos
Por José Antonio Ramírez
11/06/2026.- Las chicas andan alborotadas, es fin de semana. El viaje a la playa promete. Todos los gastos pagos: posada, lancha, parrilla, playita y bebidas espirituosas. Daniela confirma con Karina la hora de partida, afinan todos los detalles: outfit, sandalias, pareo, hilos, bloqueador y celulares de los chicos.
El plan es sencillo: irse de rumba, bailar, tomar, fumar, y en la mañana salir juntas a desayunar un par de arepas “sifrinas” y una malta para cada una. Así comenzará lo que creen será un viaje de ensueño con sus pretendientes en una camioneta del año, con aire acondicionado y reggae a todo volumen.
Leonel sale a buscar a Karina en su casa de Alto Prado. Ahí lo espera el papá de ella, quien le tiene estima, pues conoce de vista y trato a sus padres. Entretanto, Miguel hace lo propio con Daniela y pasa por ella en Lomas de San Román.
Todos tienen en común que estudian en la UCAB, ellos Ingeniería y ellas Comunicación Social. Se conocieron al mismo tiempo, hace 8 meses ya, compartiendo en pareja muchas salidas en común: playa, montaña, cine, helados, comida gourmet, malls y vida nocturna.
Leonel llama a Miguel para irse los cuatro en su Toyota 4Runner, chequea que todo esté listo y cancelado, previamente con la tarjeta de crédito del papá. Además, lleva consigo dólares en efectivo para prever imprevistos y números clave por si sale algún policía a molestarlos.
Sin más, la noche comienza, los cuatro van a fundirse entre el techno house, acompañado de whisky de 21 años, algunas tapas españolas (comida para picar) y buena vibra en locales del Centro Comercial San Ignacio. Al terminar la madrugada, la idea es ir a la calle del hambre en Las Mercedes y luego coger la carretera pa´ Todasana en La Guaira.
Amanece el día, son las 6 am, la visión de Karina está borrosa, Daniela, su amiga, sigue vomitando y siente su estómago apretarse contra sus costillas. Ambas se percatan que algo anda muy mal. Toman la decisión de arreglarse para buscar una farmacia y calmar el dolor.
Los chicos, en cambio, tienen previsto la vil jugada: "Vamos a drogarlas –sentencia Leonel–... así hacemos con ellas lo que nos dé la gana". Escopolamina, también conocida como burundanga, es el estupefaciente escogido por ellos, pues anula la voluntad y borra la memoria inmediata.
Las féminas salen del baño, confrontan a los hombres, les increpan querer drogarlas al descubrir que esos bandidos querían agregar la droga en sus respectivos jugos durante el desayuno. Karina, aterrada ante la situación, llama a su papá, recuerda entre lágrimas su consejo: "Hijita, cuídate mucho; tú eres una chica fresa".
El infierno se hace presente. El papá de Karina, un poderoso empresario, llama de inmediato a sus contactos y la Policía de Chacao se hace presente en el sitio. Les hacen el respectivo cacheo corporal y consiguen dos bolsitas con la sustancia alucinógena. Detenidos en flagrancia, los encierran y ponen a la orden del Ministerio Público.
El tiempo ha pasado, ellos salieron rápido de la cárcel. El dinero, poder y posición social de sus progenitores borraron todo expediente. La complicidad de jueces, fiscales y funcionarios corruptos echaron por tierra todo acto de justicia, aumentando así las estadísticas de violencia contra las mujeres en el país.
Pero la lección jamás se borró de la memoria de Daniela y Karina. Ellas comprendieron por la fuerza que no todo lo que brilla es oro y a veces dejarse deslumbrar por el “empaque” puede resultar mortal.
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