Letra desatada | Certezas
Por Mercedes Chacín
27/05/2026.- Desde que la fuerza militar gringa invadió nuestro cielo y nuestro suelo el 3 de enero de 2026, la guerra cognitiva en Venezuela pasó a una fase de confirmación en la realidad: más de 100 misiles impactaron, más de cien víctimas, el secuestro del presidente Maduro y de Cilia, decenas de edificaciones destruidas y… varias certezas.
La primera es la capacidad del imperio gringo para hacer del amedrentamiento y las operaciones psicológicas un espectáculo noticioso: “Estados Unidos bombardeó Caracas”. Esta invasión fue precedida de múltiples tensiones, incluyendo la ruptura de relaciones diplomáticas por iniciativa de Nicolás Maduro el 23 de enero de 2019. Antes, en 2004, el comandante Chávez ordenó la salida de la representación militar estadounidense en el Fuerte Tiuna en mayo de 2004.
La ruptura de las relaciones diplomáticas tuvo un antecedente importante. En abril de 2015, el gobierno de Barack Obama firmó un decreto ejecutivo en el que se declaró a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria” para Estados Unidos. A estas alturas, esta aparente ambigüedad, que trajo no pocos análisis, nos confirma otra certeza: lo que se decretó fue que en el futuro esa amenaza debía terminar.
Para sorpresa del mundo y por razones de distinta índole, el pueblo venezolano resiste hasta hoy una política exterior estadounidense que incluyó distintos ataques. El más feroz: cortar todo tipo de ingreso de alimentos al país, con la colaboración sistemática de una oposición que nunca pudo actuar sin la ayuda extranjera. Varios líderes de la derecha y la ultraderecha destacaron en este conciliábulo: Antonio Ledezma, Leopoldo López, Juan Guaidó, Julio Borges y María Corina Machado. Seguiremos sumando certezas.
Acidez estomacal
La invasión del 3 de enero dejó al país (y creo que a buena parte de nuestros enemigos y amigos) en estado de shock postraumático. Desde entonces, los acontecimientos y la narrativa gringa —no olvidemos la guerra cognitiva porque es la clave de lo que nos ha sucedido en 27 años— nos han hecho consumir todo tipo de basura que algunos engullen sin darse cuenta y les gusta; otros la usan para beneficio propio; a muchos les causa vómitos e infartos estomacales, pero de cualquier modo ingerida porque el país hegemón no solo hegemoniza, valga la redundancia, por ser imperio y poseer un gigantesco complejo industrial militar, sino porque con su dominio casi absoluto de la industria cultural maneja las mentes de miles de millones de personas.
Si usted llegó hasta aquí, me alegra. Porque viene tal vez la más compleja de explicar de las certezas.
Narrativas a la carta
El pueblo venezolano, el que está adentro y el que está afuera, tal vez nunca sepa la verdad de todo este peligroso embrollo. A partir del 3 de enero, la narrativa gringa se ha visto afectada por sus propios engendros comunicacionales. Y a lo interno de nuestra patria, porque tenemos patria, aunque nuestra soberanía esté verdaderamente herida por el ejército invasor, las consignas envueltas siempre entre la lealtad y la traición, la patria ha pasado por varias etapas.
La primera empezó el mismo 3 de enero cuando, producto de la gestión diplomática que siguió a la barbarie gringa, nuestro pueblo y el presidente del ejército invasor aceptaron la legitimidad de la encargaduría presidencial. Esa certeza nos permitió y nos permite disfrutar de esta “paz”.
Siendo que veníamos de una invasión donde la traición puede ser una sospecha o, de nuevo, una certeza, la presidenta encargada, Delcy Eloína Rodríguez Gómez, cambió personajes claves para su gestión temporal que siempre ha tenido como objetivo, en primer lugar, el regreso de la pareja presidencial. Debido a la toma de decisiones que en sí mismas no han traído cambios sustanciales, algunos dirigentes del chavismo y más allá han insistido en que la presidenta encargada de Venezuela ha destruido la soberanía y la independencia, traicionando con ello al presidente Nicolás Maduro. Obviando si lo digerido no pasa de un leve retorcijón o es un infarto intestinal, la estrategia de la paz ha sido puesta en entredicho. Y con ella la libertad de Nicolás y Cilia.
