Al derecho y al revés | Simulacro con pescado frito
27/05/2026.- Tras décadas de adoctrinamiento polarizante, entre nosotros los venezolanos abunda una especie capaz de creer que un pueblo en otros tiempos apto para liderar ejércitos que llevaron la independencia hasta la lejana Bolivia, todo lo hacemos mal.
Eso, aparte de una actitud poco constructiva y detestable, no sería grave, de no ser que la polarización hace de unos los "muy malos", y de los otros, "unos ángeles".
La vida se empeña en cada ocasión, “a la vuelta de la esquina”, como diría Pedro Navaja, de darnos lecciones en contrario.
Conozco caraqueños que se han marchado al exterior por variadas razones, hasta persiguiendo a quien es el amor de sus vidas, que han triunfado en múltiples ocupaciones.
Unos, montando areperas en lugares donde los nativos no sabían siquiera dónde queda Venezuela.
Otros, como jefes en salas de cirugía de altísima tecnología. Deportistas o gerentes de pequeños negocios a los que hacen prosperar.
Como nos enseñan las estadísticas de las Naciones Unidas, más del 80% de los migrantes, y eso son, no vuelven salvo en Navidad para llevarles alegría a los que elegimos quedarnos.
Pero llevan igual en el alma el ser venezolanos, algo único, como lo es el ADN de cada nacionalidad, y saben que nuestro país, el de ellos, ni es tan malo como pretenden quienes nos quieren ver minimizados, ni el país que escogieron para recalar y llevar sus vidas está exento de errores y problemas sin solución.
Nos recuerdan y los recordamos; no piden elecciones, sino quizás que funcione el consulado nuestro.
Nosotros tendemos a pensar con las mentes lavadas de polaridad política que la vida es distinta, que el hombre o la mujer “más mala” —si eso existe— es incapaz de hacernos un favor. Y que el ser humano “más bueno del mundo” —otro ítem inexistente— jamás nos dará una patada en la espinilla.
Por ese camino pensamos que solo en Venezuela se despilfarran los recursos hoy menguados… No es así y a la vuelta de la esquina la cotidianeidad nos lo demuestra.
Por ejemplo, el país más rico y poderoso del orbe y aún en decadencia es Estados Unidos, porque los admirables chinos tienen que repartir entre mucha más gente. En un operativo hecho a la carrera, como son los que urde el presidente de ese país, arrastrando como sociedad problemas financieros, botó recursos, sin aparentemente conseguir nada o muy poco.
Anunciaron un simulacro que en Caracas no se veía desde tiempos de la dictadura de Pérez Jiménez.
Simulacro militar, como acotó el jefe del Comando Sur, general Donovan, aunque se anunció para practicar el desalojo de la recién reinaugurada embajada.
Y desecharon, supongo, pero por complicado, el que habían anunciado para “desalojar la ciudad en caso de emergencia”.
Bien, pero uno se pregunta: ¿desalojar una sede diplomática muy bien construida, que está situada en una elegante urbanización, sobre una elevada colina, zona donde el transporte público escasea?
Dólares botados: por allí jamás se verán llegar, aun con razones para hacerlo, hordas de ciudadanos venezolanos armados de palos y machetes para echar a un embajador que hasta arepas come en el centro de Caracas.
Hay, sin embargo, quien afirma que eso fue “para meternos miedo” y uno se sorprende, ¿aaaah?
¿Meterle miedo a un pueblo al que más bien hay que frenarlo en sus impulsos, al que llegó hasta Ayacucho con el mariscal Sucre?
Si era para eso, botaron los dólares.
Tampoco fue un ejercicio militar, como suelen serlo cuando todo un general del Comando Sur lo encabeza.
Al general Donovan lo pusieron casi en pose de desfile, encabezando el grupo que bajó del primer helicóptero aterrizado en el patio de la embajada, lo cual sería un grave error si hubiera una guerra.
¡Es que si lo mata un francotirador, el operativo se queda sin cabeza!
Por lo demás, algunos soldados y oficiales bajaron cerca de Carmen de Uria, vestidos de camuflaje del que se usa en los desiertos del Medio Oriente, con armas más que largas y hasta pasamontañas, pero el calor los agobiaba y el hambre también.
Así que se fueron al Rey del Pescado Frito y yantaron de lo lindo.
Finalizo: el helicóptero era muy ruidoso, lo cual lo inutiliza en caso de guerra; más baratos y silenciosos son los drones, movilizar un portaaviones nuclear y una fragata misilística para comer pescado frito. Es derroche y la masa no está para bollos.
Nada, no somos los únicos botaretes.
Domingo Alberto Rangel
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