Copa del Mundo: El mejor jugador del Mundial 2026 eres tú
La "deportivización" de la consciencia goza de un consenso mundial
10/06/26.- El hincha está loco. Apenas se subió al avión y no dejaba de pensar en su llegada al estadio para constatar el ambiente que habían preparado en San Siro (Milán) para la final de la Champions League (Copa de Campeones de Europa), que jugarían al día siguiente el Valencia y el Bayern Munich.
Su vuelo se había retrasado producto de una huelga de trabajadores de la línea aérea Alitalia, de modo que había perdido algunas horas en el aeropuerto de Frankfurt. La idea de no llegar a tiempo para vivir toda la previa preparada para el acontecimiento le martillaba la cabeza. Para él es trascendente su coparticipación en el espectáculo. Si no llega a Milán va a tener una desesperada desilusión. "El fútbol está conmigo", pensó en secreto mientras apretó una especie de amuleto que escondía en un bolsillo.
Pues sí, horas más tarde él estaba ya "respirando fútbol". A su llegada se consiguió de frente con un balón inmenso decorado con el logo de la competición europea, colocado a la salida de los túneles del aeropuerto de Malpensa, en la ciudad italiana. También se percató de que el piso sobre el que caminaba era un enorme rectángulo verde que emulaba un campo de fútbol. Donde recogió su equipaje pensó: "Uff, huele a fútbol", aún sin saber lo que el destino le tenía preparado. A pocos metros se toparía con la plantilla completa del Valencia, que también había tenido retraso en su vuelo hacia Milán.
"Cañizares, Palop, Jonathan, Pellegrino, Aimar, Zahovic, Carboni, Mendieta, Baraja, Diego Alonso, Deschamps, Vicente, Kily González, Carew, Angloma, Djukic, Ayala, Angulo, Milla, Albelda, Illie y Sánchez", todos frente a mí, qué hago?", pensó con su cara rosada ante la presencia de todas estas figuras renombradas.
Aparecieron de pronto muchos como él con banderas, bufandas, bandanas, camiestas y otros emblemas de identidad. No tardaron en sonar los cánticos característicos del fanatismo. Se escucharon gritos y solicitudes de fotos y autógrafos porque la admiración a los ídolos no se hace esperar y es una fuente inagotable para la "deportivización de las consciencias". La supraidentidad solo se construye y logra su plena fuerza explosiva precisamente debido a esa distancia técnica entre el espectador-hincha y el atleta-mercancía (Yonnet,1998).
"No puedo acercarme a ellos", murmuró con todos sus sentimientos encontrados. Tenía una confusión mental entre hacer el papel de hincha o el de periodista, y de cuál era la verdadera razón por la que se encontraba en Milán en víspera de esa final futbolística. "¿Qué hago? ¿Será que le pido un autógrafo a Aimar y me olvido de entrevistas?, se preguntó. "Le pido una foto y listo", se dijo. "Pero para qué si yo no soy hincha "che" (valencianista)". Por qué tantos latidos en su corazón frente a un equipo que no es el de sus amores. La dimensión fáctica de los discursos de los medios (redes) aprovechan circunstancias y crean identidades-admiración entre el espectador y el deporte (Antezana, 2003).
Así vivimos el fútbol pasivamente. Vivimos en el fútbol, obviamente no todos lo vivimos jugándolo (en el sentido lúdico del término), pero vivimos rodeados de fútbol-espectáculo. Es más, sospecho que fundamentalmente vivimos verbalizándolo, y tras esa verbalización performativa, el espectáculo es prácticamente ininterrumpido, y sin duda, multifacético. A veces somos varios actores, nos transfiguramos, tomamos parte como árbitro, técnico, analista o como el mismo jugador. Lo cierto es que, sin el hincha, el proceso deja de ser rentable porque deja de ser mercancía.
El espectáculo no es un conjunto de imágenes sino una relación social entre personas mediatizadas por imágenes que, comprendido en su totalidad, es a la vez el resultado y el proyecto del modo de producción capitalista. Los medios negocian al espectador, lo usan en la sociedad espectacularista en la que el espectáculo ya no es más que la otra cara del dinero. No sirve no asistir a los estadios para el fútbol-espectáculo porque también está el fútbol mediático o el fútbol virtual como fenómenos de naturalezas distintas pero con múltiples sinergias (De Monagas,2003). Si no acudes al estadio, lo ves por televisión y si no lo juegas en tu pc o en el smartphone.
El deporte en su dimensión global es una fuente inexorable en el proceso de producción-mercancía-consumo. El espectador es el principal receptor y de él depende que el sistema se sostenga. El fútbol es el reflejo simbólico de la vida industrial y su símbolo perfecto (Althusser, 1969).
Así es como el hincha construye un nosotros "incluyente" con sentido de apropiación colectiva del espectáculo del cual es parte como el jugador número 12, dado que allí se representa y es representado. Cuando vive el fútbol lleva una carga emotiva importante que se traduce en pasión, identidad y simbología, lo que lo convierte en parte de la puesta en escena. En muchos casos, asume la condición de actor que no es reconocido como tal pero que goza de cierta complicidad activa. Ha deportivizado su consciencia debido a su constante hambre por el espectáculo.
SABINA DI MURO/CIUDADCCS
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