Retina | Asedio y rebelión
Por Freddy Fernández
@filoyborde
25/05/2026.- Abruman las evidencias de lo que está en juego en este mundo y, con todo, son enormes las dificultades para encontrar las palabras que nos hagan hablar en un lenguaje en el que prevalezca la mesura y la comprensión de las diferencias y de los puntos de encuentro.
América Latina es hoy un escenario de sueños rotos del capitalismo, pero para quienes resulte demasiado politizado este término, estoy dispuesto a hablar del fracaso de la visión económica que impera en el mundo.
El sueño roto lo demuestra la represión desmedida en Bolivia, la hipocresía del Gobierno ecuatoriano, la violencia de la ultraderecha en Colombia, el olvido mediático de las luchas populares de Honduras y Haití, el desmadre de Perú o la desesperanza de Puero Rico.
Es una lista larga de ordenación de la amargura y nos falta mencionar que esta realidad va más allá de nuestro continente, pues se puede incluir a Europa, Asia, África y hasta los propios Estados Unidos.
Estamos en un mundo de memoria muy corta, que ha decidido olvidar lo que ha aprendido de sus crisis económicas y que impone de nuevo las reglas de juego que llevaron al crack de 1929 y a las guerras mundiales.
Es una época que opta por ignorar que fueron la participación del Estado y las políticas de protección social las que permitieron el crecimiento del capitalismo.
Lejos de valorar este aprendizaje, las élites del mundo insisten en multiplicar sus propias ganancias sobre la base de la guerra y de endurecer cada vez más las condiciones de vida de los trabajadores.
Los países que optan por una comprensión económica distinta, como son los casos de Cuba y Venezuela, se ven obligados a resistir el asedio permanente de Estados Unidos y sus aliados.
Es un asedio que no solo se expresa en términos económicos, políticos y diplomáticos, también tiene una expresión muy evidente en términos simbólicos, cuya expresión más clara se plasma en las empresas de comunicación y no solo en sus noticias, pues también en los espacios de entretenimiento se colocan claros mensajes de agresión contra Cuba y Venezuela.
Bajo esta lógica narrativa, las luchas populares de nuestro continente carecerían de razones nacionales y serían el resultado de la influencia de los países asediados.
El problema es que esa narrativa no se sostiene, porque sin el deterioro de las condiciones de vida de los pueblos de la región, no habría condiciones para los estallidos populares.
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