La paz en la mira
Hay dos enemigos fuertes de la paz: el negocio de la guerra y la justicia. Ambos son autoexcluyentes en nuestra realidad. O se es perro de la guerra o se hace justicia. El gobierno encargado de Delcy Rodríguez Gómez tomó la iniciativa al proponer la Ley de Amnistía. En las guerras, aunque sean cognitivas, se cometen injusticias. La reforma de la Ley del TSJ y la Comisión de la Revolución Judicial son molestas para muchos. Los primeros aterrados deben ser los jueces. Muerto el perro, la rabia no es certeza.
Lo hemos dicho y escrito otras veces. El único poder intocado en la Revolución Bolivariana ha sido el Poder Judicial. Desde la decisión “plasta” que acuñó Chávez cuando el TSJ dijo que en Venezuela hubo un “vacío de poder” el 11 de abril de 2002, en lugar de un golpe de Estado, no solo los medios de comunicación quedaron en entredicho, también los magistrados de la época. La justicia penal a consulta popular.
Amnistía invisibilizada
No hay neutralidad en los medios de comunicación, tampoco en los contenidos de Hollywood, la poderosa industria cultural imperialista. Veamos qué ha sucedido con la Ley de Amnistía, impulsada por el gobierno de Delcy. Se difundió este titular: 8.740 beneficiados con la Ley de Amnistía. Ese número se tradujo en: “La dictadura confiesa que van a soltar a casi nueve mil presos políticos”. Y la verdad es que fueron excarcelados 314 desde febrero hasta hoy por distintos delitos. El resto estaba siendo “juzgado” en libertad. ¿Por qué tantos? Por el retardo procesal. ¿Por qué hay retardo procesal? Porque nuestro sistema judicial no sirve. Está corrupto. Quien tiene plata sale libre. El pobre paga la cana. Los invito a leer la infografía que acompaña este texto. Con ella, según el color de su corazón, puede construir un titular. A mí me gusta este: “Miles de venezolanos obtienen la libertad plena con la Ley de Amnistía”. Otra certeza.

Perros y justicia
Decíamos que la paz tiene enemigos: los negocios y la justicia. De los negocios o negociantes no hay que hablar mucho. Son públicos, notorios y comunicacionales. El perro mayor saliva, enseña los dientes y muerde. De la justicia sí hay que hablar, porque hay personas que no pueden ser amnistiadas. Hay que tratar de ser imparciales. Se trata de la justicia.
Tal vez la decisión (o certeza) más polémica ha sido la deportación de Alex Saab. “Nos siguen pegando abajo”. Rescato un recuerdo, que ya mencionó Jorge Rodríguez en la Asamblea Nacional, cuando hizo el balance de su trabajo para liberar a gente secuestrada, apresada sin juicio por los gringos. Fidel justificó el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa porque sus conexiones con el narcotráfico (el Cartel de Medellín, muy poderoso en la época) ponían en peligro la supervivencia de la Revolución Cubana y dañaban gravemente la moral del país. Ochoa confesó en un juicio televisado sus crímenes (1989) y exoneró a Fidel. Sí, a Saab se le colocó en un afiche comparándolo con el Che Guevara (un despropósito propagandístico, sin duda) y fue deportado a Estados Unidos.
El pueblo venezolano
El pueblo venezolano está conmovido, preocupado y en ascuas. La paz y la guerra en eterna confrontación. No se puede decir lo mismo de algunos líderes que se han dedicado a cuestionar casi todas las decisiones del gobierno de Delcy Rodríguez. No dudan. Su verdad es su estandarte. ¿La nuestra? Diplomacia bolivariana de paz, los esfuerzos que se hacen por mejorar nuestra situación socioeconómica y los queremos de vuelta. Certezas.
Nos movemos entre dos consignas: dudar es traición y prohibido olvidar. Dudar es de humanos y de humanas, por eso se me antoja que es una de las peores consignas con las que me ha tocado bregar. Olvidar es un mecanismo de defensa del ser humano para aguantar lo difícil que es vivir. La unidad se erige como estrategia para no perdernos en el laberinto que nos construyó el imperio. El desmontaje del Estado de bienestar que logramos con el comandante Chávez fue destruido por el bloqueo, no por Nicolás ni por Delcy. "Pregunto, pregunto: ¿por qué nos dividimos, si solo alegramos a nuestros enemigos? ¿Por qué nos empeñamos en aislar nuestras luchas? Las luchas que nos deben llevar a la victoria final”. Cuidado. “La patria lo reclama, la lucha es de todo el que la quiere liberada”. Se lo debemos a Chávez, a Martí y a Bolívar. En la guerra cognitiva el triunfo de la paz es una certeza. Sigamos.
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