Caracas 23, de Mayo de 2026
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Vitrina de nimiedades | Falacias del nuevo tiempo

23/05/2026.- La tecnología es uno de los hechos más humanos que podamos experimentar. Tantas cosas se resumen en cada aparato, proceso o mecanismo llegado a nuestras manos: afanes, anhelos, expectativas, disputas y un extraño deseo de mejorar el futuro. Pero ese dispositivo que parece venir del mañana también nos recuerda nuestra ignorancia. Nunca sabremos lo suficiente. O, peor aún, seremos vapuleados con cada innovación para recordarnos que aquello que sabemos hoy no nos servirá para nada en meses o años.

Desde ese desconocimiento secretamente compartido nos atrevemos a mirar al otro. Generacionalmente, nuestro juicio tecnológico les concede poderes extrasensoriales a niños y jóvenes para configurar un teléfono o abrir una cuenta en una plataforma digital. Paradójicamente, la génesis de esas herramientas está en la cabeza de hombres y mujeres que podrían ser sus padres. Entre adultos, en cambio, nos asumimos como unos eternos recién llegados, a pesar de la posición de grupos etarios que se han comportado como una bisagra entre el mundo pre y post internet.

Esas falacias, sin embargo, no permiten ver las disparidades reales en el acceso a las tecnologías digitales. Mientras la Unión Internacional de Comunicaciones (UIT) indica que casi tres cuartas partes de la población mundial tiene acceso a internet, otros estudios estiman que poco más de la mitad de los adultos mayores no sabe navegar por la web; incluso, si tienen teléfonos inteligentes, solo emplean las funciones básicas. La expansión digital tampoco se traduce en mayores habilidades para operar en ese entorno: la seguridad en línea y la producción de contenidos no son tareas dominadas por las mayorías.

Si los estudios señalan las brechas, la cotidianidad también aporta, por la vía de la experiencia, algunos indicios para desmontar esa ficción de progreso. Así como a nuestra abuela le parece insólito usar una plataforma de mensajería, a más de un joven se le vuelve un problema usar un paquete de programas de oficina más allá de las funciones primarias. Recurrir a tutoriales, paradójicamente, no es necesariamente una alternativa para el nuevo usuario de una aplicación móvil. La innovación se propaga en los dispositivos, pero no se traslada automáticamente a las capacidades de los individuos.

En un mundo cada vez más sobrepasado por las innovaciones, la humanidad corre el riesgo de quedarse atrás ante una brecha de desconocimiento imperceptible para las mayorías. Quien quiera ser cauto, quizás escoja como premisa “Todo está por conocerse”, una forma de mantenerse alerta sin caer en la locura. Otros preferirán saber lo mínimo indispensable. En estos tiempos, lo único automático es la expansión del capitalismo de plataforma.

 

 Rosa E. Pellegrino