Caracas 28, de Mayo de 2026
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Letra fría | Christine 2

Por Humberto Márquez 

27/05/2026.- Christine era una mujer de mundo, una muchacha veinteañera que ya había viajado mucho, por eso era reconocida en el buque Liberté que cubría la ruta de la Gare Saint-Lazare rumbo a Nueva York, en cuyo viaje se habían conocido, por lo que no era fácilmente impresionable. Pero lo que no sabía, era que el joven Vollmer, apenas estaba soltando la caballería, como un general experto en la estrategia del amor.

Por fin llegaron a Nueva York, todavía impresionados por los buenos presagios de la señora niuyorquina. Antes de continuar a Chicago, la joven Christine tenía una invitación de unas amigas de Manhattan, que estaba dudando en aceptar, pero Alberto insistió para que aceptará la invitación, pues era su gran oportunidad de llevarla a la cantidad de sitios elegantes que él conocía, el Oak Room del Hotel Plaza, el Embassy Room del Savoy Plaza, el Morocco, el Persian Room o el Trader Vics, que visitaron toditos. Así Christine fue posponiendo su viaje a Chicago.

Pero el verdadero gancho fue cuando le habló de la tía Mimí Herrera Uslar, que era toda una celebridad, amiga de Jackie Kennedy y de Truman Capote, y a quien visitaban en la Hacienda La Vega, la princesa Margarita, el príncipe de Gales, Henry Ford y el rey de Suecia. También estuvieron Rubinstein, Dalí y el príncipe Carlos, la reina Juliana, el músico Rostropovich, el rey Juan Carlos y doña Sofía. Alberto activó el gusanito de la curiosidad y le propuso llevarla al apartamento de Mimí en Park Avenue con la 72 St. Christine sabía por referencia quién era, por lo que le pareció muy atractiva la idea y aceptó.

Luego vino la andanada de clubes ya mencionados, hasta que se encontró con el presidente de la agencia de publicidad Corpa, en el Hotel Plaza donde se alojaba Luis Beltrán González, quien había sido compañero de clases de su hermano Gustavo en el Colegio San Ignacio de Loyola. Alberto le pidió a  Christine que fuera para presentarlos, y aunque no le causó mucha gracia, porque él había quedado en pasarla buscando, ella fue. Y allí tomaron un aperitivo y conversaron un rato, hasta que el amigo se despidió y tuvo que ir a tomar su vuelo de regreso a Caracas, y al rato, en plena cena, llegó un telegrama del amigo felicitándolo por haber conseguido por fin a la candidata perfecta para casarse. Cuando ella preguntó por el motivo de su sonrisa, se hizo el musiú, y la mareó con que era Luis Beltrán, agradeciendo la velada y la compañía de una dama tan fina y encantadora.

La belleza de la muchacha y detalles de su personalidad, como su sencillez y austeridad. Habiendo enviado su maleta a Chicago, al bajar del Liberte tenía muy poca ropa por aquellos días, en particular no tenía zapatos negros, solo tenía unos blancos de seda, y en vez de ir a una tienda y comprarse un par nuevo, fue a un zapatero remendón y los hizo pintar de negro, lo que al joven Alberto le causó mucha gracia.

Ya después de cinco intensos días le dice:

—Hablé con mi hermana. Mañana si me voy.

—¡Perfecto! Entonces voy a hacer las reservaciones de avión.

—¿Reservaciones?

Y el joven enamorado respondió en tono sigue creyendo que te me vas a escapar.

—¡Es que yo no conozco Chicago!

En ocasión de un viaje a Palm Beach, un 25 de diciembre para asistir el 26 a la fiesta familiar de Christine, su mamá le preguntó extrañada el motivo del viaje en semejante fecha y le dijo que iba a visitar a una joven. Al regreso ocurrió el clásico interrogatorio fraternal de las madres preocupadas, cuando le explicó cómo la conoció, la clase de muchacha que era, cómo era la familia y demás detalles para pasar el examen con honores, la mamá le hizo prometer que no la volvería a ver si no era para casarse.

Ese bonito diálogo con su mamá y el episodio con Luis Beltrán ya daban señales inequívocas del mundo de felicidad que estaba por venir. Él siempre tuvo la certeza desde aquella conversación en el puente del buque Liberté con su perrito, que lo dejó pensando toda la noche. “Ella, y no otra, era la chica”. La cadena de encuentros, desde que la conoció, auguraba la magia del amor, “todo estaba lleno de detalles mágicos y la novia no sabía que lo era. Ni siquiera sabía si el novio era soltero, casado o divorciado, pero ya había quien celebrara la unión”, que ocurriría el 22 de agosto de 1961.