Comentarios noticiables | Lograr la paz, el desarrollo y la democracia...
es la gran tarea de los gobiernos del planeta
Por J. J. Álvarez
30/05/2026.- Para la humanidad no hay deseo más importante que alcanzar la paz. Sin embargo, buscarla en un mundo de incertidumbre resulta muy arriesgado, al actual ritmo de explotación que la lógica del imperialismo norteamericano y sus aliados pretende imponer. Estas condiciones resultan excluyentes para la continuidad de la vida en el planeta y amenazan la supervivencia de la humanidad. En este contexto, se vuelve imperiosa la necesidad de concebir la subsistencia como meta y, por lo tanto, definir los actores, medios y estrategias que construirán el camino hacia esa esperanza. La paz no debe concebirse como un sueño inalcanzable, sino como un objetivo realizable.
Los países plantean, en su mayoría, una sociedad humana de cooperación y paz, opuesta a un mundo de pura competitividad, sin regulaciones y propenso a la agresión. Se requiere una nueva racionalidad que no provenga del dominio de la naturaleza, sino de las capacidades humanas para construir una sociedad desde la lógica de lo natural renovable, dejando atrás prácticas depredadoras. Cuando la mayoría de las naciones converge en esta aspiración, es fundamental comprender la esencia de lo que está ocurriendo. Precisamente, ese deseo se observa hoy en la postura global frente a China y Rusia, lo cual representa un buen síntoma. La meta debe ser establecer el máximo de libertad para el individuo y la sociedad.
En el siglo XXI, en un mundo ahogado en información irrelevante, se nos dice repetidamente que vivimos en una nueva era de aterradoras noticias falsas y que estamos rodeados de mentiras, supersticiones y ficciones. No es difícil encontrar ejemplos: la llamada "operación Resolución Absoluta” —el operativo militar de Donald Trump del 3 de enero de 2026 para establecer la supuesta “transición segura hacia la democracia en Venezuela”— derivó en actos políticamente peligrosos que constituyen delitos internacionales. Dichas conductas muestran indicios de crímenes de guerra, cuya penalidad debe establecerse conforme al artículo 8 del Estatuto de la Corte Penal Internacional (CPI) por infracciones graves a los Convenios de Ginebra.
El pasado martes 26 de mayo de 2026, en Nueva York, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) celebró una sesión ministerial de alto nivel sobre paz y seguridad internacionales, en consonancia con el artículo 1, punto 1, de su Carta. Durante esta sesión, bajo la presidencia rotatoria de China y liderada por el canciller Wang Yi, se reafirmó el compromiso con el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, una responsabilidad que recae sobre los quince miembros de ese órgano. El Consejo es el encargado de determinar la existencia de toda amenaza contra la paz o acto de agresión, así como de recomendar o decidir qué medidas tomar para mantener o restablecer el orden (de acuerdo con el artículo 39 de la Carta de la ONU).
El deseo generalizado de paz y seguridad internacionales que existe hoy no debe buscarse al lado de Estados Unidos (EE. UU.), el Reino Unido (RU) y la Unión Europea (UE). Estas potencias no han sido capaces de subsanar las heridas de la Segunda Guerra Mundial, pues todavía las mantienen abiertas. Sus perspectivas colonizadoras han quedado empantanadas y seriamente limitadas. Son incapaces de desprenderse de su propia codicia y no saben dar cuando la situación exige desprendimiento.
Lo que espera la humanidad es que, a la vez que se reavive la necesidad de la paz, los contrincantes se decidan a deponer las armas, declarar un alto el fuego y resolver las controversias o cualquier situación que pueda poner en peligro la seguridad internacional.
La paz mundial es también esencial para Latinoamérica y el Caribe. Los significativos acontecimientos que han tenido lugar en Venezuela para impulsar un nuevo proceso de consolidación económica y reafirmación democrática están contribuyendo a profundas transformaciones en el país y en sus relaciones internacionales. Así lo ha venido planteando con claridad, seriedad y precisión la presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Eloína Rodríguez Gómez, cuyos mensajes impulsan la productividad laboral con el apoyo de la tecnología y la ciencia.
La Venezuela de hoy debe rectificar y vencer obstáculos, entendiendo que la tolerancia no es sinónimo de concesión, condescendencia o indulgencia. Ante todo, la tolerancia es una actitud activa de reconocimiento de los derechos humanos universales y de las libertades fundamentales de los demás. En ningún caso puede utilizarse para justificar el quebrantamiento de estos valores esenciales.
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