Caracas 29, de Mayo de 2026
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Memorias de un escuálido en decadencia | Panamá




Por Roberto Malaver


29/05/2026.- ¡Esta es la murga de Panamá! Pero en su versión triste. Sí sé por qué estoy triste, sí sé, mi alma llorando está. La reunión de los compañeros decentes y pensantes de la oposición en Panamá nos dejó con una tristeza de los siglos que ni te cuento. Aquello parecía un velorio. La foto de la reunión que estuvo circulando y se volvió viral en las redes antisociales era para prenderle una vela. Las caras tristes de mi gente fea estaban ahí pidiendo auxilio porque no sabemos qué hacer. El compañero pensionado Ledezma estaba enviando mensajes por su celular, a lo mejor al yerno que está preso en Argentina; el poeta del verso corto y el verso largo, Leopoldo López, estaba escribiendo los versos más tristes ese día. Y la compañera María —Súmate— Machado estaba ahí rodeada de ambiciosos políticos por todas partes.

El documento que quedó al final de la reunión todavía lo están discutiendo, porque no saben si lo firman o no lo firman, porque es tanto el desacuerdo que nadie se atreve a echarse esa vaina; solo a nosotros nos pasa una vaina como esta. Dicen que José Raúl Mulino, el presidente de Panamá, cuando se enteró de que aquello fue un fracaso cinco estrellas, dijo: "Que paguen su vaina. Yo no pago nada. Que miren a ver cómo carajo hacen. No se van a poner de acuerdo nunca. En lo único que se ponen de acuerdo es para robar”. Y le metió un coñazo a la puerta del salón oval (llamado así en homenaje al salón de la Casa Blanca) que todavía la gente en Panamá está preguntando qué carajo le pasaría al compañero presidente. A nosotros no nos han dicho nada; se comenta que algunos querían participar en las elecciones regionales y la compañera María Súmate decía que: “O son presidenciales o no son”. Y, además, ¿cómo se van a poner a discutir esa vaina si todos sabemos que el que dice la última palabra en elecciones es el compañero Trump? Así que si queremos elecciones libres y por puesto, vámonos todos a Washington y salimos marchando con pancartas hacia la Casa Blanca que digan: "Elecciones ya". O mejor escribimos: “Elecciones libres ya”.

En Panamá dimos pena una vez más; menos mal que no asistió Carlos —Tarzán— Baute para que llamara monos a los que estaban allí. Y ahora estamos más rejodidos. Llegó a Venezuela, después de diez años luchando duramente en el exilio, el compañero Léster Toledo, y lo que botó por esa boca fue candela pura. Pidió que metieran presos a todos los de la oposición que están en el exilio, por ladrones. Dijo lo que le dio la gana, hasta que se fue para Maracaibo y le dio las gracias a La Chinita por su regreso. Malagradecido que jode es el compañero Toledo.

Así que si la gente de la dictadura está arrecha porque el compañero Trump les está robando el petróleo y el oro y toda vaina rara que se le presente por delante, nosotros también estamos arrechísimos con el compañero Trump porque puso tres fases para que lleguemos al poder, y todavía no hemos empezado la primera. Así que el peo de nosotros no es con la nueva dictadora, es con el compañero Trump. No hay que olvidar que hace algún tiempo nos hizo arrechar cuando le levantó la mano al señor Enrique Márquez; aquella vaina nos dejó a todos viéndonos las caras de bolsas que no hemos perdido todavía. Era un mensaje a García (Ismael tampoco fue a Panamá) y nosotros no lo leímos porque no sabemos leer ni los mensajes.

El compañero Trump puso a la compañera María Súmate a entrar por el garaje de la Casa Blanca, y eso que le llevaba la medalla del premio Nobel de la paz, y a este carajo, que no le llevó nada, lo presenta como un gran tipo; menos mal que ya todo el mundo lo olvidó, ni siquiera lo invitaron a Panamá a morirse de la tristeza con la que se hizo esa reunión.
Cuando el papá de Margot vio la foto de la reunión de los compañeros en Panamá, llamó a Margot para que le dijera quiénes carajos eran esos tipos que estaban ahí detrás de Ledezma y Leopoldo y Delsa —barriles de petróleo— Solórzano, y Guanipa, y Margot le dijo que no sabía quiénes eran, y el hombre dijo: "Por eso es que nos joden siempre, un montón de desconocidos que viven coleándose entre nosotros para después, cuando ganemos, ocupar los mejores puestos. Nos parecemos en eso a la dictadura. Váyanse bien lejos al carajo. Estoy a punto de abandonarlos”. Y se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió aquel coñazo tan duro, que la vecina salió gritando: “No te invitaron a Panamá, muérgano”.

—El que quiera conocer a Panamá que venga, porque se acaba —me dice Margot.